LA DECENA TRÁGICA
Y EL FIN DEL GOBIERNO MADERISTA


 

[…] la muerte de Madero sacudió a la República
El país que lo sepultó como gobernante volvió a necesitarlo y a construirlo como símbolo de su frustración y sus esperanzas
.

 


A la sombra de la Revolución Mexicana,

Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meye
r


Hermanos Casasola
Al mártir Francisco I. Madero

23 de febrero de 1914
plata sobre gelatina
Reprografía
Del Archivo Casasola en la colección de fotografías del siglo xx. “personajes notables de la
Revolución”, Número 397, Fondos LXVI, CCXXIV, CCXLV y DLxVII y CMLXI
Colección Centro de Estudios de
Historia de México Condumex

Al triunfo de la Revolución Mexicana en 1910, Francisco Ignacio Madero González (Parras de la Fuente, Coahuila, 30 de octubre de 1873 – Ciudad de México, México, 22 de febrero de 1913), era uno de los personajes que más había contribuido en la caída del porfirismo. Congruente con sus ideales democráticos, sólo asumió la presidencia de la república el 6 de noviembre de 1911, tras su victoria en las urnas. Tenía nobles deseos para el país, aunque carecía de un programa de gobierno acorde con la grave situación imperante y creyó ingenuamente que con la democracia y el respeto a la ley, todo se solucionaría. A sus equivocaciones políticas se añadieron las acciones de los diferentes grupos interesados en acabarlo: en poco más de un año tuvo que enfrentar a un par de congresos –casi siempre opuestos a su administración–, varias revueltas, la renuncia de algunos de sus más destacados colaboradores –o que él mismo se alejara de quienes intentaron ayudarlo–, los ataques de la prensa y la ingerencia de Estados Unidos de América a través de su embajador, Henry Lane Wilson.

El Centro de Estudios de Historia de México Condumex resguarda en sus fondos LXVI, CCXXIV, CCXLV y DLXVII y CMLXI, una colección de fotografías del siglo XX, catalogada como “personajes notables de la Revolución”. La número 394, es testimonio de los infaustos días de la decena trágica. Tiene una inscripción mecanográfica, adherida a la parte posterior, donde se lee:


Trágico, desolador aspecto
presentaba el Zócalo durante los
días de la decena trágica. Frente
al portal de mercaderes, sobre
la banqueta, hay varios civiles
muertos en el tiroteo; mientras
soldados de línea y algunos
“rurales” disparan sus armas. La
metrópoli vivió entonces horas de
angustia y dolor.


LOS INFAUSTOS DÍAS

La decena trágica (del 9 al 19 de febrero de 1913) fue un acto contrarrevolucionario para acabar con Madero. Estuvieron implicados los generales Manuel Mondragón y Gabriel Ruiz, secundados por Rodolfo Reyes hijo de don Bernardo, interesado en liberar a su padre–. Los historiadores Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer narran:

[…] La conspiración estalló dentro del ejército el 9 de febrero de 1913 con el levantamiento de varios sectores de la guarnición de la capital que liberaron a los célebres presos Félix Díaz y Bernardo Reyes, fracasaron en su intento de tomar el Palacio Nacional –Reyes cayó en la refriega– y se refugiaron en la Ciudadela bajo el mando de Díaz para dar inicio así a la llamada decena trágica, diez días de una “falsa guerra” que desquició la capital, horrorizó a sus habitantes, probó la ineficacia del gobierno y dio paso al golpe final contra Madero.

El presidente pidió al general Victoriano Huerta (Colotlán, Jalisco, 23 de marzo de 1845 - El paso, Texas, Estados Unidos, 13 de enero de 1916) que sofocase la rebelión, creyendo en su lealtad. El 18 de febrero de 1913, Huerta exterminó a Gustavo Madero, hermano del presidente.

 

Ese día, en la embajada norteamericana se llevó a cabo el “Pacto de la Ciudadela” o “Pacto de la Embajada”; el embajador Wilson citó al cuerpo diplomático y a los generales Huerta y Díaz. Se acordó que tras la renuncia de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, aceptada por el Congreso, Huerta ocuparía la presidencia, y con la anuencia del mismo Congreso y de Félix Díaz, nombraría su gabinete. Victoriano Huerta prometió a Madero que al día siguiente terminaría, como en efecto ocurrió. El 19 de febrero de 1913 el general Aureliano Blanquet hizo prisioneros en Palacio Nacional al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez.

La renuncia arrancada por la fuerza a Madero y a Pino Suárez, dice:

Ciudadanos secretarios de la Honorable Cámara de Diputados: En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer a acá en la nación, y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de presidente y de vicepresidente, respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario. México, 19 de febrero de 1913. Francisco I. Madero. José M. Pino Suárez.

Anónimo
Al mártir

Sin fecha
Plata sobre gelatina
Colección de fotografías del siglo XX. “Personajes notables de la Revolución”,
Colección Centro de Estudios de Historia de México Condumex

EL FIN DEL GOBIERNO MADERISTA

De acuerdo con el abogado, político maderista, y autor de obras históricas sobre la Revolución Mexicana, Federico González Garza, Madero comentó: Como político he cometido dos graves errores que son los que han causado mi caída: haber querido contentar a todos y no haber sabido confiar en mis verdaderos amigos. A medianoche del 22 de febrero de 1913, Madero y Pino Suárez fueron sacados de Palacio Nacional para supuestamente trasladarlos, por separado, a la penitenciaría del que fuera el Palacio Negro de Lecumberri, hoy Archivo General de la Nación. Cecilio Ocón, un partidario de Félix Díaz, con un grupo de gendarmes, aparentó un ataque a los automóviles donde viajaban los prisioneros. En las cercanías del reclusorio, fueron bajados y asesinados por los agentes que los custodiaban. Fue el dramático fin de un gobierno elegido a través del voto y el inicio de la usurpación por Victoriano Huerta. Sobrevendrían nuevas y cruentas pugnas entre los revolucionarios para obtener el poder.

La fotografía 396 del acervo descrito, contiene un poema dedicado al apóstol de la democracia, que habla de esos fatales tiempos:

Al mártir./ Salve ¡oh mártir de una idea,/
Idea de luz y progreso;/ Como al mártir
de India,/ Te asesinó el retroceso!/ Pero
si quiso el tirano/ Ahogar en sangre tu
ideal,/ Se equivocó el inhumano,/ Torció
el camino el chacal!/ Porque dijo Víctor
Hugo/ En su lenguaje inmortal:/ “Si al
hombre, matarle plugo/ mata al cuerpo,
no al ideal.”

ERÉNDIRA HAYDÉE NEGRETE RÍOS ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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