De la colección de museo soumaya
Miniaturas mexicanas
HÉCTOR PALHARES MEZA |
CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
[…]
la
imagen y el modelo real están unidos en una correspondencia mágica.
En
este sentido [el retrato] puede retener el alma o la fuerza
vital de la persona.
Hans Biedermann
El género del
retrato ocupa uno de los sitios más importantes en la historia plástica de
occidente. En arcilla, bronce, mármol, lápiz, óleo, acuarela y otros, el hombre
ha buscado eternizar su imagen, algunas veces natural y otras
idealizada.
De igual forma, el
hecho de portar consigo la representación del otro –de la persona
amada– en un medallón por ejemplo, da cuenta de la singularidad que la
iconografía posee en el espacio privado y cotidiano.
La miniatura debe su nombre a un pigmento
de origen mineral y fue empleada en Europa por primera vez hacia los albores
del siglo xi de nuestra era. El minio u óxido de plomo –de color naranja y rojo intenso–
era necesario para las ilustraciones de los libros de coros religiosos o las
letras capitulares de un texto. Uno de los más célebres es Las muy ricas horas del
Duque de Berry, con diseños preciosistas y meticulosos
de los hermanos Limbourg, realizados entre 1411 y
1416, hoy sitos en el Musée Condé
del castillo de Chantilly en Francia. La especialista María del Carmen Espinosa
emplea el término de iluminadores para designar a los artistas que
trabajaron esta técnica durante el Medioevo y el Renacimiento, en función de
señalar la diferencia con los autores de retratos en lámina de marfil o
pergamino que aparecieron poco más tarde.
En soportes de
reducido espacio, ya en el siglo xvi,
se privilegió la representación de los monarcas y aristócratas. Se trataba de
imágenes depositadas en cajas de marfil que sus propietarios llevaban de forma
cotidiana. Así, el rostro de Enrique viii
de Inglaterra debió colgar de una cadena sobre el pecho de alguna de sus
desventuradas esposas. Nicholas Hilliard,
el más célebre de los retratistas ingleses, dedicó buena parte de sus obras a
Isabel i. En palabras de la
investigadora Ann Sumner en
Secret Passion to Noble Fashion. The World of the Portrait Miniature: […] El uso de estas cajas de retrato en miniatura, cerca del
corazón, se convirtió en un elemento popular […].
En la era ilustrada se estilizaron las
formas y diseños de la miniatura para retratar a las personas desde una óptica
más sugerente. Caso célebre es la de la princesa Carlota Augusta de Gales
(1815), del artista Simon Jacques Richard, que
conserva el Holburne Museum
de Bath, Reino Unido. Las líneas suaves y la actitud
nostálgica de la mujer dieron lugar a un nuevo estilo. Sumner
explica que: […] conforme avanzó el siglo xviii, la elaboración de la miniatura
se vio entre la sensibilidad romántica y un rol devocional
casi anecdótico.
El trabajo de estas
singulares piezas se transformó mediante el empleo de las láminas de hueso o
marfil como soporte –a diferencia de las metálicas–, y tonalidades más
transparentes y vivas gracias al uso de la acuarela y el gouache. La investigadora Carolusa González Tirado refiere que, por lo menos, el
interesado debía asistir a dos sesiones con el artista. En la primera se hacía
el diseño y en la segunda se aplicaba el pigmento en el fondo, las telas y la
indumentaria, que obtenían un brillo particular gracias a una ligera capa de
barniz. Resalta el hecho que no se delineaba con pincel sino a través de puntos
de color o del achurado, es decir, patrones de pequeñas líneas rectas,
paralelas o cruzadas. El pintor […] requería una maestría especial. El
retratista en una sesión debía entender las expectativas de su cliente,
observar con agudeza e ir materializando la esencia del individuo, apunta Eva María
Ayala Canseco.
Santuarios
de lo íntimo.
