A CIEN AÑOS DE LA VANGUARDIA

 
A Soumaya Slim de Romero
 
TERESA DEL CONDE
 

 

Por invitación de Museo Soumaya daré brevísima de una de las más significativas, reproducidas y famosas pinturas de Picasso. Un ícono figurativo que inaugura la visión radicalmente anti-mimética en las artes del siglo XX y lo que va del XXI, pese a que su existencia se extiende a 100 años.

Conviene traer a cuento la historia del cuadro desde su origen en el num. 11 de Rue Ravignan (en el Bateau Lavoir) hasta que fue museografiado en su sede definitiva, el MoMA New York en el ahora ampliado edificio de la Calle 53, cosa que ocurrió el 24 de abril de 1939, convirtiéndose inmediatamente en atracción principal del museo fundado en 1929 y ubicado hasta entonces en uno de los ámbitos del Rockefeller Center.

Es conocida la reacción de quienes primero vieron el cuadro en el estudio de Picasso. Fueron sus íntimos amigos: Max Jacob, Guillaume Apollinaire, los hermanos Leo y Gertrude Stein, Ambroise Vollard, D.H. Kahnweiller, Fernande Olivier, la entonces amante de Picasso, quien eludió mencionarlo en sus memorias escritas más tarde y André Salmon, a quien debe su título. Picasso simplemente lo bautizó como El burdel. Ni siquiera Kahnweiller, que quedó sorprendido, se atrevió a adquirirlo. Desconcertó a todos, se dice que con la excepción de Gertrude Stein, cuyo retrato por Picasso (1906) en cierto modo es una premonición, sin dejar de ser un retrato perfectamente reconocible. Las Demoiselles [Las señoritas de Aviñón] eluden descripción, salvo por el hecho de     que tres de ellas obedecen a una misma camada iconográfica, mientras que las dos del centro acusan otra proveniencia, no relacionada con las esculturas africanas, sino con el antiguo arte ibérico. Hay estudios preparatorios a ese cuadro en Basilea, en el Museo de Filadelfia y en los Museos Picasso de Barcelona y París, además de una centena de sketches que indicarían la obsesión de su autor en esta composición, que ha sido tomada como punto de arranque del Cubismo, cosa a mi parecer equivocada si se la compara con un típico desnudo del cubismo analítico (por ejemplo Muchacha con mandolina conocida como Fanny Tellier en el mismo MoMA). De las 5 mujeres en tonos rosa, una está sentada de espaldas, pero viendo al espectador con sus ojos desnivelados y nariz de hacha. Su pose parece tomada de cierta composición de Cézanne, las otras se encuentran paradas e integran una escena en la que todos los elementos (desde luego los del fondo) están echados para adelante, incluyendo la pequeña naturaleza muerta con sandía y uvas casi al centro de la parte baja, único elemento que -según mi criterio- formará parte del vocabulario cubista. Según documentos, la tela de 244 x 234 quedó en la condición que conocemos hacia fines de julio de 1907, sin que pueda saberse (o yo no lo sé) si Picasso lo consideró terminado. Cierto es que permaneció enrollado hasta que en 1916, con todo y la Primera Guerra Mundial de por medio, un famoso modisto, Paul Poiret, prestó su centro de exhibición para una muestra organizada por André Salmon titulada L'Art Moderne en France. Allí comenzó la historia "cubista" de esa pintura, que a todas luces obedece a otro tipo de expresión, ultravanguardista en su momento, pero ajena a las investigaciones cubistas respectivamente de Picasso y Braque iniciadas casi desde entonces, no en París, sino en Horta D'Ebro y en L'Estaque, bahía cercana a Marsella, donde antes Cézanne había pintado. En la exposición de 1916 se dio crítica adversa, centrada sobre todo en Picasso. Quizá fue entonces que André Breton, de 20 años, vio Les Demoiselles.

 

Años después lo reprodujo en La Révolution Surréaliste, pero desde antes intentó que el coleccionista Jacques Doucet lo adquiriera, cosa que logró a través de arduo convencimiento en 1924, pero Doucet no lo puso a la vista en su lujosa mansión, según afirma su biógrafo: François Chapon. Cuando él murió, su viuda fue visitada por el galerista Selligman y por el presidente del MoMA, y años más tarde, en 1937, la galería Selligman, con sedes en París y New York lo adquirió. Antes del viaje trasatlántico, Picasso lo vio exhibido en Maestros del arte independiente en el Petit Palais. Lo examinó a conciencia, dio cuenta de su buen estado y remarcó su condición artística revolucionaria. Jacques Selligman lo exhibió por primera vez en Nueva York en Veinte años de la evolución de Picasso 1903-1923 cuando éste ya había pintado Guernica (1937) para el Pabellón de la República Española diseñado por José María Sert en París. Los arreglos para la venta de las Demoiselles al MoMA se iniciaron en diciembre de 1937, por la suma de 28,000 dólares y se juntó el dinero a través del legado de Lillie P. Bliss, quedando en resguardo de la galería hasta la apertura del edificio de la Calle 53. Rara vez se presta a otra institución y cuando William Rubin lo concedió al Museo Picasso de París en 1988, viajó en el mismo avión que el cuadro, según informó Mónica Bohm-Duchen, conferencista del Courtauld Institute. Todo este relato, posterior a la ejecución del cuadro, cuenta para su historia póstuma. Pero si cualquier lector quisiera recordar de memoria algunos títulos de cuadros de Picasso, éste, junto con Guernica, serían seguramente los primeros que acudirían a ella.

   Pablo Picasso | Las señoritas de Aviñón | 1907
| Óleo sobre lienzo | 244 x 234 cm
Nueva York, The Museum of Modern Art. Tomado de: Eschenburg, Bárbara,
Ingeborg Güssow, Christa von Lengerke, Volkmar Essers.
Los maestros de la pintura occidental. Una historia del arte en 900
análisis de obras
. Tomo II. Del Romanticismo a la Época Contemporánea.
Taschen GMBH, Köln. p. 569

 

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