La mano de Dios:
Origen y fragmentación



Auguste Rodin

La mano de dios
C. 1894
bronce con pátina cafè
119.1 X 82.2 X 81.5 cm
EL CUERPO HA SIDO CONSIDERADO EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE LA REPRESENTACIÓN DEL UNIVERSO EN PLENITUD. DURANTE EL HUMANISMO, LEONARDO DA VINCI YA HABÍA PLASMADO LA OBRA PERFECTA DE DIOS A PARTIR DE SU FAMOSO HOMBRE DE VITRUBIO, PUES EMULANDO AL ESCRITOR DEL PRIMER TRATADO DE ARQUITECTURA ANTIGUA, SU DIBUJO REPRESENTÓ CON CÁLCULOS PRECISOS, EL CANON DE HERMOSURA EN LA NATURALEZA. ESTA PREOCUPACIÓN DE LOS MAESTROS DEL RENACIMIENTO, CONTINUÓ A TRAVÉS DE LOS SIGLOS Y LOS ARTISTAS DECIMONÓNICOS DIERON NUEVAS LECTURAS.

Aunque pudieran resolverse todos los enigmas de la tierra y callasen los últimos velos del cosmos, Dios no perdería nada de su grandeza. Su ser no puede describirse en el espacio y en el tiempo: Él es para nosotros –según la fórmula de Job bíblico– “grande y desconocido” (Job 36, 26) Manfred Lurker, El mensaje de los símbolos

Como afirma John L. Tancock, Auguste Rodin reveló cómo una imagen podía ser totalmente expresiva aunque le faltaran casi todos los rasgos distintivos que demandaba el gusto académico de entonces. De este modo, trabajó en cabezas, torsos, pies y sobre todo manos. Esta síntesis se aprecia en esculturas como El secreto o La catedral. No obstante, derivada de su interés por temas bíblicos, La mano de Dios es quizá uno de los más bellos ejemplos de su etapa madura, en la década de los 80's del siglo XIX.

La obra se originó a partir de su experimentación con los fragmentos de los Burgueses de Calais, tal vez de su estudio sobre Pierre y Jacques de Wiessant. De acuerdo con Irene Korn en Auguste Rodin. Maestro en escultura, la pieza está temáticamente ligada a La Puerta del Infierno. Las formas contenidas en la estructura inicial de la entrada para el nuevo Museo de Artes Decorativas de París comenzaron a rebasar los límites originales y obras como Eva, Adán o Las tres sombras fueron concebidas por Rodin, piezas acabadas o esculturas exentas que por su contundencia formal exigían vida propia.

Aunque en dos de sus maquetas fue contemplada como parte del proyecto, Tancock prefiere catalogarla como obra posterior y en unión con la controvertida Mano del diablo, también conocida como Demonio o Espíritu demoníaco, de la cual emerge una Eva.


EI arte no es más que sentimiento. Pero sin la ciencia de los volúmenes, de las proporciones de los colores, sin la dirección de la mano, el sentimiento más vivo se paraliza.
Testamento de Rodin, fragmento
Auguste Rodin
La Catedral
Ca. 1908
Bronce con pátina café y verde
63 x 30 x 30 cm


El escultor daba varios nombres a sus obras. Así, La mano derecha, La gran mano derecha, Dios o El Creador son algunas de los primeros títulos para esta magnífica escultura.

Mientras que Rodin representó a Dios con una mano derecha, símbolo de poder, fuerza, coraje y triunfo, al príncipe de las tinieblas lo plasmó a través de una mano izquierda, que remite a lo ambiguo, engañoso, falso y débil.

Así, el fragmento del cuerpo se convertía en un microcosmos sagrado y simbólico. De la mano del Creador apoyada sobre una gran roca, emergen en remolino dos figuras: el primer hombre y la primera mujer. Con esta sublime interpretación del Génesis, Rodin mostró, en piedra y después en metal, a la fuerza primera.

En un profundo beso Adán y Eva, a la vez, que surgen, se unen. Los cuerpos nacen de la materia, ahí donde el mármol y el bronce perdieron su dureza.

Memoria quizá de símbolos medievales, de los libros de iluminación, que mostraban al Todopoderoso como una mano que emergía de elaboradas nubes. Es probable que Rodin retomara la piedra filosofal, que representa la purificación de la materia.


Henri Bergson escribió: Representa el momento fugaz de la Creación, que nunca se detiene; ese es el sentido genial de Rodin, donde él mismo es una eterna fuerza creadora. Él que vive en la intención, vive libre, vive creando, vive como un Dios.

Las obras de Rodin están cargadas de su profundo conocimiento de las pasiones humanas: Que la Naturaleza sea su única diosa. Tengan en ella una fe absoluta. Estén ciertos de que jamás es fea y limiten su ambición a serle fiel. Todo es bello para el artista, pues en todo ser y en cada cosa, su mirada penetrante descubre el carácter, es decir, la verdad interior que se transparenta bajo la forma. Y esta verdad es la belleza misma. Estudien religiosamente: no podrán dejar de encontrar la belleza, porque se encontrarán con la verdad.

Testamento de Rodin, fragmento.


Auguste Rodin

Pierre de Wiessant
Ca. 1884 - 88
Bronce con pátina café
44.7 x 15 x 16.5 cm

ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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