ADIÓS A MI TEATRITO O DE VUELTA AL TEMPLO DE VANIDAD


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Sabiendo que mis padres y mis hermanas iban una noche al teatro, me propuse hacer en el mio, una gran funcion y que esta fuera al beneficio de Hermenegilda. Para ponerlo en práctica, mandé comprar papel dorado y de colores, con los cuales fabriqué guirlan/das que coloque en el cuarto adonde estaba mi teatro, luego pedi á mi padre algu/nos cabos de sus velas de esperma1 y con unas cuantas yerbas […]regué el Suelo y la entrada del cuarto. Como queria yo hacer una  funcion gran/ diosa, me ocurrió vestir de [tachado] á Hermene/gilda de Reina, ¿pero que reina podia repre/sentar, con su modesto vestido de percal2[…]? Era preciso vestirla elegantemente, ponerle una cola, un manto, una corona. “Vamos á ver, me dije, si por fortuna encuentras las llaves del ropero de mi madre”. Hise mi inspeccion rejistré aqui y allá, y por fin di con ellas! […]lla/mé a Hermenegilda, y entre ella, y yo fuimos a escoger lo que mas nos agradaba […] Los vestidos eran muy grandes y no nos convenian, veamos los abrigos, habia uno de terciopelo azul forrado con piel de Chinchilla3, ese era muy caliente, “Tomemos entonces los chales chinos” “Si, Si, dijo Herme/negilda, con uno me hago la cola, y con el otro el manto.” Opte por aquello y vestí a la reina […] Viendo a la reina tan lujosa quise yo tambien embellecerme […]me encontré con un rico chal de ca/chemira de la India, de ocho puntas de color rojo y con una ancha franja de colores […] Con estos ricos trajes, nos dirijimos al cuarto adonde estaba el teatro, al entrar […]dos hermanitas de Her/ menegilda, y un hermano de mi nana Clara […] componían el público gritavan vivas y co/locada la reina en su asiento comensó la fun/cion […] En los entreactos pasa/ba yo soletas y confites, lo que hacía todo mas ameno […] Estando en lo mas alegre de la fiesta, oimos el ruido del coche que entra/ba al patio de la casa, era mi madre que volvia sola al oir su vos, hubo un momento de terror, y luego una fuga general, y un salvese quien pueda; apagué las velas del teatro […] llegué á mi cuarto y allí me metí con la reina debajo de la cama. […] Yo sudaba frio y hubiera querido que me tragara la tierra me/jor que el que mi madre me sacara de mí escondite […] Finalmente dieron con nosotras, y salimos de alli mas muertas que vivas. Mi nana recibio una famosa filipica4, y á mi, me impuso mi madre el doloroso castigo de quitarme mi teatro que nunca volvi a ver. En cuanto a Hermenegilda se le pro/hibio subir a jugar con migo, y se pasaron se/manas sin que pudiera yo hablar. ¡Cuántas lágrimas lloré viendome privada de mi teatrito […]! Adios, Redoma encantada5, Adios Brujas y Diablos y todos los personajes que ya [no] volveria yo á ver.

Entre travesuras y fiesta se entretejía la historia de un país al que la sociedad mexicana de la segunda mitad del siglo XIX, asumió dividido entre dos posturas políticas: los liberales (partidarios del régimen republicano de don Benito Juárez) y los conservadores (ligados a la monarquía). La familia Lombardo fue perseguida por los juaristas. La futura señora de  Miramón tuvo que esconderse, pero con su carácter recio y decidido, incluso participó en una conspiración…

1 Sustancia grasa que se extrae de las cavidades del cráneo del cachalote, empleada para hacer velas y algunos medicamentos. 2 Tela de algodón de escaso precio. 3 La piel de color gris del roedor americano, es de gran estima para forros y guarniciones de vestidos de abrigo muy difunda entre la aristocracia mexicana desde mediados del siglo XIX. 4 Aunque Concepción Lombardo omitió la tilde, refiere a la filípica, que es un discurso o censura severa. 5 Probablemente se refiere aquí a La redoma encantada, comedia mágica en cuatro actos en prosa y verso. Este género literario dramático tuvo su auge en Europa después del teatro barroco y llegó a América hacia 1830. La obra fue escrita por Eugenio Hartzenbusch en 1839 y se representó en México en selecciones de texto durante la década de los 50 del siglo XIX.


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Memorias manuscritas de Concepción Lomabardo de Miramón, “Capítulo II°: Mi adolecencia, Tenancingo, Querétaro, vuelta á  México”, fondo DCCCII-2, t. 1, 1859-1917, Colección del Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX. La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario.


ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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