TABACO Y ALGODÓN
DE
DIEGO RIVERA



Diego Rivera
Tabaco y algodón
1932
Acuarela y carbón sobre lienzo
43.1 x 32.8 cm

_____________________________________________________________________

El árbol simboliza la conciliación de los
contrarios, representa tanto el medio de
la ascensión al cielo como la vuelta a
los orígenes
[…]
MATILDE BATTISTINI


_____________________________________________________________________

Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez incursionó de forma metódica en el mundo del dibujo. El universo pictórico del maestro se ocupó de alegorías que poblaron y recrearon el universo de su pintura mural y de caballete. A este respecto Dolores Olmedo Patiño apuntaba: […] Con esto Rivera asumió el compromiso y comprendió el espíritu didáctico y popular necesarios y que lo animarían a realizar los extraordinarios dibujos que conformaron su aportación plástica […]. Diego Rivera estaba consciente de que sus trabajos penetrarían en el pensamiento de las masas trabajadoras mexicanas y que lo entenderían también aquellos que no sabían leer.

El artista comenzó a publicar en El Mundo Ilustrado (1905) y en Savia Moderna (1906), junto con Ángel Zárraga, Saturnino Herrán y Roberto Montenegro. En libros y periódicos aparecieron cientos de bocetos a lápiz y a color, muestra del agudo interés por plasmar la diversidad de tipos costumbristas y paisajes de México. A este respecto, Jorge Alberto Manrique escribió: […] el proceso del dibujo resulta de una compleja actividad mental, como modo de reducir al intelecto –y por lo tanto a su capacidad de conocimiento– la naturaleza. El dibujo no existe en la realidad natural: es la manera en que podemos aprehender o recrear esa realidad. El proceso […] es una típica actividad intelectiva.


En las primeras décadas del siglo XX trabajó con motivos naturalistas de enorme contenido simbólico. Es el caso de La noche de los rábanos de 1946, sita en el Museo Andrés Blaisten, que recrea una atmósfera de movimiento y expresión en donde los protagonistas son dos vegetales. La misma Dolores Olmedo señala que su producción gráfica superó el estilo estrictamente decorativo de otros artistas para crear cada vez más una depurada síntesis formal.

En su Paisaje simbólico de 1926 ya aparecía el binomio de la mazorca y la espiga de trigo como alusión a la América mestiza, escenario de intercambios y riqueza cultural.


Dolores Olmedo señala que su producción gráfica superó el estilo estrictamente decorativo de otros artistas para crear cada vez más una depurada síntesis formal.

Por la misma época realizó este carbón acuarelado con el sugerente título de Tabaco y algodón.

Los orígenes del cultivo del algodón se mencionan en ciertos himnos de la India, datados hacia el año 1500 a.c. En México, comenzó su producción en el estado de Veracruz y se desarrolló durante la época virreinal. Se trata de la planta textil de fibra suave más importante del mundo. El Gossypium –su nombre científico– posee raíces penetrantes y hojas pecioladas de verde intenso. Diego Rivera lo empleó para elaborar la imagen del personaje femenino de la obra. En una actitud que se antoja triunfante  y con un escorzo complicado, el algodón mira a su acompañante masculino que está representado por una figura cubierta de hojas de tabaco que luce botines hechos del mismo material. La tradición señala que el nombre proviene del tubo que empleaban los indígenas caribeños para fumarlo, el tabac. La Nicotina tabacum, originaria de Tabasco y Quintana Roo, era utilizada en el México antiguo –además de la elaboración de los cigarros con fines rituales– para tratar las quemaduras, erisipela y golpes. Es una herbácea de hasta tres metros de altura, con hojas grandes y alargadas, que aquí fue representada en primer plano, sin diálogo aparente con su compañera. La escena transita entre el juego y la metáfora, al decir de Raquel Tibol, con […] máxima pureza que también aplicó a la figura […] de la Germinación

El dibujo de corte simbolista exalta los valores intrínsecos de figura y forma. El árbol, sus frutos, el significado que yace oculto entre el follaje. como reza el poema de Juan Achutegui: La chica se queda sorprendida, acaba de caer en la cuenta de su monólogo. Texturas. Y señala a las hojas del árbol: “Las hojas del árbol son pequeños trazos lisos, pinceladas casuales enhebradas por un hilo tosco. El pueblo por su parte es una maqueta de madera, se pueden investigar sus recovecos hurgando con todos los dedos en cada rincón regalado al espacio por el artesano. La pareja parece lo único natural. Ellos son carne, eso es innegable. Él, venido a menos por culpa del terciolpelo deslavado, un poco como el pajarraco que sostiene, el del vientre de algodón compactado. Ella es algo completamente diferente, una muñeca de escaparate, retazos de lino y porcelana”.


HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


Regresar