
CRISTAL DE LA GRANJA
EL MEJOR DEL MUNDO
ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

Por iniciativa de Felipe V se fundó, en la provincia de Segovia, la Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso. El sitio anexo al majestuoso Palacio de la Granja, es actualmente sede del Museo Nacional del Vidrio. La aparición de este centro coincidió con una España deprimida asediada por el gusto francés, en un ambiente pleno de reformas derivadas de la Ilustración, mientras se olvidaba el Barroco y se afianzaba el Neoclásico.
Ante la gran demanda para cubrir los vanos de los palacios reales, el monarca y su esposa Isabel de Farnesio llamaron a Ventura Sit y Carlos Sac, dos expertos catalanes, que habían ejercido con maestría su oficio en la factoría de Nuevo Baztán. La ubicación del centro fabril era estratégica, ya que la abundancia de madera en los bosques vecinos servía para alimentar los hornos con leña. Pronto la factoría se convirtió en la más importante de Europa, entre las dedicadas a la producción de cristal plano, que incluso superó al de Bohemia. Elaboraba los mayores espejos conocidos mediante la técnica de vidrio colado de Bernard Perrot, con la que se habían realizado los de Versalles.
También surgió la necesidad de fabricar servicios de mesa, lámparas y adornos para los nuevos palacios, el de La Granja y el de Madrid, pues el viejo Alcázar se había destruido en el incendio de 1734. José de Carvajal, por órdenes del monarca español, envió emisarios a Francia para contratar maestros de soplado y labrado capaces de producir verdadero cristal al modo inglés; es decir, con la transparencia del cristal de roca y la dureza suficiente para permitir toda clase de grabados y tallados.
La calidad del cristal respondía perfectamente a la fórmula inglesa hecha a partir de óxido de plomo, y que era conocida por los maestros franceses. Hacia 1750 la producción de La Granja fue asombrosa y según los primeros catálogos, muy temprano contó con una multitud de formas que iban desde vasos hasta jarras y saleros, además de candeleros, frascos de tocador, fuentes, jofainas, cajas de tabaco, etcétera. |
El afrancesamiento de
la corte española |
Carlos II, quien por su pésimo gobierno y su inestabilidad mental se ganó el mote del Hechizado, no tuvo hijos. Nombró como heredero a su sobrino de cinco años, José Fernando, pero éste falleció en 1699. Era el último monarca de la familia real española: los Habsburgo.
Hacia fines del siglo XVII, Luis XIV de Francia y José I, emperador de Austria, comenzaron a disputarse la posibilidad de imponer a un miembro de sus familias en la Corona española. El pretendiente galo era Felipe de Anjou, nieto del Rey Sol y de María Teresa, hermana de Carlos II. En tanto, Austria deseaba en el trono a Carlos, hijo del emperador Leopoldo y Margarita Teresa, también hermana del monarca español.
El rey francés logró introducir aliados en la corte española que influyeron en la opinión del monarca y así, el 3 de octubre de 1700, dictó su testamento y declinó en favor del francés. A la muerte de Carlos II, fue proclamado, el 8 de mayo de 1701 como Felipe V llamado popularmente el Animoso. Con esta coronación comenzó el reinado de la dinastía Borbón en España. |
Indica el investigador Leopoldo Parra que en 1770 un incendio destruyó las instalaciones y los planos de la fábrica: Por decreto real se construyó un edificio de granito y ladrillo, un molino hidráulico para triturar la barrilla –planta de la cual se obtiene la sosa– y una academia de diseño […].
La historia de La Granja tiene varias etapas y en Museo Soumaya se encuentran representados los periodos más importantes. Del primero (1750-1756), sobresalen los espejos grabados al estilo Rococó o los delicados vasos de cuerpo alargado. Ejemplo de aquella época es también la bella garrafa en estilo chinoiserie [1]. Ya para 1775 se introdujo el método de dorar al fuego, muestra de ese trabajo es el fuste de este espléndido candelero [2].
A fines del siglo XVIII se produjo el afamado vidrio veneciano, con sus clásicos latticinios (hebras de cristal opaco encerradas en cristal transparente), y vidrios polícromos en unión con cristal incoloro. En el asta de la copa, se aprecian delgados filamentos, motivos finísimos en rojo, gracias a la alta concentración de oro [3]. |
Felipe V animó la transformación de España. Las Reales Fábricas de Porcelana del Buen Retiro, de Tapices y la de San Ildefonso de la Granja, embellecieron a las más celosas cortes europeas y mostraron su esplendor al orbe entero. |
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De este periodo, sobresale en el acervo un magnífico, diminuto y bien conservado juego de té, que exhibían las vitrinas en las casas de familias opulentas de Nueva España [4]. Pertenece a la peculiar variación de cristal de leche, que por los silicios lograba un tono blanquecino. Las decoraciones en oro al fuego como los roleos y la flor con pétalos en aspa, son de clara influencia francesa, repercusión del gusto de los Borbones.
