El crepúsculo de un
Sueño Imperial
  CONDUMEX EN MUSEO SOUMAYA

EN 1866, DURANTE SU ESTANCIA EN EUROPA, LA EMPERATRIZ DE MÉXICO, CARLOTA AMALIA AGUSTINA VICTORIA CLEMENTINA LEOPOLDINA [...] SE CREÍA ESTAR RODEADA POR ESPÍAS DE NAPOLEÓN Y TRAIDORES QUE LA HABÍAN ENVENENADO [...], SIN EMBARGO, ESOS TEMORES ERAN PRODUCTO DE SU ALTERADA SALUD MENTAL Y ENTORPECIERON EL MOTIVO DE SU VIAJE: SUPLICAR LA AYUDA QUE PERMITIESE SOSTENER EL CADA VEZ MÁS DÉBIL SEGUNDO IMPERIO MEXICANO.
Carta manuscrita de Joaquín Velázquez de León, dirigida a Ignacio Aguilar y Marocho, de fecha 12 de octubre de 1866, acerca de los trastornos mentales que sufriera la emperatriz Carlota. El documento pertenece al fondo IXI, legajo 894, del Centro de Estudios deHistoria de México CONDUMEX.

EL OTOÑO DEL EFÍMERO RÉGIMEN

Entre las condiciones geopolíticas internacionales que influyeron en el decaimiento y fin del régimen, destaca que Napoleón III –quien había apoyado la invasión e intervención francesa en México– estaba en guerra contra Prusia; el Imperio de Maximiliano de Habsburgo no tenía recursos suficientes pues los préstamos internacionales habían sido limitados, gravosos y tardíos; tampoco había una gran producción en México ni estabilidad para crearla: los pocos recursos se obtenían de las aduanas y mantener la corte y el ejército era muy oneroso para los exiguos medios del Imperio.

Napoleón III informó a Maximiliano que para el otoño de 1866 empezaría el retiro de las tropas francesas. En México los republicanos, alentados por esa noticia, empezaron a fortalecerse y a vencer a los imperialistas. Estados Unidos de América se había declarado neutral en el enfrentamiento porque estaba en su guerra de Secesión, pero al terminar ésta, el presidente Andrew Johnson manifestó su oposición al Imperio de Maximiliano y su simpatía al gobierno republicano de Juárez. Los estadounidenses advirtieron a Francia que las hostilidades contra México serían consideradas un acto de guerra y no permanecerían neutrales; así, se modificó el retiro de las tropas francesas y belgas, por temor de que si era gradual las últimas quedasen comprometidas.


UN VIAJE SIN RETORNO

La familia imperial de México estaba por sufrir uno de sus peores infortunios, pues la estabilidad emocional de la emperatriz había empezado a decaer... En agosto de 1866, Carlota estaba en París, entrevistándose con Napoleón III y Eugenia de Montijo, quienes habían auspiciado el fallido régimen, y dos meses después, se encontraba en Roma, en audiencia ante el Papa Pío IX.

Dos hombres que formaron parte en 1864 de la comisión ante la cual Maximiliano de Habsburgo firmó los Convenios de Miramar, en que aceptó el trono de México, son autor y destinatario de esta carta manuscrita: el ministro Joaquín Velázquez de León la dirige a Ignacio Aguilar y Marocho, uno de los conservadores que propiciaron la instauración del Segundo Imperio de México. La resguarda el archivo del Centro de Estudios de Historia de México Condumex, en el fondo IX-I, legajo 894.


Carlota no pudo retornar a México ni a la cordura tras el viaje que había emprendido. Desde 1866 vivió encerrada, primero en el castillo de Laeken, donde había nacido, y luego en el de Bouchout, cerca de Bruselas, hasta su muerte en 1927.

En la misiva, con fecha 12 de octubre de 1866, Velázquez de León informa a Ignacio Aguilar de la salud mental de la emperatriz: [...] En la mesa estuvo violenta y no tomó ni el helado ni el café hasta que nos habían servido a todos [...] Después nos hizo salir a todos los hombres a otra sala y quedó sólo con su Dama y mis sobrinas. [...]1

Por el puesto político que Velásquez de León tenía en el gabinete, advertía las complicaciones que se presentaban durante la estancia de la emperatriz en Roma, quien desconfiaba incluso de las personas más cercanas a ella: [...] Encontré al Cardenal afligido porque Su Majestad la Emperatriz no quería volver al Hotel hasta que salieran de él tres personas de su séquito, que designó, y que decía la habían envenenado, y a quienes quería se encarcelaran; entre ellas, estaba el médico Austriaco que trajo de México y la camarera también austriaca, que hace ocho años la asiste teniendo siempre su confianza. [...]

Sin embargo, la exaltación de espíritu de Carlota no era permanente, pues se alternaba con períodos de lucidez: [...] Cuando... no tocaba la idea fatal de envenenamiento discurría muy bien y nadie sin antecedentes habría advertido el trastorno. A mí nada me habló de tan terrible idea, pues en el Vaticano no la ví, ni tampoco después me habló nada de eso, y al contrario siempre acorde... No obstante... Los médicos habían opinado por la necesidad de que cuanto antes la Emperatriz saliese de Roma por la influencia sobre los nervios [...]

Carlota no pudo retornar a México ni a la cordura tras el viaje que había emprendido. Desde 1866 vivió encerrada, primero en el castillo de Laeken, donde había nacido, y luego en el de Bouchout, cerca de Bruselas, hasta su muerte en 1927. La emperatriz, quien había sido educada para gobernar, no pudo ejercer a plenitud su poder en el Segundo Imperio de México. Es paradójico que la ayuda política y económica que imploró en vano en el Viejo Continente, no la necesitase años más tarde, cuando las herencias familiares la convirtieron en una de las mujeres más ricas del mundo, pero de ese patrimonio tampoco pudo disponer, ya que debido a su estado de salud se le impidió el completo goce de sus derechos.


MONSERRAT UGALDE BRAVO, ERÉNDIRA HAYDÉE NEGRETE RÍOS

1La paleografía del documento es literal y es autoría de quienes escribieron este artículo.

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