CONDUMEX EN MUSEO SOUMAYA
El pueblo a la universidad.
La universidad al pueblo…
“Letras, virtud, ciencia y experiencia”
ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN
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[…] educar quiere decir fortificar; la libertad, médula de leones, sólo ha sido, individual y
colectivamente, el patrimonio de los fuertes; los débiles jamás han sido libres. Toda la evolución
social mexicana habrá sido abortiva y frustránea si no llega a ese fin total: la libertad.
JUSTO SIERRA |
UNA HISTORIA POSITIVISTA
Fué la antigua Universidad de México, el centro en donde por más de trecientos años hicieron sus estudios, ya preparatorios, ya profesionales, los jóvenes de la Nueva España y de la naciente Re/pública […].
Así comienza La Antigua Universidad de México, manuscrito del célebre historiador y lingüista don Joaquín García Icazbalceta, que resguarda el Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX. Un testimonio del México de fines del siglo XIX, que abreva del Positivismo porfiriano y que retoma la ideología de Auguste Comte (1798-1857), filósofo y matemático francés, padre de la Sociología.
El espíritu del conocimiento científico aplicado a la vida se muestra en el apartado que García Icazbalceta dedicó a la inauguración de la Real y Pontificia Universidad de México:
Pasaron los […] primeros años de la conquista sin que los vencedores pensaran abrir es/tablecimientos de instrucción en la nueva colonia […] y no fué sino hasta 1534 ó 1535 –me atengo a los datos escrupulosamente recogidos que obran en los tomos II y III de mi “Historia de la Medicina en México”–, cuando el primer virrey don Antonio de Mendoza, y Fray Bartolomé de las Casas trabajaron […] por la creación, en la capital, del Virreinato, de una Universidad semejante á la de la metrópoli, lo que no se logró entonces; pero Mendoza persistió en su intento hasta que el Rey Carlos I de España, V del Imperio, por una real cedula que ori/ginal he tenido en mis manos, de fecha 21 de Sep/tiembre de 1551, la mandaba erigir […] para la pública enseñanza de indios y españoles.

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El autor, a través de la confrontación de fuentes documentales, buscó testimonios precisos que lograran acercar al público a los orígenes de la Academia: |
[…] en 21 de Enero –y no el 25 como quieren todos los que se han ocupado de su historia– de 1553 –y no de 1552, como dice [Lucas] Alamán ni menos 1573, que le fija [fray Agustín de] Betancourt en su “Teatro Mexicano”–, según se desprende de los libros del Archivo, que he tenido á la vista, hacía la inauguración [de la Universidad] el nuevo virrey don Luis de Velasco, verificando su apertura con las pompas acostumbradas entonces […] despues de haberse celebrado una gran función de iglesia [misa] en el Colegio de San Pablo, […] salió de allí la numerosa comitiva en dirección de la futura Universidad –que se iva á establecer provisionalmente en unas casas de doña Catalina de Montejo, situa/das en lo que hoy es esquina Arzobispado y ex- Seminario [actual calle de Moneda, junto al Nivel, primera cantina de México, a un costado de Palacio Nacional] abriendo el séquito sus futu/ros catedráticos, y las personas más notables (rezan las crónicas) “por su rango y literatura”, cerrando tan distinguido cortejo Tribunales, el A/yuntamiento y la Real Audiencia. |
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LOS MAESTROS
En los primeros años de la Universidad, la mayoría de los profesores formaban parte del clero, aunque con el paso del tiempo, la laicidad se aplicó y así los abogados comenzaron a destacar sobre todo en clases de Historia.
Los educadores, seguían una loable costumbre que ha conservando la Escuela de Medicina, obtenían sus cátedras por oposición y para sostenerla, debían solicitarlo del Rector, entregar unos apuntamientos sobre sus estudios, sus grados obtenidos y sus méritos, y, [que] si eran aceptados, enviaran á las cuatro ó cinco horas de sacado en suerte el punto, una disertación y conclusiones sobre él, conclusiones que se repartían entre los coopositores por si querían argüir algo sobre ellas. Una “Junta de Votos” presidida por el Arzobispo, era la encargada de calificarla, se buscaba en los catedráticos, se decía entonces, “letras, virtud, ciencia y experiencia”.
Ser parte del aparato docente conllevaba un gran prestigio que iba acompañado de ciertas prohibiciones, como: concurrir á determinados paseos, andar en vítores, etcétera. […] En los primeros años de la Universidad, los opositores daban á sus Jueces cenas y colaciones cuando ya se iva á votar la cátedra, práctica que se abolió posteriormente y ganada la prueba, pagaban determinados derechos, que no eran escasos. |

Joaquín García Icazbalceta | Datos de la antigua universidad de México
|Expediente manuscrito | Fondo LXXX-1 Siglo XIX, legajo 3, Colección
Adquisiciones Diversas | Colección del Centro de Estudios de Historia
de México, CONDUMEX.
LOS ALUMNOS
Durante el Virreinato, el reglamento indicaba que, para ser estudiante universitario, se necesitaba, amén de ser varón:
• Que ni el pretendiente ni sus ascendientes hubieran sido penitenciados por el santo Oficio.
• Que no tuvieran nota de infamia.
• Que no fueran descendientes de negros, mulato ó chino, morenos.
• Que no eran o habían sido esclavos.
Es importante señalar que, si bien no fue la regla, con intercesiones especiales podían ingresar los nativos americanos.

Como su etimología indica –unus, uno o integral y verto, girado o convertido– nuestra universidad ha trasformado, durante más de cuatro siglos, la mirada de estudiantes, profesores e investigadores que se incorporan a la sociedad para construirla y deconstruirla. Es un espacio que, desde sus inicios, luchó por el intercambio de las ideas, la pluralidad y la tolerancia.
[…] La Religión católica –en completa y natural armonía con los [primeros] tiempos en que existió, –alternaban con las cátedras de Minerva, las meditaciones sobre el Sagrado Mártir del Gólgota; con las elocuentes lecturas de sus catedráticos, las palabras llenas de unción de los ministros del culto, y con el profano e inquieto rumor de las aulas, el majestuoso y acompasado sonar del órgano, á cuyo compás sus primeros graves profesores y sus primeros sencillos estudian/tes, elevaban, juntas con las nubes del incienso, sus devotas y fervorosas plegarias al Dios de nuestros mayores.
Este registro sobre los albores de la vida universitaria nos lleva a los inicios del proyecto didáctico más importante de nuestro país, que marcó el rumbo educativo nacional. Al mismo tiempo permite asomarnos a la ideología de los llamados Científicos, grupo intelectual porfiriano que, bajo el lema Orden y progreso, luchó por la modernización del Estado mexicano.
A 78 años de su autonomía, firmada en julio de 1929, y tras la reciente declaración del primer circuito del campus central como Patrimonio Cultural de la Humanidad, México exalta la consigna que el artista David Alfaro Siqueiros plasmara en el edificio rector de la máxima casa de estudios: El pueblo a la universidad. La universidad al pueblo.Por una cultura nuevohumanista de profundidad universal. |
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