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HÉCTOR PALHARES MEZA |CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
[…] Maximiliano, a tu asesino, a Benito Juárez, que cada vez que abría la boca decía
una mentira, por haberle dicho a la Princesa Salm Salm que no te perdonaría la vida
así se arrodillaran ante él todos los monarcas de Europa […].
Noticias del Imperio
FERNANDO DEL PASO |
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A CIENTO CUARENTA AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE MAXIMILIANO DE HABSBURGO EN EL CERRO DE LAS CAMPANAS DE LA CIUDAD DE QUERÉTARO, LUEGO DE UN EFÍMERO Y DESVENTURADO GOBIERNO IMPERIAL, PRESENTAMOS UN SINGULAR TESTIMONIO DE LA EJECUCIÓN DEL EMPERADOR. SE TRATA DEL PROCESO PENAL DE VICENTE LICEA, QUIEN EMBALSAMÓ SU CADÁVER Y VENDIÓ EN QUINCE MIL PESOS LA MÁSCARA MORTUORIA. |
En 1861 Benito Juárez decretó la suspensión del pago de la deuda externa de México con el fin de impulsar las reformas que su gobierno necesitaba en materia de educación, urbanismo, transportes y desarrollo del comercio. El hecho hizo posible que Francia, uno de sus principales acreedores, decretara una invasión militar en nuestro territorio justificada por su urgencia de materia prima y para hacer frente a la hegemonía estadounidense desde el país vecino.
Hacia el año de 1863 le fue ofrecido el trono imperial mexicano a los archiduques Fernando Maximiliano de Habsburgo y Carlota Amalia de Bélgica a través de una comitiva que encabezó don José María Gutiérrez de Estrada. Alfonso Miranda Márquez señala que: […] El siglo XIX mexicano se caracterizó por continuos enfrentamientos entre liberales y conservadores que trataban de imponer dos formas antagónicas de gobierno.
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Los primeros le apostaban a la modernidad de la Revolución francesa y la república norteamericana; y los segundos a la tradición, es decir, una monarquía que asimilara la herencia europea y la aplicara en el territorio recién independizado. Maximiliano pertenecía a la generación de jóvenes aristócratas europeos que simpatizaban con las propuestas del liberalismo, difundido a través de las campañas napoleónicas en el Viejo Continente. Sin embargo, [...] como soberanos, Maximiliano y Carlota eran muy diferentes: el emperador, en cuanto a negocios importantes, consultaba a sus ministros, consejeros y generales. Las más de las veces solía atenerse a sus propuestas [...] Carlota tenía todos los talentos necesarios en una futura soberana: pensamiento político, presencia majestuosa, capacidad de trabajo, entrega a las labores del gobierno, dominio del terreno social y conocimiento de idiomas [...], suscribe el especialista en el Segundo Imperio Mexicano, Konrad Ratz. |
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Anónimo Dr. Vicente Licea | Segunda mitad del siglo XIX
| Reprografía de plata sobre gelatina | 7.2 x 5 cm | Fondo CDXI
| Col. Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX
Posiblemente Vicente Licea | Los Harapos Imperiales. Episodios de la época final del imperio (detalle) | 1867 | Manuscrito
| 34.4 x 23 cm | Fondo DCCCVI-I | Col. Centro de Estudios de
Historia de México CONDUMEX |
Los tres años del imperio de Maximiliano y Carlota se mantuvieron en el vaivén de discordias políticas, contrapuntos con la Iglesia católica y un enorme desequilibrio en materia social. La catástrofe tuvo lugar a partir de 1866, año en el que Napoleón III inició el paulatino retiro de sus tropas en México. Carlota Amalia, aferrada a su investidura y para proteger a su marido, emprendió el viaje sin regreso al Viejo Continente para negociar con el emperador francés y el papa Pío IX la preservación del trono mexicano. Los hechos se sucedieron de forma violenta y vertiginosa: la avanzada de Benito Juárez hacia la capital, el apoyo negado por Francia y el Vaticano, la aprehensión y fusilamiento de Maximiliano en el Cerro de las Campanas de Querétaro en junio de 1867, la inestabilidad mental y reclusión de la emperatriz en el Castillo de Bouchout durante las siguientes seis décadas. Conte Corti apunta que: En este tiempo el espíritu perturbado de Carlota seguía todavía ensimismado en ambiciosos planes. |
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La monomanía de que la querían envenenar había cedido y ahora soñaba [...] que su marido era [...] “el soberano del universo”.
