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Es
posible que el artista haya trabajado en su taller de la Ciudad
de México la mayoría de sus pinturas; los cuatro
arcángeles del coro de Santo Domingo en Oaxaca exhiben
la inscripción Jph de Páez fecit en Mexico. Sus
obras se encuentran en muchos lugares de nuestro país,
en Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco, San Luis Potosí,
Oaxaca y Ciudad de México. En general, tuvo encargos
de una gran cantidad de imágenes religiosas para las
distintas órdenes del virreinato de la Nueva España
–el más rico de la corona– y para la sociedad,
escudos de monja, retrato y pintura de castas. No se sabe si
el artista viajó fuera, aunque sí se conoce la
fama de su trabajo dadas las obras que de él existen
en Venezuela, Guatemala y Perú. En estos lugares trabajó
en su mayoría para los betlemitas.

SAN IGNACIO DE
LOYOLA
RODEADO DE SANTOS JESUITAS
El
reconocimiento social que gozaban los jesuitas en la Nueva España
tenía una larga historia. Los primeros fueron enviados
a la Nueva España en 1572 con el propósito de
fundar colegios. En ellos, los aristócratas novohispanos
y miembros de todas las castas, fueron educados desde los primeros
niveles hasta la universidad, la orden tuvo un papel relevante.
Había en el siglo XVIII en la Nueva España veinte
colegios de la Compañía de Jesús distribuidos
a todo lo largo de su territorio, desde Mérida hasta
Chihuahua.
Las
composiciones de grupos de jesuitas reunidos ante la Virgen
o Cristo son más comunes en la estampa que en la pintura,
se nota que la persona que realizó el encargo a Páez
solicitó que en él aparecieran las figuras principales
de la orden, protegidos por la Inmaculada Concepción
y el Niño Jesús. Sobresalen en la obra san Ignacio
de Loyola y san Francisco Javier, conocidos como los soles gemelos
de la Compañía de Jesús [Societatis Jesu
Soles gemini]. Ambos usan vestimentas para oficiar.
Frente
calva, nariz aguileña y barba mal rasurada, detalles
del rostro de Ignacio de Loyola que Alonso Sánchez Coello
popularizó en un retrato póstumo del santo realizado
con base en una máscara mortuoria. Como fundador de los
jesuitas se muestra al centro y sostiene un libro con la divisa
de la orden, Ad Maiorem Dei Gloria –A la mayor gloria
de Dios– y Regule Societatis Jesu, la regla de la Compañía.
Ignacio
conoció a Francisco Javier en la Universidad de París
y fue uno de los siete con quien fundó la orden. El santo
de Loyola lo envió a predicar en India, Japón
y China, y debido a su éxito en la evangelización,
san Francisco Javier fue conocido como el gigante de las misiones.
La
Virgen Inmaculada y el Niño tienen esta belleza suave
y luminosa que a Couto y Toussaint les parece dulzona en la
pintura de Páez. A favor del pintor, Romero de Terreros
afirma que su arte revela cierta facilidad del pincel. Acompañan
a la madre y al hijo celestial, una corte de ángeles.
Hincado a la izquierda
y venerando un crucifijo aparece san Luis de Gonzaga, a sus
pies una corona, a la cual renunció en favor de su hermano
dada su decisión de llevar vida monacal. Está
vestido como novicio debido a que murió muy joven. A
sus pies, otro de sus atributos, el lirio de la pureza.
San Estanislao de Kostka
está orando de rodillas con el rostro hacia el cielo;
arriba de él la Virgen, quien se apareció al muchacho
en diversas ocasiones.
Del
lado izquierdo de Ignacio de Loyola está Francisco de
Borja, tercer general superior de la orden, quien envió
a los primeros jesuitas a la Nueva España. Páez
lo representó sosteniendo su atributo principal, una
calavera coronada, que simboliza la decisión que tomó
de renunciar al mundo cuando observó el cadáver
de la reina Isabel.
Detrás
de Francisco Xavier, sostiene su crucifijo San Juan Francisco
Regis, el patrón de las misiones populares que trabajó
en las ciudades con las clases menos favorecidas y que logró
un gran número de conversiones entre los protestantes
franceses.
A
espaldas de los santos, tres jesuitas con palmas en las manos,
representan a mártires de la orden. Marcus Burke, afirma
que es probable que el pintor se basara en los grabados del
flamenco Schelte A. Bolswert. En pocos centímetros, Páez
plasmó las figuras principales de la Compañía
de Jesús, fundamental en la Contrarreforma y en la conformación
de la patria criolla.
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Al cierre de la presente edición, la Dra.
Clara Bargellini recomendó se continuara con la investigación
de esta obra. En este momento se realiza dicho estudio, cuyos
resultados se publicarán en el futuro.
EVA
MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
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