vicente quirarte

 

En el principio fue el hombre, asomado al arroyo que calmaba su sed. Alrededor suyo, semejantes a él y animales de diferentes especies bebían directamente, aplicando labios y belfos, lenguas y hocicos en el agua. Un día el hombre quiso tocar su reflejo, y al sacar la mano no se encontró consigo mismo pero hizo un descubrimiento mayor: en ese cuenco el agua permanecía, traslúcida y brillante. Había nacido la cuchara.

[...] Generosa, rotunda y sonora como su nombre, por su calidad de receptáculo es de naturaleza femenina, aunque originalmente su nombre fuera cuchar. El Diccionario de autoridades la define así: «Instrumento cóncavo de madera, plata u otro metal o materia con un cabo para asirle, y sirve para entrar en la boca las cosas líquidas, blandas o menudas: como el caldo, las sopas o el arroz. Viene del latino cochlear, que significa lo mismo».

¿[...] qué cuchara no es ritual? ¿cuál de esos instrumentos, en nuestro diario transcurrir, no nos da la fuerza y el respiro para continuar viviendo? En la casa del pobre nunca faltan cucharas. Pueden no existir los tenedores, haber un solo cuchillo para las labores específicas de cortar y rebanar, pero la


 



 

cuchara siempre está ahí, lista para cumplir su misión de cocinar, remover, servir alimentos. En el ejército de los cubiertos, la cuchara es la infantería heroica, el peón para el combate diario.

[...] Mínimo plato ella misma, la cuchara se transformó en instrumento para retratar el placer del contacto del paladar con el alimento. En la medida en que la cocina occidental adquirió mayor grado de complejidad y sofisticación, creció la variedad de cucharas. Benvenuto Cellini fue uno de los grandes diseñadores de la mesa y Leonardo da Vinci inventó la servilleta. Es en el último tercio del siglo XVIII en que la cuchara surge con las proporciones y características que le son familiares. Sistematizador y canónico, el Siglo de las Luces establece sus reglas para la mesa pero también para la forja de los instrumentos. Prueba de ello es la monumental obra de M. Jean-Jacques Perret, L’Art du Coutelier, aparecida en 1761. Ilustrada con grabados que reproducen toda clase de cubiertos e instrumental quirúrgico, es un ejemplo del grabado de perfección y exigencia al que había llegado el arte de diseñar, moldear, vaciar y pulir los cubiertos.

La [colección] cubre un amplio espectro de diseños, materiales y propósitos. El barro en las civilizaciones mesoamericanas; la dura madera de ébano en las culturas africanas. Del carácter efímero a la permanencia a través del tiempo y del espacio, ambos mundos  planteaban  la utilización de los
 

instrumentos con carácter mágico. Federico García Lorca así lo percibió en su Oda al rey de Harlem. Perdido en la jungla civilizada de Nueva York, reconoce la sacralidad de la cuchara, símbolo de un tiempo aniquilado por el mundo profano:

Aquella noche el rey de Harlem, con una durísima cuchara arrancaba los ojos a los cocodrilos y golpeaba el trasero de los monos.

Con una cuchara. Los negros lloraban confundidos entre pa­raguas y soles de oro, los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco, y el viento empañaba espejos y quebraba las venas de los bailarines.


García Lorca insiste en el carácter ritual de objetos que el uso cotidiano ha suprimido. Con esa visión inédita que el poeta propone es necesario leer [la colección de Ernesto Reichheimer, el Señor de las cucharas]: interrogar a todos y cada uno de estos objetos que el hombre ha utilizado para hacer más tolerable –y humano– su destino. Detrás de cada cuchara hay una historia, una sensibilidad, un clima. Cucharas de fina paja de culturas tan frágiles y tan poderosas como sus materiales; cucharas de cuerno creadas por comunidades que quisieron rendir homenaje a la supervivencia del ánima de la presa cazada; cucharas de la edad de los metales, que buscaban la perennidad y se adaptan a las necesidades que la cultura va creando conforme se sofistican sus costumbres: cucharas agudas y dentadas para entrar


 



eficazmente en la pulpa de la toronja; cucharas para comer moras; cucharas con una abertura semejante a la del yelmo de Mambrino, para que el bigote de los señores estuviera a salvo de los rigores de la sopa y sólo tuviera sus beneficios; cucharas que son pretexto para el diseño y la expresión estética de un estilo.
La plata salida de las entrañas americanas y el encuentro entre dos sensibilidades trajo como consecuencia un sofisticado arte de la platería: sólidos cubiertos que, además de ser parte de la diaria ceremonia en la mesa, formaban el patrimonio de una casa. así lo comprendió Jean Valjean en Los miserables de Víctor Hugo, al hurtar los cubiertos de plata de la casa del clérigo que le había dado hospitalidad, y mejor comprendió su drama el clérigo al regalárselos. La cuchara con la que cenó Valjean es el instrumento mágico que transforma definitivamente su existencia y permite la consecución de la novela. La cuchara con la que Oliver Twist devora su magra ración en el orfanatorio, antes de atreverse a pedir más, cumplía una misión: al utilizar la cuchara y no beber directamente del plato, el niño vivía la ilusión de que su estómago recibía más alimento.

Para Saint-John Perse, el objeto más hermoso creado por el hombre es la calavera azteca de cristal de roca que custodia el Museo Británico. Entre las piezas singulares de este muestrario de la cuchara como instrumento civilizador y comunitario, hay piezas merecedoras de   admiración.   Entre   todas,  elijo  la
 

difícil sencillez de la cuchara etrusca. Contemplarlas es contemplar el rostro de lo que hemos sido, y asistir a 25 siglos de evolución humana. sus proporciones sencillas y armónicas, esbeltas y sofisticadas, revelan el genio etrusco, la herencia que dio impulso a artistas posteriores que reconocieron los principios básicos y eternos del diseño perfecto. En esa lejana civilización comprendieron el mensaje: hacer de un instrumento esencial un objeto de belleza que haga mejor nuestra estancia en el mundo.







[1] Cuchara ceremonial africana, de Ghana (¿?) | segunda mitad del siglo xx | Madera | 25 cm
[2]Cucharón sahumerio del Altiplano Central | Posclásico | Cerámica | 37 cm
[3]Cuchara China, dinastía Ming | | 11.5 cm
[4]Cuchara infantil mexicana | Segunda  mitad del siglo  XX  | Plata | 7.5 cm
[5]Juego de viaje (copa, cuchara, tenedor, palillo, sacacorchos, salero-pimentero y cucharita) | Francia, segunda mitad del siglo xix | Plata, acero, marfil y madera | 24 cm
[6]Cuchara etrusca | Siglo i d. C. | Bronce | 12.8 cm
[7]Cuchara para recolectar el rocío de las flores |Cultura maya, posclásico (900 d.C- c. 1521 d.C) Jadeíta. |  2.5 cm


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