UN HALLAZGO DE MUSEO SOUMAYA

La adoración de los pastores, de Giorgio Vasari


Giorgio Vasari
La adoración de los pastores

c. 1554
Óleo sobre piedra 51 x 44 cm

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En enero de 2004 llegó a Museo Soumaya una pieza descrita como lámina de metal atribuida a Giorgio Vasari: La Natividad con la adoración de los pastores. Tras un análisis, un año más tarde se advirtió que esta espléndida obra en piedra es la que el célebre artista nombrara La Natividad de Cristo, según consta en un documento de 1554, en que el propio maestro expresó
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  […] Yo recuerdo que realicé una pequeña pintura en piedra de la Natividad de Cristo, la cual regalé a mi Señora Gostanza de Medici, esposa del conde Vgo, e hija de mi Señor Ottaviano de Medici. Valuada en 10 [ducados].





Filippino Lippi
La Virgen y el Niño con san Juan Bautista

c. 1502-1504
Óleo sobre tabla 62 x 49 cm


UN TESTIMONIO LUMINOSO

En Occidente la llegada del Mesías se celebra el 25 de diciembre, mientras que para la Iglesia de Oriente, el 6 de enero. Las fechas se recogieron de los rituales egipcios y griegos durante el solsticio de invierno y las ofrendas de antorchas que anunciaban el origen del tiempo nuevo. La natividad ha tenido innumerables representaciones desde la primera mitad del siglo IV. La fiesta más esperada y poética del año litúrgico cristiano, celebra el nacimiento del hijo de Dios. Recuerda cómo en la humildad, Jesús se manifestó ante los hombres como la luz redentora que irrumpió en el silencio de la nocturna oscuridad del mundo.

La adoración de los pastores de Giorgio Vasari tiene estrecha relación con el fresco del Convento de Santa Margarita, en Arezzo. Según el catálogo completo del maestro, que publicó en 1989 el estudioso L. Corti, hay grandes similitudes entre ambas composiciones: un grupo de ángeles presenta al Hijo de Dios; la figura de la Virgen vuelca su mirada al
Salvador mientras san José se arrodilla tras ella con mirada atónita. Las dos piezas siguen un dibujo del mismo autor que resguarda la Galleria degli Uffizi (inventario 1274 F), antes en el acervo de Michel Gaud.

La escena invita a los fieles a meditar en el misterio de la Encarnación. El artista plasmó en los pastores actitudes muy humanas. Mientras unos escépticos discuten la manifestación del Todopoderoso, otros más se inclinan, llevándose la mano al pecho con piedad y veneración; el hombre cercano a María proyecta su mano como símbolo de la revelación del Redentor en la tierra, a través de un estupendo escorzo.

La piedra fue el soporte que el artista eligió para la obra, hoy en México. A partir de una delgada capa de preparación, el óleo adquirió interesantes matices. Con esta técnica Vasari logró una mayor profundidad de planos y acentuó la luminosidad que proviene del recién nacido. Esta forma de pintar con aceite la llevaron a magníficas consecuencias tanto el Barroco como el neoclásico en los llamados Cristos de la luz.

El pasaje del Evangelio de Lucas 2,14 es retomado para un himno de alabanza compuesto en el siglo II; lo recomendaban como oración matutina, y para el siglo V ya era parte de la celebración litúrgica. Son las palabras con que el ángel anunció a los pastores el nacimiento de Cristo: Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis. Es el mensaje de la natividad que nos sigue dando luz. Con la revelación de una bellísima obra del humanismo italiano despedimos un año más y cantamos un verso popular: Quedo, muy quedo,/ quedo quedito./ Entremos quedo, pa’ que no se despierte el Niño,/ que siendo de noche, debe estar dormidito



ERÉNDIRA HAYDÉE NEGRETE RÍOS ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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