Una porción de la obra de la llamada Escuela Mexicana de pintura fue realizada por extranjeros. Autores que vivieron en nuestro país y adoptaron una postura ideológica acorde con un planteamiento social que a partir de la Revolución Mexicana tuvo una propuesta plástica importante, adscrita principalmente a la ruta temática y visual propuesta por Rivera, Siqueiros y Orozco. Es el caso del norteamericano Pablo O’Higgins. |

Pablo O'Higgins
Minero
Óleo sobre aglomerado
77.5 x 60.8 cm |
Nació en Salt Lake City, Utah, Estados Unidos. Llegó a México en 1924, tras conocer a través de una fotografía el mural de Diego Rivera La Creación, pintado en 1922 para el Anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria. Trabajó como ayudante de Rivera, para después formar parte de la segunda generación de muralistas en el país.
Dibujante, grabador, litógrafo y pintor, retrató al pueblo mexicano con la inspiración que mira los asuntos indígenas, campesinos y obreros como supremos motivos para el arte nacional. Junto con Leopoldo Méndez y Juan de la Cabada, fundó en 1931 La Liga intelectual proletaria a la par de su periódico Llamada, diseñado por Siqueiros. Integrante del Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores, Escultores y Grabadores, presidió la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios en 1933. |
Formó parte también del Taller de Gráfica Popular que dará paso a una época de oro del grabado nacional con volantes, publicaciones y carteles.
Convencido de que el arte debe tener una función social, se identificó siempre con los sectores marginados de la población. Diría Fanny Rabel, a propósito de su obra, que una voz de lucha puede y debe ser una voz de arte. Fue maestro de las misiones culturales vasconcelistas entre 1928 y 1929. Se casó con una mexicana, María de Jesús de la Fuente. Se nacionalizó 37 años después de su llegada a México. |
Minero
La década de los cuarenta, en que situamos la producción de nuestra pieza, representa para el pintor una etapa de plena consolidación artística en el país y de reconocimiento en Estados Unidos por su labor en la promoción del arte mexicano. El más mexicano de los artistas extranjeros, como lo llama Luis Ruis, ha sido tradicionalmente citado en su faceta de grabador y litógrafo.
Muy apreciado en su pintura de caballete y mural, parte de su mérito estilístico tiene que ver con aquel de grabador y que podría contemplarse en Minero: dibujo que como grabado, casi xilografía, plantea líneas gruesas, figuras simplificadas dentro de paisajes agrestes. Después el color como forma. El tema será lo fundamental.
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Dice Teresa del Conde que O’Higgins se encuentra saludablemente influido por Vincent Van Gogh. Nada como Minero para ilustrar esto. Y es que las pinturas que el holandés hiciera en Nuenen copiando las frías tonalidades de su patria, telas enegrecidas que quieren expresar una visión profundamente humana con asuntos de campesinos y mineros, tienen en parte de la producción de nuestro artista ecos notables.
La temática y la intención hacen evidente, tanto en O’Higgins como en Van Gogh, una proximidad, sensibilidad y compromiso con los sectores más necesitados: tal vez por eso sentimos que estos pintores están literalmente dentro de sus cuadros.
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Vincent van Gogh
Cabaña con campesino regresando a casa
1885
Óleo sobre lienzo
65.5 x 78.6 cm
Un interesante análisis formal de la obra del norteamericano ha ofrecido Marisela González y bien podemos leerlo con el cuadro:
En la pintura y la gráfica de O’Higgins los colores y las líneas se caracterizan por un dinamismo logrado a partir de refinados contrastes, de tonalidades, texturas y líneas con diversos grosores, que marcan un ritmo vital y definen un estilo expresivo que al mismo tiempo que se percibe con claridad (al estar apoyado en una sencilla estructura compositiva), nos permite una sensación de espontaneidad [...]
En aquella paleta sobria donde destacan los amarillos, verdes azulados y tierras, contemplamos a sus hombres y mujeres que pisan como pocos la tierra. La postura del personaje, que enfatiza el momento del trabajo físico, acentúa la expresión de un asunto que en un primer vistazo se mira elemental.
Mariana Yampolsky, también norteamericana, que en nuestro país realizó su arte –la fotografía– como si fuera su Suave Patria, diría de O’Higgins: Pablo salió a dibujar al lugar de los hechos, la tierra donde vive y trabaja la
gente, donde brilla el sol y corre el viento. |
MÓNICA LÓPÉZ VELARDE ESTRADA
| CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
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