Diego, pintor; Frida, modelo

Calcas para un mural desaparecido

 

Héctor Palhares Meza | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

 

 

EN EL MARCO DEL XXIII FESTIVAL DEL CENTRO HISTÓRICO Y CON MOTIVO DEL ANIVERSARIO POR LOS CINCUENTA AÑOS DEL FALLECIMIENTO DE DIEGO RIVERA, MUSEO SOUMAYA Y EL PALACIO DE LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA RINDE HOMENAJE AL ARTISTA CON UNA OBRA ÚNICA EN SU GÉNERO:
LAS CALCAS PARA EL MURAL PESADILLAS DE GUERRA, SUEÑO DE PAZ DE 1952.

 

 

A los once años de edad Diego Rivera ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Bajo la tutela de Santiago Rebull, José María Velasco y Félix Parra, recibió las lecciones de dibujo académico que caracterizaron su primera labor creativa.

 

Gracias al apoyo otorgado por los directores de la revista Savia Moderna, en 1906 expuso junto con Francisco de la Torre, Rafael Ponce de León y Gerardo Murillo, conocido como Dr. Atl.  Satisfecho con sus trabajos, el gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa, le otorgó una beca para estudiar en la Real Academia de San Fernando en Madrid, España. La estancia en Europa representó un diálogo con las obras de los Antiguos Maestros, sus logros cromáticos y de composición, que insertarían los pinceles de Rivera en una atmósfera multicultural para las siguientes décadas.

Luego de exponer en el Salón de Otoño, se intensificaron los vínculos con otros artistas y críticos mexicanos que probaban suerte en el escenario europeo: Ángel Zárraga, Roberto Montenegro y Adolfo Best Maugard, entre otros. En París conoció a la artista rusa Angelina Beloff, madre de su único hijo varón, quien apenas alcanzaría los catorce meses de vida.

 

Mientras se aproximaba el inicio de la década de los años veinte, el artista pasó una larga temporada en Italia estudiando a los grandes maestros del Renacimiento: Giotto, Ucello, Mantegna, Piero della Francesca y Miguel Ángel. Luego de aquella estancia y cansado de una relación posesiva con Angelina Beloff, volvió a México en julio de 1921.  En 1922 ingresó al Partido Comunista Mexicano.

 

El discurso triunfal de la era posrevolucionaria encontró eco en el proyecto del entonces secretario de Educación Pública, don José Vasconcelos. Se ofrecieron –por solicitud muchas veces de los propios artistas– los muros de los edificios gubernamentales para representar los pasajes emblemáticos de la mexicanidad: el glorioso pasado indígena; la violencia de la Conquista española en contraparte con la primera evangelización. Fue así como nació el movimiento muralista con su búsqueda de justicia social y nacionalismo a ultranza. La primera obra de este género fue llevada a cabo por Rivera en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria: La creación, realizada en encáustica en 1922.

 

Una itinerancia por importantes ciudades norteamericanas como Nueva York, Chicago y San Francisco completarían el proceso formativo del pintor. Su simpatía con el marxismo le atrajo, sin embargo, algunas dificultades como el caso del mural pintado para el Rockefeller Center de Manhattan, por haber incluido un retrato de Nicolás Lenin y otros elementos del régimen socialista en uno de los escenarios más importantes del poder hegemónico estadounidense.

 

En 1952 el Instituto Nacional de Bellas Artes encomendó a Diego Rivera la creación de un mural para la exposición Veinte siglos de Arte Mexicano que itineraría por varias ciudades europeas. El maestro incluyó símbolos nacionales de la Guerra Fría que incomodaron a las autoridades de nuestro país. En particular a Carlos Chávez, director de la institución, con quien tuvo algunas dificultades durante los siguientes años.

 

La obra no se incluyó para el proyecto original, debido a que Rivera la envió como regalo al gobierno chino. En ese país fue exhibida como dan cuenta algunas fotografías y filmaciones. En el viaje de regreso quedó en resguardo en la bodega de un museo en Rusia, posiblemente en el Pushkin de Bellas Artes de Moscú. En opinión del investigador Américo Sánchez, fue trasladada de forma definitiva a Polonia, donde desapareció.

 

La espléndida calca de 4.5 x 10 metros –boceto previo a la realización del mural– se integra por doce fragmentos y se mantuvo inédita por más de medio siglo en propiedad de Rina Lazo, ayudante de Diego. Se ofreció a la venta en los Estados Unidos y hoy forma parte del acervo de Museo Soumaya, quien la adquirió para que permaneciera en nuestro país.

 

El carboncillo sobre papel testimonia los grandes procesos históricos de la década de los años cincuenta. Stalin y Mao comparten la paloma de la paz con tres naciones imperialistas: Estados Unidos, Inglaterra y Francia, representados por el Tío Sam, John Bull y Marianne respectivamente. Obreros y campesinos integran la composición al ser protagonistas de la lucha por la justicia social. Pelotones de tropa, civiles ahorcados y la bomba atómica enmarcan la escena. Frida Kahlo, en silla de ruedas, recaba firmas rodeada de importantes personajes como Marco Antonio Borregui, el Yucateco, ayudante de Rivera; Guillermo Monroy, del grupo de los Fridos, el arquitecto Juan O’Gorman y el poeta Efraín Huerta. El Eje Central, antes San Juan de Letrán, queda flanqueado por la Torre Latinoamericana y el legendario Cine Maya en el extremo derecho de la obra. Pesadilla de guerra, sueño de paz es un canto que aboga por el respeto y la armonía.

 

La obra se ha exhibido parcialmente en el Palacio de Bellas Artes, en el Museo Mural Diego Rivera, en el Museo de Arte de Ponce en Puerto Rico, en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires, y en la Smithsonian International Gallery de Washington, D.C. Durante la primavera de 2007, el público podrá disfrutar este testimonio en un emblemático espacio del corazón del Centro Histórico: Convento de santa Teresa la Antigua, sede de la Autonomía Universitaria, de la Escuela de Enseñanza Dental y del edificio de Rectoría de la máxima casa de estudios.

 

Diego Rivera Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno

 Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez

 (Guanajuato, Guanajuato, México, 1886 – Ciudad de México, México, 1957)

 | Calcas para el mural Pesadilla de guerra, sueño de paz | 1952 

 | Carboncillo sobre papel | 410 x 1000 cm

 


Horarios Entrada Ubicación ¿Quiénes somos? Escribenos Plaza Loreto Atrás