Salvador Novo:
el Oscar Wilde Mexicano


 

Gracias, Señor, porque me diste un año
en que abrir a tu luz mis ojos ciegos;
gracias porque la fragua de tus fuegos templó en acero el corazón de estaño

Gracias, Señor
SALVADOR NOVO



Anónimo

Anillo
Siglo xx
Amatista montada en plata
3.2 x 2.9 cm
Fondo DCXX Salvador López Antuñano
Donado por la familia Pérez Jácome
 


Anónimo
Anillo
Siglo XX
Granate montado en plata
3.5 x 3 cm
Fondo dcxx Salvador López Antuñano
Donado por la familia Pérez Jácome



Trabajo oriental

Anillo
Siglo XX
Plata
3.5 x 4.5 cm  
Fondo DCXX Salvador López Antuñano
 Donado por la familia Pérez Jácome

Se puede decir que Salvador Novo, sin ser un escritor popular, sí es un secreto a grandes voces, y que, además, el personaje se ha implantado como paisaje de época y celebración de lo marginal. Con estas palabras de Carlos Monsiváis recordamos al ensayista, dramaturgo, historiador, traductor y poeta: Salvador Novo López.

Hijo de Andrés Novo Blanco –perseguido por las huestes de Francisco Villa– y Amelia López Espino, el entrañable pilar de las letras mexicanas del siglo XX nació un 30 de julio de 1904 en la Ciudad de México, sitio al que le dedicó maravillosas crónicas. Aunque Torreón se disputa su nacimiento, tradicionalmente se le considera oriundo de la capital que se convirtió en el escenario de su producción y fue testigo de su muerte el 13 de enero de 1974.

Entre los seis y doce años, el joven Salvador, en una segunda estancia en Torreón, se acercó por primera vez a la poesía. La investigadora Nadia Contreras en su ensayo Salvador Novo y el erotismo de Espejo y Nuevo amor, menciona que la cercana relación con el hermano de su madre determinó su futuro. Víctima de las balas revolucionarias, su tío le otorgó la mejor de las herencias: una biblioteca.

Cursar los últimos años de primaria en un colegio exclusivo para mujeres, marcó su vida. Germán Martínez afirma: [...] la curiosidad por la literatura y por el sexo se verá caracterizada por la duda y la incertidumbre.

Después de abandonar la escuela de Leyes en la Universidad Nacional de México, la inquietud por el arte invadió a Salvador Novo y su acercamiento a la Facultad de Filosofía y Letras fue definitivo. Desde 1920 colaboró en revistas literarias. Fundó con Jaime Torres Bodet la Falange y en 1924 se convirtió en uno de los redactores de Lecturas clásicas para niños. De 1927 a 1928 dirigió con Xavier Villaurrutia la revista Ulises, que inició en México la modernidad literaria. Más adelante, escribió en Contemporánea, que dio nombre al grupo que fundó, junto con Carlos Pellicer, José Gorostiza, Enrique González Rojo, entre otros.

Como indica Guadalupe Granillo, Villaurrutia y Novo sobresalen por su clara voluntad vanguardista, y por la variedad de sus intereses literarios. Carácter experimental y renovador de la lírica nacional, como consecuencia de los primeros estilos del siglo XX.


DISTINTIVO MÍTICO:
IRONÍA, TRASGRESIÓN Y VANGUARDIA

Los que tenemos una mirada culpable y amarga
por donde mira la Muerte no lograda del mundo […]
porque no podrá nunca cerrarse sobre los anillos de oro
ni entregarse como una antorcha sobre los horizontes
                                                             del Tiempo
en una noche cuya aurora es solamente este mediodía
que nos flagela la carne por instantes arrancados
                                                          a la eternidad.
[…] hemos llegado al litoral de los siglos que pesan
sobre nuestros corazones angustiados […]

    Elegía (fragmento)
SALVADOR NOVO
 


Del archivo documental más completo del escritor, el Centro de Estudios de Historia de México condumex conserva estos testimonios, que dan cuenta de la crítica que hiciera Emmanuel Carballo de Novo, en Protagonistas de la literatura mexicana


[…] es un ser que llama a las cosas, por prohibidas que éstas sean, por su nombre de pila […] De ahí su apabullante presencia […] cuando aparecía en un salón, dictaba una conferencia, asistía a un recital, se encontraba en un café, o irrumpía en el teatro e incluso en el escenario mismo, no había otra cosa que ver, que sus ojos reflejados en sus excéntricos anillos.


El especialista Manfred Luke en El mensaje de los símbolos indica que: […] en el círculo pueden representarse tanto el tiempo como la eternidad. Desde el mítico Egipto, el anillo simbolizaba el ciclo de la vida y la muerte. Algunos textos chinos del budismo Mahayana hablan de la iluminación redonda, un aro que se engarzaba como referente del cosmos entero. Unión con lo divino, el anillo sella el matrimonio místico, y es el distintivo de la persona, como depositaria del conocimiento masónico y de los secretos alquímicos

Para Salvador, no eran desconocidos estos significados, y adoptó no sólo un aro cósmico en el dedo anular como los sacerdotes antiguos, sino varios para enfatizar, como explica Teresa Madrigal: aquel gusto por el escándalo Novísimo. El barroquismo de su vestimenta juega con lo florido de su lenguaje. Once anillos elaborados con los más diversos materiales, son resguardados en el fondo DCXX, Salvador López Antuñano.

