Don Francisco Cervantes de Salazar


El primer catedrático de la Real y Pontificia
Universidad de México

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Es en el seno del espacio privado donde el individuo se prepara para afrontar la mirada del otro, donde se configura la presentación de uno mismo en función de las imágenes sociales del cuerpo [...]

RAQUEL BARCELÓ

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La Universidad

Por cédula del emperador Carlos V, firmada por su hijo el príncipe Felipe, el 21 de septiembre de 1551 se fundó la Real y Pontificia Universidad de México. Pronto alcanzó el reconocimiento como el más importante centro superior de cultura, durante el virreinato, aunque ésta inauguraría sus cursos hasta el 25 de enero de 1553.

Para la primera mitad del siglo XIX –ya en los inicios del México independiente–, la institución fue clausurada por motivos políticos, lo que generaría como alternativa la apertura de seis escuelas de educación superior.

La Universidad Nacional de México fue creada el 26 de mayo de 1910 como dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y presidido por don Justo Sierra. En mayo de 1929 alcanzó la autonomía gracias a la intervención del ilustre José Vasconcelos, cuyo proyecto ideológico quedó inscrito en el lema de su autoría: “Por mi raza

 

hablará el espíritu”.

La máxima Casa de estudios –aludiendo a la poderosa sentencia de su universalidad en el ámbito del conocimiento– ha desempeñado un papel primordial en la historia mexicana desde el siglo XVI. Al decir de Armando Pavón Romero, [...] por una parte, la universidad pareció una institución necesaria para apoyar el proyecto de evangeli- zación en el que estaba compro- metido el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga. Pero también se le consideraba un útil instrumento para arraigar a los colonizadores [...].

Francisco Cervantes de Salazar:
ANTIGUO RECTOR DE LA
UNIVERSIDAD DE MÉXICO

La cátedra y la oración latina que inauguraron a la Real y Pontificia Universidad de México fueron pronunciadas el 3 de junio de 1553 por el doctor Francisco Cervantes de Salazar (1514?–1575), quien además tuvo a cargo la elaboración de la primera crónica de la Nueva España.




José de Bustos  
Retrato de Francisco Cervantes de Salazar
Segunda mitad del siglo XVIII
Óleo sobre lienzo
108 x 83.2 cm


Originario de Toledo, estudió cánones en Salamanca y más tarde sería secretario en latín del presidente del Consejo de Indias. A instancias de su acaudalado primo, Alonso de Villaseca, pasó a México en 1551. Entre los cargos importantes que detentó durante el virreinato, está el de profesor de retórica en la propia Universidad y, tras haber recibido las órdenes sagradas, rector de la misma en dos ocasiones. entre sus obras más significativas –con pleno contenido humanista– se encuentran Túmulo Imperial (exequias de Carlos V) y la Crónica de la Nueva España.

EL RETRATO

El retrato de don Francisco Cervantes de Salazar, óleo sobre lienzo firmado por el pintor José de Bustos, formó parte del acervo del Colegio de Santa María de la Caridad. El cuadro data de la segunda mitad del siglo XVIII y parece reproducir una obra anterior, hoy pérdida. El personaje es visto de tres cuartos y en una composición que recuerda la magnífica estampa de Erasmo de Rotterdam, que hiciera Durero en 1526, o al retrato homónimo de Hans Holbein.

El doctor Cervantes de Salazar, ataviado con el traje clerical y en una atmósfera intimista a la manera del retrato flamenco del Cinquecento, sostiene en sus manos un tintero y una pluma. El libro apoyado en un atril sobre el que anota sus grafías en latín –única lengua aceptada en los ámbitos académicos universita- rios–, muy probablemente refiere a la elaboración de la crónica de Nueva España que le había sido encomendada por el Ayuntamiento hacia el año de 1557

 

Su rostro sereno y meditabundo dirige la vista hacia el primer texto que daría cuenta de una realidad mestiza a través del relato de los usos y costumbres de la compleja sociedad novohispana. Como refiere Armando Pavón Romero, [e]l latín universitario, tan criticado por los humanistas, se añadía como la otra lengua de los vencedores y se sumaba al murmullo aún mayoritario de voces mesoame- ricanas.

Fue en este sentido como el retrato de don Francisco Cervantes de Salazar quedaría sujeto a un fuerte contenido didáctico y político. La universidad, por un lado, fue la institución rectora del pensamiento durante el virreinato y, por el otro, tuvo la imperiosa necesidad de dar testimonio –a través de la pluma del cronista– de la realidad de la incipiente Nueva España. El hombre político como el social, padecen el vicio de retratarse, pero en circunstancias específicas y con determinados fines [...], en palabras de Luz de Lourdes Solórzano.


HÉCTOR PALHARES MEZA


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