Los Harapos Imperiales describe el juicio y la estancia en prisión del doctor Vicente Licea, quien estuvo a cargo del embalsamamiento de Maximiliano I de México. Después de los trágicos sucesos que tuvieron como escenario la ciudad de Querétaro, le fueron imputados los cargos de robo y venta de los harapos que sustrajo del cuerpo exangüe del emperador: […] El desgraciado Maximiliano quedó constituido en holocausto, y nadie lo niega. El cerro de las Campanas, és hoy un altar mayor, en que los conservadores van á recordar, no sabemos que sacrificio completamente cruento […]. La denuncia fue hecha por la princesa Agnes de Salm Salm, quien aseguraba que éste había lucrado con la máscara mortuoria de yeso y las pertenencias del difunto. |

PRINCESA AGNES DE SALM SALM
Agnes Elisabeth Winona Leclerq Joy
(Swanton, Franklin County, Vermont, Estados Unidos, 1840 – Karlsruhe, Baden, Suiza, 1912) |
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Agnes de Salm Salm fue testigo de importantes episodios de la Guerra Civil en los Estados Unidos y del Segundo Imperio Mexicano. Cuando era actriz en la ciudad de Washington, conoció al príncipe católico de origen prusiano Félix de Salm Salm quien, luego de una vida licenciosa y llena de deudas de juego, había venido de Europa para integrarse a la lucha en favor de los Unionistas del norte. |
Agnes se casó con él en una ceremonia privada y sin el consentimiento de su familia, debido a que había abjurado del protestantismo. En 1866 llegaron a México para apoyar el gobierno de Maximiliano de Habsburgo y Carlota Amalia de Bélgica. Félix fue coronel de las tropas imperiales y una relación muy estrecha les unió hasta la ejecución del emperador en Querétaro. La princesa de Salm Salm había rogado a Benito Juárez por la vida del archiduque y fue célebre la respuesta que le dio el presidente: Me causa verdadero dolor, señora, el verla así de rodillas. Mas aunque todos los reyes y todas las reinas estuvieran en vuestro lugar no podría perdonarle la vida. No soy yo quien se la quito, es el pueblo y la ley que piden su muerte […]. Su marido partió rumbo al Viejo Continente y ella, tras una breve escala en Nueva York, también regresó a Europa. Ahí escribió Diez años de mi vida (1862-1872), documento de primera mano que testimonia los hechos del efímero Segundo Imperio Mexicano. |
El texto da cuenta de que el médico no recibió pago alguno por el servicio de tratar el cuerpo del emperador, el cual debía regresar incorrupto a Viena, su ciudad natal, según un acuerdo entre Juárez y la monarquía austriaca. […] Seguir de balde las prescripciones del gobierno, y momificar también de balde el cadáver, del ar/chiduque Fernando Maximiliano José, aunque no fué gratis de contrato, nó se le há compensado su trabajo…Era preciso relegar á la ignominia y al desprecio al médico embalsamador de esa pobre majestad. Por esta razón, Licea se vio en la necesidad de vender la máscara mortuoria de yeso en quince mil pesos, situación que le costaría graves penas y embargos económicos. […] Porque en efecto; la jóven princesa de Salm Salm, se ha presentado á nuestros ojos, como una antítesis, como una contradiccion casi, ya no del absurdo elemento intervencionista de una nacion del viejo Continente, en la primera del nuevo, sino como un dato de la idea imperialista, apuntando equivocadamente no sabemos qué pájina del Có/digo republicano […] La última expresión de las empresas que tuvo entre/manos la miss que nos ocupa, fué arrodillarse ante Juarez, abrazar las rodillas del presidente, interponer por todas partes sus respetos, ó sus encantos, ofrecer oro, á diestra y siniestra; todo por salvar a Maximiliano […].
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Aunque la absolución del médico se concretaría hasta noviembre de 1868, el tono del documento es apologético hacia el final: […] No hubo por parte de Licea, sino una compasion, demasiado mal comprendida, hácia aquel andrajo de carne humana, que pudo alguna vez llamarse emperador de México […]. |
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Anónimo | Ataúd de Fernando Maximiliano de Habsburgo (1832-1867) | 1867
| Albúmina | 13.8 x 9.7 cm | Fondo CDXI | Col. Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX |
La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para su identificación están subrayadas. |
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