Un ilustrador romántico de la Biblia |
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HÉCTOR PALHARES MEZA |CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
Y el Señor me dijo, he puesto mis palabras en tu boca. Mira, tengo este día puesto sobre las naciones y sobre los reinos, para desenraizarlos y ponerlos abajo, para destruir, colocar, construir y plantar […].
JEREMÍAS 1: 9,10 |
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Gustave Doré (1832-1883) nació en Estrasburgo, Francia. Hijo de un ingeniero civil, empezó a trabajar a los dieciséis años para Le journal pour rire (El diario para reir), publicación de carácter cómico que se interesó en el dibujo preciso del joven alsaciano.
Con una formación francamente autodidacta copiaba las obras de los Antiguos Maestros Europeos en el Museo de Louvre y las galerías parisinas. Su excelente memoria visual le llevó a ganar fama entre varias casas impresoras. La oferta de trabajo como ilustrador de periódicos, libros de viajes y ciencia ficción salvarían la economía familiar, luego del fallecimiento de su padre.
A diferencia del artista Honoré Daumier, quien se caracterizaba por retratar de forma satírica a los políticos de derecha de la Europa del siglo XIX, Doré elaboró caricaturas con un notable sentido del humor. |
El autor despertó el gusto de la clase adinerada y, para la época de las llamadas revoluciones de 1848, su clientela había aumentado de forma considerable. El ascenso de Napoleón III al trono francés se debió al apoyo económico y social de la burguesía pro-monárquica, la cual se deleitaba con las sugerentes composiciones de Doré, quien llegó a acumular una gran fortuna que luego dilapidó con rapidez.
Para la década de los años cincuenta su trabajo adquirió una fuerza vital y enérgica –casi grotesca– que lo llevó a ilustrar obras fundamentales de la cultura occidental. La primera fue Gargantúa y Pantagruel en 1854, obra del religioso François Rabelais. Le siguieron la Divina Comedia de Dante Alighieri, el Paraíso perdido de John Milton, las Fábulas de Jean de La Fontaine y el Quijote de Miguel de Cervantes, entre otras. La fuerza expresiva de sus personajes impactó a Europa y sus placas de madera eran duplicadas y llevadas por las casas impresoras a todo el continente.
En el inicio de los años sesenta, la empresa de Alfred Mame e hijos le pidió que ilustrara su edición del Antiguo y Nuevo Testamento. Este negocio familiar publicaba, sobre todo, libros piadosos y devocionales. El artista trató los pasajes bíblicos con una mirada escrutadora del contenido emocional de cada escena. Así, las diez plagas de Egipto, la huida de Elías en un carro de fuego o el Apocalipsis de san Juan fueron representados con gran dramatismo y evocación, propios del ideal Romántico. Doré realizaba las estampas y después aplicaba el gouache o la tinta para dar profundidad a las figuras. Tenía un personal con gran talento que realizaba las impresiones. A diferencia de éstas, sus dibujos son más sueltos y libres. Es el caso de la obra Jeremías predicando ante sus seguidores (c. 1866), que el artista dedicó al señor Marshall, un aristócrata inglés, como homenaje afectuoso de su sincero admirador.
Se trata de la historia de uno de los cuatro profetas mayores, quien en plegaria levanta ambos brazos delante del Muro de los Lamentos, al que matizan blancos difuminados que parecerían elevar su voz hacia planos celestiales. A sus pies, con una iluminación pálida en los ángulos inferiores, se encuentra un grupo de hebreos sumidos en la incertidumbre y la desesperanza. Todos son testigos de un trágico pasaje en la historia del pueblo de Israel. Hacia el año 587 a.C., Nabucodonosor II, rey de Babilonia, invadió Palestina y deportó en masa a los judíos a Mesopotamia. Jeremías experimentó la crudeza del acontecimiento al quedar cautivo en tierra propia, interpretando el hecho como una prueba divina que requería, ante todo, de una enorme fortaleza de espíritu y resignación.
En esta obra el profeta fortalece a sus abatidos compatriotas y exclama con voz denunciante: […] ¡Cómo estaba la ciudad de solitaria, aquélla que estuvo tan llena de gente! ¡Cómo se ha convertido en una viuda, ella que fue grande entre las naciones! (Lamentaciones 1:1).
El rigor en el dibujo de las arquitecturas y de los personajes da cuenta de la investigación que el artista realizaba con fotografías y estampas de los sitios arqueológicos de Egipto, Mesopotamia y Tierra Santa, los cuales habían llegado a los museos franceses durante la etapa de mayor expansionismo imperial. Doré nunca viajó a esos lugares pues detestaba hacerlo. Sin embargo, la riqueza dramática que imprimió a sus personajes demuestra una tendencia casi teatral. En opinión de la investigadora Millicent Rose: La Biblia lo tomó; él estudió el texto, eligiendo las escenas y relatándolas con gran intensidad […]. |
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The Holy Bible with Illustrations by Gustave Doré (La Santa Biblia con ilustraciones de Gustave Doré), de 1866, costaba doscientos francos en edición de lujo. En menos de un mes se habían vendido más de tres mil ejemplares que fueron traducidos al inglés y a otros idiomas. Para 1868 el artista abrió su propia galería en Bond Street en Londres, Reino Unido, que cerraría sus puertas hasta 1914, año en que estalló la Primera Guerra Mundial. Ahí exhibió obras con temas de historia religiosa de mayor formato que incluso serían fuente de inspiración para los escenarios cinematográficos de la primera mitad del siglo XX. David Wark Griffith en la película Intolerancia (1916) y Cecil B. DeMille en Cleopatra (1933) abrevaron de las ilustraciones de Doré para realizar sus ambientaciones de época. |
Gustave Doré (1832 - 1883) | Jeremías predicando ante sus seguidores (detalle) | c. 1886| Gouache, lápiz y carboncillo sobre papel montado en cartoncillo | 70.2 x 52.5 cm |
Jeremías predicando ante sus seguidores nos estremece por su realismo. Como apuntó Blanche Roosevelt en la revista Quiver: […] Los antiguos maestros, salvo raras excepciones –franceses, italianos, españoles, flamencos y holandeses–, representaron de forma equívoca la Historia Sagrada. Hay una especie de inconsistencia palpable en la escena misma o en los personajes. A pesar de nuestro extenso conocimiento de la arqueología oriental, tenemos en pocas ocasiones algo como lo que se supone una imagen verdadera del pasado […] En el caso de Gustave Doré, él es un digno representante de los personajes que ilustra […], son hombres y mujeres movidos por las mismas pasiones, sujetos a las mismas flaquezas y penalidades […]. |
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