El juego:
volar sin alas
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Trabajo mexicano
Juguete con representación de un personaje masculino
Talla en madera policromada con incrustaciones en vidrio
Último tercio del siglo XVIII
20.4 x 12.5 x 8 cm

Cuando Voltaire dijo ningún libro, por voluminoso que sea, instruye tanto como el teatro se olvidó de la primera y más efectiva forma de aprendizaje del hombre: el juego. Testigo de la infancia, crea un espacio intermedio entre lo que está afuera y lo que está adentro, y en él, la recreación idílica del mundo sin sus peligros: se puede padecer una enfermedad sin morir, ser diferente y así comprender al otro, aprender sobre el mundo adulto, imitar a un personaje admirado.

Desde los primeros tiempos, los juguetes han sido aliados del juego y la educación. Entre ellos, los muñecos y la pelota son los más antiguos. Desde la Edad Antigua se realizaban muñecos de marfil y hueso, y durante la Edad Media, los materiales más utilizados fueron la madera y el trapo. En la Europa del siglo XVII, la creación de juguetes de madera, de ser una artesanía rural creció de tal forma que se volvió un oficio agremiado.


Juguetes y juegos Novohispanos
Desde tiempos de la colonia los titiriteros ambulantes, cargando sus muñecos y sus teatros portátiles, deambulaban de pueblo en pueblo, dando sus espectáculos en los mesones, en los patios de vecindad o al aire libre. ANGELINA BELOOF

En la Nueva España las festividades religiosas y civiles fueron los motivos principales para la fabricación de juguetes: muñecos de madera, muñecas con vestidos de tela y trapo, trompos, espadas de cartón, máscaras, piñatas, matracas y soldados. Entre las rimas cantadas, como la Rueda de san Miguel, que data del siglo XVI, el Pipis y gañas conocido en esa época como Pez pecigaña, los niños novohispanos jugaban con sus hermanos mientras sus madres se dedicaban a labores cotidianas, como la costura o la música. Las azoteas eran los lugares predilectos de juego, entre soldados de plomo y muñecos, los niños recreaban batallas, mientras las niñas paseaban a sus muñecas de porcelana o rodaban su aro de madera

El Paseo del Pendón fue una de las ceremonias civiles más importantes durante el virreinato, la cual conmemoraba la caída de Tenochtitlán el 12 de agosto de 1521. Una comitiva de funcionarios reales llevaba el pendón de Cortés hasta la Iglesia de San Hipólito y de regreso al ayuntamiento. Los niños solían jugar con muñecos que representaban a caballeros, regidores , alcaldes y otros personajes que participaban en esta festividad. Algunos cuadros de castas muestran a los pequeños en compañía de sus padres, rodeados por sus juguetes o ayudándoles en el trabajo.

A la rueda, rueda de san Miguel, san Miguel, todos cargan su caja de miel. A lo maduro, a lo maduro que se voltee “nombre” de burro. Canción infantil siglo XIX

El muñeco que Museo Soumaya exhibe en Plaza Cuicuilco durante el mes de septiembre está tallado en madera y encarnado a la usanza virreinal, en cara y manos; sus ojos son de vidrio. Luego del trabajo de talla en madera, se aplicaban varias capas de distintos materiales para preparar la policromía que podía ser con pintura al óleo o al temple, dando el color de la piel. Para el acabado final se utilizaba la técnica “a la vejiga”.

El juguete debe datar de la segunda mitad del siglo XVIII, es un muñeco que no se puede articular, sus miembros están fijos y las manos modeladas como si sostuvieran algo.

Está conformado por piezas de madera talladas por separado y luego se ensamblan. Fue hasta principios del siglo XIX cuando se comenzó a utilizar el papel maché para las cabezas de muñecos y los tornillos para articular sus cuerpos.

Su atuendo dice poco. El saco ajustado o chupa, el chaleco y los pantalones son típicos de la década de1780.La tela de su traje es austera, así como la camisa blanca; no porta peluca, pareciera el atuendo de un sirviente o de un actor de circo. Su cara sonriente y rosada no es, con toda seguridad, la de un aristócrata de la época. La falta de los objetos que acompañaron sus manos nos impide saber cuál era el oficio de este curioso personaje que con una sutil sonrisa guarda el secreto de batallas, rondas y juegos que protagonizó en manos de niños novohispanos.


EVA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
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