 

Anónimo
Anillo
Cerámica huasteca del periodo clásico (1-900); plata del siglo XX 
Cerámica montada en plata | 3.8 x 3.3 cm Fondo dcxx Salvador López Antuñano
Donado por la familia Pérez Jácome


Se distingue, donde el gusto por lo exótico palidece ante la identidad mexicana, una figurilla antropomorfa de cerámica de la cultura huasteca, que perteneció al clásico mesoamericano, y ahora montada en plata, explica lo que la investigadora Lila Xicoténcatl decía:
Novo “nacionaliza” el humor de vanguardia […] Manifiesta la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el paisaje […] Rescata además el carácter de la tierra, de lo que es nuestro, de conciencia nacional

Otro aro que ostenta una pieza poblana quizá del siglo xv, dio nuevos significados al alabastro prehispánico. Este anillo perteneció al fundador de la Capilla, centro experimental que llevó al arte dramático mexicano a indagar, como sostiene el performancero Pancho López: en el happening y la relectura de los clásicos griegos, así como en las obras de autor


Más que vestuario o utilería, sus anillos acompañaron a Novo en cada momento. Entre 1946 y 1952, dirigió el departamento de teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ahí, el entonces alumno Miguel Echeverría, hoy director el grupo Epidaurus, recuerda en entrevista otorgada a Museo Soumaya.

Sus anillos eran inconfundibles. Tenía uno muy gracioso, un conejito de cristal [de roca] que era uno de sus preferidos […] Pero también uno que no sé muy bien de qué era, pero recuerdo que yo fui el culpable para que se desportillara […] En un ensayo general, después de días de ensayar y ensayar, la noche anterior al estreno, me fui a emborrachar con la actriz principal […] llegamos tarde y a mí se me olvidó una entrada […] fue tal el enojo que subió enfurecido don [Salvador Novo] Estaba rojo, nunca lo había visto así, o por lo menos no conmigo […] Ya en el escenario

 

me dijo: ” ¡Agáchate y muéstrame el culo!” […] En ese momento se me nubló la vista. ¡Vi estrellitas! Después supe que me rompió el bastón en la espalda y uno de los anillos que llevaba se rompió del golpe […] Aún así, fue mi gran maestro. Un gran director.

Anónimo
Anillo
Siglo xx
Cristal de roca montada en plata
4.5 x 3.7 cm
Fondo DCXX Salvador López Antuñano
 Donado por la familia Pérez Jácome


Salvador Novo, con esa sed de otredad, que también es el erotismo, exploró el Oriente y los diseños indios. Vio en el cuarzo tornasol o el vidrio verde de forma ovoidal, el sostén de plata, como diría él mismo, de brazos seductores que inflaman la pasión oculta.


Cada anillo se convirtió en un arma contra los ataques de sus múltiples detractores, y emblema de libertad para el escape de los sueños prohibidos que inspiraron a Luisa Josefina Hernández a escribir Historia de un anillo, en 1961. Cada argolla anuncia la sensualidad de sus versos:

     Amar es ese tímido silencio
     cerca de ti, sin que lo sepas,
     y recordar tu voz cuando te marchas
     y sentir el calor de tu saludo.

Anónimo
Anillo
Siglo XX
Piedra verde montada en plata
5 x 4.5 cm
Fondo dcxx Salvador López Antuñano
Donado por la familia Pérez Jácome

 

La personalidad controvertida y llena de pasión del intelectual, forjó con excepcional valentía los nuevos derroteros de la literatura. Como apunta la crítica Josefina Caballero:
 [El]
cinismo y el descaro en la defensa extraordinariamente inteligente de su derecho a la diferencia, hicieron de Novo, el Oscar Wilde mexicano.
Carlos Monsiváis en entrevista para La Jornada apuntó en el marco del centenario del nacimiento de don Salvador:




Anónimo
Anillo
Siglo xx
Pirita montada en plata
4.5 x 4 cm
Fondo DCXX Salvador López Antuñano
Donado por la familia Pérez Jácome

Anónimo
Anillo
Sin fecha
Cerámica montada en plata
 5.3 x 3.5 cm
Fondo dcxx Salvador López Antuñano
Donado por la familia Pérez Jácome


Y ni todos los anillos, ni todas la pelucas, ni todos los sonetos de la normalización de la burla de sí, evitan la admiración por una obra, y el interés por una vida que dista de ser ejemplar pero desde una perspectiva a la que todavía se sustentaba hace 20 años. […] El gran legado es lo que el concepto ‘’Salvador Novo” engloba: una prosa enérgica, divertida, renovada, barroca; una poesía de múltiples facetas; una mirada sobre la ética liberal en el país del capitalismo salvaje sin conciencia de culpa; un testimonio único sobre la condición gay en el México de la primera mitad del siglo xx (su crónica autobiográfica La estatua de sal y sus sonetos en contra y a favor de sí mismo); una actitud de desafío que mantiene casi intacta por tres décadas; una poesía de la confesión aparente y del orgullo al cabo de todas las proclamaciones de derrota. Y a esta enumeración del legado, agréganse las vivencias de cada uno de los lectores.


Así, despedimos un año y le damos la bienvenida al siguiente recordando los entrañables versos del Premio Nacional de Literatura de 1967:

            Un año más sus pasos apresura;
            un año más nos une y nos separa;
            un año más su término declara
            y un año más sus límites augura.

            Un año más diluye su amargura;
            un año más sus dones nos depara;
            un año más, que con justicia avara
            meció una cuna, abrió una sepultura.

            ¡Oh! dulce amigo, cuya mano clara
            en cifra de cariño y de ternura
            la mía tantas veces estrechara!

            Un año más el vínculo asegura
            de su noble amistad, alta y preclara.
            ¡Dios se lo otorgue lleno de ventura!


ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN


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