La primera visita del entonces capitán Miramón a la casa de las Lombrado Partearroyo, se dio por el noviazgo de Romualdo Fagoaga y Guadalupe, hermana mayor de Concepción. Este segundo encuentro le permitió a Concha vivir un nuevo cortejo.
[…] Nos sorprendió esta visita e hi/simos reproches a Romualdo por haber ido á esas horas en que nuestro padre no estaba. El joven oficiál [Miramón] parecía algo cortado, pero Romualdo comensó á embromar y á contarnos varias anegdotas de su in/fancia y de los juegos y travesuras que hacia en únion de Miramon á quien conocia desde su niñez. “¿Te acuerdas, le decía, cuando hisieron en el Colegio de San Gregorio adonde estabamos, aquel terrible Drama en que tu hisiste de Rey Joas?1 ¡Cuanto te aplaudieron! ¿Que bien te caiste cuando te mataron! Luego te da/bas un tono con tus compañeros, como si fueras un verdadero Rey” –sentidamente Concha apunta: ¿seria aquello un presagio de su trágico fin?– Miramón oía todo aquello con la mayor indiferencia, y no quitaba los ojos de mi. Luego Romualdo poniendo su mano sobre el hom/bro de Miramon, se bolvió á mi, y me dijo, ¿Sabe usted concuñita, que este brabo Capitan está locamente enamorado de usted”? Yo no supe que contestar y qui[se] [tachado] cambiar la conversacion, pero Miramon me interrumpió y me dijo, “Si, Señorita, es verdad, y no crea usted que me quiero divertir con usted sino casar/me” Yo solté una solemne carcajada, y le contesté “¿Si? ¿Se quiere usted casar conmigo para llebarme á la gue/rra á Caballo, cargando en brasos al niño y en hombro al Perico? Ahora es usted capitan, cuando sea usted General, entonces nos casaremos”, Mi burlesca respuesta descontentó á Miramon, pero yo segui la broma y tomé aquello por pura chansa.2
[Ante la inesperada llegada del señor Lombardo] Romualdo se quiso ir, nosotras quisimos salir. Miramon nos detu[v]o y tranquilo esperó. Mi padre quedó sorprendido de ver en su casa un oficial á quien no conocía […] No sé lo que Miramon contestó, ni cuando acabó su visita […] Mi marido me decia barios años despues, que le habia mortificado tanto una broma sarcastica de mi Padre, que por nada del mundo se hubiera parado otra vez delan/te de él. Cuando vimos á nuestro Padre, nos lo encontramos algo serio, pero con su acostumbrada dulsura nos dijo, “Hijitas mias, cuando esten ustedes solas no me reciban hombres”. […] Pasaron barios meses sin bolver á ver á Miramón, Romualdo me hablaba de él, y me decia que yo le habia inspirado una gran pacion, pero yo no hacia el menor caso mas de año y medio sin bolverlo á ver.
Anónimo mexicano | Retrato del general Miguel Miramón | c. 1860
| Gouache sobre lámina de marfil | 73 x 56 | Medallón de plata de vidrio
| 102 x 76 | Col. José Pintado Rivero
Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón, “Capítulo II°: Mi adolecencia, Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, t. 1, 1859-1917. Colección del Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX. La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para su identificación están subrayadas.
1 Debe ser Joás quien fue el duodécimo rey de Israel (c . 798-783 a.C.) y venció en tres ocasiones cerca de Afeq al rey de Damasco, Ben-Hadad iii, de quien era vasallo. Cuando Amasias, rey de Judá, quiso escapar a su soberanía, lo venció, tomó Jerusalén y derribó sus murallas. Esta referencia de Concepción Lombardo nos remite a Atalía (o Athalie) la última tragedia escrita por el dramaturgo francés Jean Racine (La Ferté-Milon, Francia, 1639 – París, Francia, 1699). Racine había abandonado el teatro tras su nombramiento como historiógrafo del rey Luis xiv y regresó gracias a la intervención de Madame de Maintenon, quien lo convenció para que escribiera una obra bíblica para las alumnas del Colegio de Saint-Cyr, llamada Esther (1689). La representación tuvo un gran éxito, lo que le llevó a escribir Atalía. Todos los personajes fueron dotados de dimensiones éticas, ahí donde tiene cabida la crisis política.
2Debe ser chanza, hecho burlesco o hablar aparentando sinceridad cuando en realidad no se hace en serio. |