Modelar el cuerpo


EXPOSICIÓN TEMPORAL ATRIO DEL TEMPLO DE SAN FRANCISCO,
MADERO 7, CENTRO HISTÓRICO.

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La belleza es el carácter y la expresión.
Pues bien, no hay nada en la naturaleza con
más carácter que el cuerpo humano.

RODIN1

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Las artes del siglo XIX son también fruto del ideario de la Revolución francesa. En la escultura de Rodin se multiplicaron las posibilidades de expresar la sensibilidad humana sobre los convencionalismos de la época. Desde las élites a los grupos obreros en París, cada vez más ciudadanos se definían también por lo que implica tener cuerpo. Su individualidad, única e irrepetible, se vivía en este mundo. Su piel, compartida o solitaria, fue terreno glorioso para la curiosidad y la imaginación.

 

Auguste Rodin
Estudio para Iris, mensajera de los dioses
1890- 1891
Bronce con pátina negra y verde
75.3 x 75.8 x 41.3 cm


[Rodin] sabe que todo lo que se aleja de la vida es falaz y vano, escribió el crítico Mirbeau. Ella no es posible sin cuerpos. La tarea del escultor explora sus formas, sus claroscuros. ¡Y está siempre cerca de la vida: está siempre en la vida, en el escalofrío de la vida, incluso cuando parece elevarse más allá de ella, en el sueño! Nuestras inquietudes, nuestros desa- lientos, nuestros entusiasmos, nuestros heroísmos, nuestras pasio-nes, nuestras sensualidades, todo lo traduce, todo lo expresa, mejor que un poeta, mejor que en palabras: por las formasañadía animado Mirbeau2.

La idea de belleza para Rodin no tenía límite: exploró los cuerpos de niños, jóvenes y viejos, de mujeres y hombres, de sus estados extáticos, serenos o de ensimismamientos profundos. Su mirada abarcaba más de lo que sus ojos a simple vista veían, y le era indispensable referirse a los placeres del hombre, como en La eterna primavera, y a sus dolores, como en La mártir.

Rodin modela sus figuras en barro o terracota y les da la dirección del movimiento, el carácter y la expresión que son medulares en su arte:

El carácter es la verdad intensa de un espectáculo natural cualquiera, bello o feo; e incluso es lo que podría llamarse una verdad doble, puesto que es la verdad de dentro traducida por la de afuera; es el alma, el sentimiento, la idea que expresan los rasgos de la cara, los gestos y las acciones de un ser humano, los tonos de un cielo, las líneas del horizonte.3


Y expresa intensificando las profundidades y las salientes de la piel. Al modelar, jamás piensen en superficie, sino en relieve –les decía a los jóvenes artistas–. Que su espíritu conciba toda superficie como la extremidad de un volumen que lo empuja por detrás. Imaginen las formas como levantándose hacia ustedes. Toda vida surge de un centro, luego germina y se expande de adentro hacia afuera. De la misma manera, en la escultura bella se adivina siempre un poderoso impulso interior. Ése es el secreto del arte antiguo.4

El carácter y la expresión se forjan con la individualidad. Rodin no puede distanciarse de la vida. Es uno de los mejores retratistas de todos los tiempos. Y si su modelo ya no vive, como Balzac o Andrieu d’Andres, Jean de Fiennes o Pierre de Wiessant, investiga lo mejor que puede.

 

Auguste Rodin
El pensador
1903
Bronce con pátina verde y negra
180 x 97 x 140 cm


Los rostros son almas y pensamientos inmanentes, encarnados, que dan cuenta de una historia singular. O como decía de otro escultor: época, raza, profesión, carácter personal, todo está en los retratos.

Rodin fue un artista reflexivo sin duda como El pensador. Piensa en libertad y atrae los  mejores placeres, como en La eterna primavera, o enfrenta los dolores, como el de Los burgueses de Calais. examina también el destino que puede significar para el hombre su pasado, como la Edad de Bronce, y en cómo el azar nos atraviesa y es capaz de alterar nuestros caminos como lo fue para Francesca Rimini y Paolo Malatesta, los


Auguste Rodin
Cabeza colosal de Pierre de Wiessant
c. 1889
Bronce con pátina verde
82 x 51 x 53 cm

 

personajes que dieron origen a El beso. Meditó en el arte griego y helenista, en el neoclasicismo y en el romanticismo, hasta introducirse en las vanguardias, como prueba el estudio de Iris, mensajera de los dioses cuya fuerza y movimiento rompen -todavía en nuestros días con las formas acostumbradas. Rodin sabía que su oficio artístico le reclamaba tanta habilidad como inteligencia 5: ¿Quién puede abdicar de su espíritu crítico y de su razón? 6 Su arte no es superficial.

Rodin es considerado el gran escultor después de Miguel Ángel. Fue un niño que, con anteojos para corregir su miopía, dibujaba desde los 10 años; un adolescente a quien el régimen de educación artística pública pudo acoger a través de la Petite École hacia sus catorce años, y desde entonces un aprendiz que no pudo abandonar el barro; se volvió un lector insaciable de los clásicos como Ovidio y los modernos como Baudelaire; a sus 24 años ejecutaría El hombre de la nariz rota como referencia obligada de su porvenir artístico; más tarde, a sus 40 años, maduraría la escultura bajo las densidades de La puerta del Infierno; a sus 44, Francia le solicitaría uno de sus emblemas republicanos más importantes para conmemorar la heroicidad de los hombres de Calais frente a la dominio extranjero; a sus 70 años, como señala su biógrafa Ruth Butler, más que nada, Rodin se consumía en el deseo de entender la naturaleza de la sexualidad como una realidad física, a través de miles de dibujos atrevidos, de esculturas de bailarinas, de fragmentar cuerpos.





Nietzsche afirmaba que bajo la mano de grandes artistas no se han creado más que imágenes de una vida, de la de cada uno de ellos, que no podría ser de otro modo. Así sucede con Rodin y una significativa biografía plástica de 16 bronces de la colección de Museo Soumaya que comprende también su herencia en dos de sus más allegados alumnos, Bourdelle y Camille Claudel. en el XII Festival del Centro Histórico se presentan iconos eminentes de la cultura universal, como El pensador y El beso, para un amplio público que visitará el atrio del templo de San Francisco, en una calle que ha sido de grandes momentos para México como es la de Madero.


1 Rodin, Auguste. El arte. Entrevistas recopiladas por Paul Gsell. Ed. Síntesis, Madrid, 2000, p. 75.
2 Mirbeau, Octave, “Auguste Rodin”, en Octave Mirbeau, Paul Gsell, Judith Cladell y otros. Rodin. Sa vie. Son oeuvre. Éditions Artistiques de l’Art et les Artistes, Paris, 1914, p. 4 (col. Museo Soumaya).
3 Rodin, Auguste. Op. Cit., p. 34.
4 Traducción del testamento de Auguste Rodin por Soumaya Slim de Romero y Gabriela Huerta Tamayo, publicado en Auguste Rodin. Camilla Claudel, Roma, Fundación Basil et Elise Goulandris, pp. 211-213.
5 íbidem, p. 82.
6 íbidem, p. 112.
7 Butler, Ruth. Rodin. The Shape of Genius. Michigan: Yale University Press, 1993, p. 437.


GABRIELA HUERTA TAMAYO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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