La miniatura está integrada por tetera, lechera, azucarera, candelero, bombonera para las pastas y cuatro juegos de taza con plato. El calado de la base de la azucarera es muy fino, así como las aplicaciones del mismo cristal en el fuste del candelero. La disposición de las tazas y los demás objetos sobre la mesa en forma semicircular, corresponde a la tradición inglesa del siglo XVIII que fue recreada por Daniel Rubín de la Borbolla en su artículo «Los Objetos de la Vida Diaria»: […] El fuego de la vela es opuesto a la materia del azúcar y en medio los bombones y galletas dan vida al ritual de la hora del té.
En los albores del siglo XIX, el crecimiento de La Granja tuvo como efecto una demanda mayor en la tala de árboles. Esto originó un profundo malestar social en la región que, aunado a la crisis monárquica –agudizada por la invasión francesa a España–, causaron el descenso del 60 por ciento de la producción y el deterioro de su calidad. Así en 1815 comenzó la última época de La Granja. La difícil situación política y económica española hizo que las ventas cayeran, por lo que en 1833, la fábrica pasó a ser propiedad privada. De este momento data el jarrón de cristal opaco con guirnaldas azules [5]. |
Debido a que los artesanos especialistas vivían en la Real Fábrica, sin posibilidad de viajar al extranjero para evitar que mostraran en otros países los secretos de su arte, Felipe v importó mano de obra procedente de los principales centros vidrieros de Europa. Así, italianos, alemanes, ingleses, franceses y más tarde noruegos, colaboraron exclusivamente para La Granja pues, como indican las investigadoras Leonor López Domínguez y Rosa Dopazo Duran, si se les descubría intentando trabajar o haciendo trabajos para otra empresa se hacían acreedores a la cárcel y hasta a la pena de muerte.
A pesar de tales restricciones, a mediados del siglo XVIII, la Real Fábrica llegó a tener doscientos empleados de catorce nacionalidades; los más importantes fueron los técnicos alemanes, quienes introdujeron la composición del cristal de Bohemia a base de calcio y potasio. Asimismo, minimizaron el uso del minio (rojo de plomo, rojo Saturno y rojo de París) para obtener dureza y transparencia, y con ello los costos se abarataron sustancialmente y la producción fue en aumento.
Cerca de 1780 el exceso en la producción de la Real Fábrica de Cristales de La Granja le originó una crisis severa. En un intento por salvarla, la Corona promovió su exportación a gran escala rumbo a América, vía Veracruz. |

El despliegue de estos objetos fue símbolo de estatus para la sociedad española, así como para los virreinatos de ultramar. Más tarde el gusto mexicano continuó deleitándose con las formas del mejor cristal del mundo y su brillo y transparencias inspiraron versos como los de Al mar del poeta Guillermo Prieto (1818 -1897):
[…]¿Oh, promesa de bien, en tus cristales/ los átomos conservas que algún día,/ cuando la tierra muera,/ produzcan con encantos celestiales/ otra luz, otros seres, otro mundo,/ y entonces nuestro suelo/ a tus plantas, se llame mar profundo/ en que retrate su grandeza el cielo? |
Real fábrica de Cristal de San Ildefonso de La Granja
[1] Garrafa con asa | c. 1750-1756 | Cristal soplado a molde y grabado a la rueda | 35.8 x 16.7 x 11.5 cm
[2] Candelero | c. 1775 | Cristal soplado a molde y dorado al fuego| 22.6 cm | Ø: 15.7 cm de base
[3] Copa | Fines del siglo XVIII| Cristal soplado a molde, dorado al fuego, con latticinio y filamento rojo | 13.1 cm | Ø: 6 cm de base
[4] Juego de té | Fines del siglo XVIII | Vidrio soplado a molde, opaco, calado y esmaltado | Tazas, 1.2 cm; platos, Ø: 2.1 cm; jarras con tapa, 3.1 cm; bombonera, 1 cm; copa, 1.9 cm; candelero, 1.3 cm
[5] Garrafa | c. 1815-1833 | Vidrio soplado a molde, dorado al fuego, grabado y esmaltado | 26.7 cm | Ø: 11 cm
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