JULIO RUELAS Y SU SAVIA SIMBOLISTA:
108 AÑOS DE LA REVISTA MODERNA


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Julio Ruelas
 En la noche
1902
 Tinta sobre papel
30 x 45 cm.
Lustración para el poema de Jesús E. Valenzuela en:
Revista Moderna, segunda quincena de febrero, año V, no. 4, pag. 60



EL HOMBRE MÁS OSCURO

Julio Ruelas está enterrado en el cementerio de Montparnasse; había nacido en Zacatecas. La sepultura del mexicano fue decorada por un mármol de más de un metro de largo, pieza del discípulo de Jesús Contreras, Arnulfo Domínguez bello. Moría a los treinta y siete años. Una corta vida con una intensa obra.

Después de estudiar en la Ciudad de México partió a Alemania a principios de 1882, miró con atención la obra de Arnold Böcklin (1827-1901) y la corriente jugendstil del Art nouveau. Contemporáneo en existencia y propósitos plásticos, se convirtió en un autor vanguardista a lado de ángel Zárraga, Diego Rivera y Roberto Montenegro, pensionados en Europa. Su personalidad lo distinguirá como único para la historia del arte mexicano con una pieza inquietante para el fin de siglo XIX: La domadora. Una mujer –cortesana desnuda, dice Fausto Ramírez–, con medias negras hasta los muslos, sostiene en las manos un látigo. Un cerdo corre alrededor de ella mientras que un mono es testigo del evento. Una verdadera ronda que remite a lo carnal y sus excesos.

Taciturno, solitario, irónico, prototipo de la bilis negra, para Teresa del Conde. Decadentista de buena cepa, hombre finisecular, efectivamente Julio Ruelas dio cauce a su opinión sobre el tiempo que le tocó vivir a través de una crítica mordaz. Dufoo, director de la revista Azul junto con Manuel Gutiérrez Nájera, solía decir: Nuestra generación es una generación de tristes. Bohemio, era de esperarse que en territorio germano, impregnado por el Simbolismo, el artista se manifestó como desesperanzado. Del Conde reseña una carta que Ruelas mandó a su hermano durante la estancia en Alemania donde escribe desde Karlsruhe: jamás me hubiera figurado que llegaría a ser algún día el hombre más oscuro de esta ciudad. Su muerte temprana de tuberculosis lo confirma en definitiva como romántico de singular creación.



Julio Ruelas
 La domadora
1897
 Óleo sobre cartón
15 x 19 cm.
 Col. Museo Blaisten

 

Hacia el final de su vida gusta de expresarse mediante el grabado y las tintas. En parís llegó a dominar la técnica del aguafuerte con la guía del maestro francés José María Cazin. Muy admirado es su óleo Pierrot doctor (1898); muy citado el fortísimo autorretrato La crítica (1907) y el llamado “capricho al óleo”, Entrada de don Jesús Luján a la Revista moderna (1904) –donde el pintor se representa como una sátiro ahorcado, signo del artista en la modernidad. Muy apreciadas las ilustraciones que realizó para una importante publicación que difundía lo más granado de las letras de ese tiempo en una de las principales metrópolis líricas del orbe hispanoamericano: la Revista moderna.


EL SIMBOLISMO Y LA REVISTA MODERNA

Estrechamente relacionado con el Simbolismo de los poetas  franceses –con Baudelaire como epígono–, se desarrolló en Europa en la década de 1880 el movimiento plástico del mismo nombre. Gustave Moreau (1826-1898) será uno de sus más grandes artífices. Esta corriente artística tuvo como asuntos recurrentes el religioso, el erótico, la representación de la muerte, la enfermedad, lo grotesco y el pecado.

En latinoamérica se conoció como Modernismo. Todos nuestros pintores simbolistas estuvieron muy de cerca de la literatura. Zárraga es un buen ejemplo que además de en el lienzo, incursionó con cierto éxito en la poesía.

Azul había dejado de publicarse hacia 1896. Amado Nervo, José Juan Tablada y Jesús E. Valenzuela fundaron la Revista Moderna de Arte y Ciencia. Sus dos épocas comprendieron de 1898 a 1911. A la primera pertenece la obra En la noche.

VERBO Y GRACIAS. El POEMA Y LA IMAGEN

En la noche

¡Ay! roto ya de la esperanza el broche,
ansié la muerte, la búsqueda yo mismo;
y á las negras orillas del abismo,
me habló Jesús en medio de la noche.

Alada brisa que en la sombra salta,
me dijo así su voz: aliento cobra,
valor para la muerte es lo que sobra,
valor para la vida es lo que falta.

Y un estremecimiento entre el follaje
(de hojas y aves) murmuró a mi oído
las notas de un cantar nunca aprendido
en las largas etapas del viaje.

Y en reversión hacia la edad primera,
á la voz inefable del maestro,
escuché en mi redentor el padre nuestro
que repetía la natura entera.

No fue su voz la dura del reproche,
sino dulce de amor y de ventura;
así en mis fuertes horas de amargura
me habló Jesús en medio de la noche.

JESÚS E. VALENZUELA

La tinta de Julio Ruelas sirvió de portada para el poema de Valenzuela (1856-1911). Será uno de los muchos escritos de sentimiento espiritual del que fuera en ese tiempo también director de la revista.

La serie que ilustró estos poemas comparte características formales. Los temas difieren. El zacatecano propuso como sello de su estética los motivos macabros, siniestros, o por lo menos melancólicos, como las ilustraciones a tinta y gouache que realizara para la traducción a El cuervo de Edgar Allan Poe. En la noche, un espléndido dibujo hace aparecer una imagen que es además altamente ornamental.

Julio Ruelas
La crítica
1907
Aguafuerte
19 x 15 cm.
Museo nacional de Arte, CONACULTA-INBA

 

Como negras orillas del abismo, al poema le vino bien el correcto oficio del dibujante que expresa con el delineado un paisaje excéntrico que exalta la emoción que causa el contraste del blanco y negro. Así, un hombre prototipo del personaje romántico con capa y sombrero negro, escucha las palabras de Jesucristo. La escena podría verse costumbrista a no ser por la caligrafía que Ruelas imprime en los ramajes que dan marco a los protagonistas, de un complejo diseño cercano al Art nouveau. La imagen da cuenta de un autor y su gesto plástico enraizado en una nueva mentalidad artística.


MÓNICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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