Retratos mexicanos en Museo Soumaya
El género fue
cultivado en México con notable influencia del estilo español. Al maestro
Antonio Tomasich y Haro (c.1815-1891) se le considera el
último de los grandes miniaturistas en pintura. Los trabajos de José María
Guerrero, Francisco Morales, María de Jesús Ponce de Ibarrarán
y Francisca Salazar dan cuenta de los distintos elementos que integraban a la
sociedad del siglo xix. Nobles
caballeros y distinguidas señoras, militares, monjas y personajes ilustres
pueblan el universo de imágenes enmarcadas en los medallones. Se trata, como
suscribe Guillermo Tovar de Teresa, de objetos íntimos, propios, resguardados en su pequeñez y su
escala, [que] contienen
la fuerza de la evocación o el testimonio de lo que representan.
Retrato de una dama
que porta una miniatura presenta a una
mujer de mediana edad quien luce un discreto vestido de organza,
y juego de aretes y collar aderezados con brillantes. Su rostro y contemplación
dócil refieren al ideal femenino de la época. Del cuello pende a su vez otra
miniatura en marco de latón: el busto de un gallardo personaje que muy
probablemente sea su marido o un familiar cercano.
Retrato de un militar incide en el
contenido emocional y simbólico de la miniatura, en la cual el personaje atrae
la atención del espectador con cierto aire romántico. Aunque algunos investigadores
dudan de la identidad del retratado, Eduardo Báez Macías refiere que: […] parece ser que se trata de Francisco
Xavier Mina, el héroe liberal y generoso que recogió la bandera de la
Independencia. El uniforme azul y la casaca, abierta con desenfado, es roja y
de cuello muy alto en el que se han bordado con hilos de oro unas plumas y un
sable, que era la insignia de la caballería. En este caso
aparece una inscripción en el reverso de la pintura que dice: Alabado séa el Smo. Sacra/mento del Altar en los
cielos y en la tierra y en todo lugar.
Con delicadeza el
autor anónimo retrató al general Miguel Miramón,
importante colaborador de Maximiliano de Habsburgo
durante el efímero gobierno imperial en México (1864-1867). Miramón porta el atavío característico de su rango. El
cortinaje aterciopelado y la borla que sirven de fondo resaltan la investidura
marcial. La mirada con un dejo de tristeza podría presentir su trágico
fusilamiento en el Cerro de las Campanas de Querétaro el 19 de junio de 1867.
Este delicado objeto fue posiblemente encargado por doña Concepción Lombardo,
su viuda.
En el siglo xix se impuso la moda de capturar la
imagen a través del daguerrotipo y la fotografía. Daphne
Foskett señala a este respecto: […] Cuando fue posible tener la fotografía enmarcada o colocada
en la mesa, los miniaturistas alargaron sus formatos […], pero ya perdían su intimidad y encanto y no pudieron
defenderse del nuevo método.
Sin embargo, la fuerte
presencia de la miniatura vinculada con los rostros, las expresiones, la
actitud y el juego de espejo a través de la mutua contemplación entre el que
observa y es observado, seguirá configurando, al decir de la investigadora
Raquel Barceló, […] la
presentación de uno mismo en función de las imágenes sociales del cuerpo.
Obras del catálogo
Santuarios de lo íntimo. Retrato en miniatura y relicarios. La colección de Museo
Soumaya, 2004:
[1] Anónimo
mexicano | Retrato de una dama que
porta
una miniatura | c. 1815 | Gouache sobre lámina de marfil
|
53 x 41 cm | Medallón de latón y vidrio convexo | 62
x 46 cm
[2] Anónimo mexicano | Retrato
de un militar
|
c. 1810-1815 | Gouache sobre lámina de marfil | 54 x 42 cm
|
Medallón
de bronce dorado a fuego con inscripción burilada en
su reverso y
vidrio convexo
| 68 x 52 cm
[3] Anónimo mexicano | General Miguel Miramón
|
c. 1860 | Gouache sobre lámina de marfil | 51 x 36 cm
|
Portarretrato
de bronce con restos de baño de plata y
vidrio biselado | 58 x 42 cm