El canto de la sirena
de Juan Soriano
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Juan Soriano
La sirena
1994
Acuarela y tinta sobre papel
23 x 27.5 cm
Inscripción: “Para Sumaya con todo mi cariño este recuerdo de Loreto. Juan”
Vamos, famoso Odiseo, gran honra
de los aqueos, ven aquí y haz detener
tu nave para que puedas oír nuestra
voz. Que nadie ha pasado de largo
con su negra nave sin escuchar la
dulce voz de nuestras bocas, sino
que ha regresado después de gozar
con ella y saber más cosas. Pues
sabemos todo cuanto los argivos y
troyanos trajinaron en la vasta Troya
por voluntad de los dioses. Sabemos
cuanto sucede sobre la tierra fecunda.
La Odisea, Canto XII
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Los ojos claros y profundos de Juan Soriano eran como los de un vidente. La primera vez que lo conocí platicamos sobre Adán y Eva, un lienzo que realizó en 1953 inspirado por una escultura. Hablaba con fluidez y con la alegría contagiosa de quien sabe reírse de sí mismo. Bastaba una ocasión para prenderse de su encanto. |
De un humor agudo como su inteligencia, nos legó muchas anécdotas, pintura y escultura. Tanto como la contemplación de su obra, escucharlo era un placer. Hoy nos reúne el homenaje a quien además del gran artista fue amigo queridísimo de los que aquí trabajamos y por eso hemos elegido una obra que pone de manifiesto al creador y al hombre.

La sirena
1994
Bronce con pátina verde
197 x 187.2 x 263 cm
No sabemos si nuestra pequeña Sirena es hermana mayor o menor de la que hoy domina la Plaza Loreto. Las dos fueron realizadas en 1994 aunque tres años antes surgió la primera versión en bronce que medía 43 centímetros de alto. La que se posa sobre un mar de papel fue dedicada “con todo su cariño” y “como recuerdo de Loreto” a la mujer que inspiró este lugar, Soumaya Domit de Slim.
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Juan la quiso muchísimo, nos dijo Marek Keller, y a ella le interesaba mucho este proyecto escultórico. Agrega que tanto él como Soriano visitaron con frecuencia la Plaza Loreto cuando los trabajos de restauración arquitectónica. Caminando, platicando y viendo cómo va a quedar, imaginándose: fue cuando la idea se hizo más concreta. Él quería que esta pieza estuviera en una fuente, porque debía tener un entorno acuático. Puede ser que en alguna de estas visitas [el dibujo fuera obsequiado].
La escultura monumental que corona la plaza recorrió muchos océanos para llegar a 1994. Su empresa inició en la adolescencia de Soriano. Hay un pasaje en que una sirena con estas características, con una voz extraordinaria –todas la tienen– desaparecía a los marineros porque iban tras el embrujo de su voz: era un encantamiento erótico. Odiseo le pone cera en los oídos a sus marinos para que no la escuchen, pero él no se taponea, quiere oírla, pero cauteloso se amarra al mástil para no ceder a la tentación. No la puede seguir, pero la oye. Esto fue lo que dijo a Raquel Peguero del periódico La Jornada en agosto de 1994.
Soriano no desafía al mito, escucha el canto y por largo tiempo, navega en él. A esta mítica mujer la encontró en los momentos relevantes de su vida. Marek cuenta que en los primeros viajes que hizo Juan a Polonia le gustó mucho que el emblema de la ciudad era una sirena. Esto le encantó. |
La de Varsovia es una sirena guerrera, tiene un escudo y algo que parece una espada. Es una figura de batalla, algo muy común en aquellas tierras y aunque Juan admiraba mucho esta imagen me contaba que le gustaría hacer una que fuera más mujer, como aquellas que eran medias aves. Entonces esa sirena nació entre pájaro y mujer. Aunque ya era un tema de sus primeros grabados. |
Desde 1940, en las ensoñaciones del pintor tapatío se integran el texto original de Homero y la imaginería occidental con su visión personal. Las primeras composiciones del joven artista despliegan varias figuras que entonan la voz y surcan el espacio. De los años noventa brota una sirena en soledad concentrada sólo en su poesía.
Es una representación sólida, madura, llena de fuerza expresiva. Nueva metamorfosis artística que Soriano revela con claridad. [...] he vuelto a la escultura. Por primera vez me han entusiasmado las formas monumentales. [...] En fin, en este período de mi vida me siento con el interés suficiente para emprender algunas experiencias que no había conocido en el pasado.
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La figura de papel, a diferencia de la de bronce, se posa sobre un océano estelar. Iluminada por una luna creciente de la que algunas estrellas parecen caer mientras otras se hunden en las olas cósmicas. Profundos ecos femeninos surcan la composición: la luna, el mar, la sirena y los de aquellas mujeres fabulosas, como dijera Carlos Monsiváis, las de su familia natural y las de la adoptiva: sus hermanas, María Zambrano, Lupe Marín, María Asúnsolo, y Lola Olmedo, que según sus palabras inspiró los pechos de la escultura. Son los más extraordinariamente bellos que he podido ver... desde mi óptica de artista1, dijo cuando se develó la obra en el noventa y cuatro.
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Juan Soriano
La sirena sirenas
1940
Lápiz y tinta sobre
papel
25.5 X 28 cm. |
Soriano me dijo una vez: las imágenes se me presentan de la manera más rara, lo que voy a dibujar o a esculpir no llega de golpe. Primero tengo que identificarme con la idea y después irla materializando. A veces si alguien me encarga algo y no encuentro la idea, prefiero decirlo y no hacerlo. A veces, las ideas vienen de los otros. Por ejemplo, si después de platicar contigo a mí me surge algo, yo te lo platicaría.
Desconocemos cómo llegó a él esta Sirena. Lo que es contundente es su pecho amplísimo con el que toma aire para lanzar con fuerza el encantamiento de su voz. Según el mito, en su canción está la vastedad del conocimiento, todo lo envuelve y lo transforma con su belleza.
Ulises escucha aunque elige no transitar por el camino del ensueño. Tú sí lo seguiste, decías que ibas tras la leyenda y que alcanzarla significaba la muerte. En eso te equivocaste. Hoy, querido Juan, tu canto como el de Orfeo se ha unido al de la sirena. |
He de morir, pero yo sé que ayer,
hoy y mañana, eterna entre las olas,
la sirena canta |
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Juan Soriano |
1 Entrevista realizada por Raquel Peguero a Juan Soriano.
2 Obra que aparece en el catálogo de la exposición Juan Soriano, Retrospectiva: 1937-1997, publicado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, España, p.p. 198 y 252. |
EVA MARÍA AYALA CANSECO |CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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