San Isidro Labrador en plumaria
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Pero nada estimaron tanto los mexicanos como las obras de mosaico que hacían de la pluma más delicada y vistosa de las aves […] de aquella maravillosa avecilla que llaman los mexicanos Huitzilin . Eran tan estimadas estas obras de plumas que las apreciaban más que el oro. Francisco Javier clavijero, finales del siglo XVIII.

DIVINAS PLUMAS DE AVES

Protegidos y adornados con plumas de quetzales, colibríes y otras aves preciosas, la aristocracia mexica y sus guerreros salieron al encuentro con aquellos que llegaron de ultramar. Las plumas eran consideradas símbolo de la divinidad..

Tras la conquista, los primeros frailes utilizaron la técnica de las sombras divinas para embellecer las imágenes cristianas y pidieron a los plumajeros Mexicas y Purépechas que basados en los grabados europeos realizaran mosaicos de arte plumaria de Cristo, la Virgen María y algunos santos.

Franciscanos y agustinos apoyaron la producción de la novedosa técnica en sus escuelas, en especial en la ciudad de México y Morelia. Los grandes maestros plumajeros vivieron entre el siglo XVI y principios del XVII. Les llamaban amantecas porque eran del barrio de Amantla donde al parecer vivía la mayoría de ellos.

En 1622 se dio uno de los eventos más importantes para la corona y los súbditos españoles: Isidro ,Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y el mexicano Felipe Neri fueron elevados al rango de santos. Con motivo de la canonización múltiple se hicieron grandes celebraciones, entre ellas las justas poéticas en honor a san Ignacio de Loyola y san Isidro Labrador. En las del santo patrono de la ciudad de Madrid participaron Calderón de la Barca, Lope de Vega y Juan de Jáuregui, entre otros poetas españoles. Aunque en 1599, Lope de Vega había ganado la justa poética en la fiesta del aún beato Isidro, fue Calderón de la Barca quien ganó con motivo de la canonización con Canción a san Isidro.

EL SANTO PATRONO DE MADRID EN LA NUEVA ESPAÑA

¿Quién habrá que te alabe,
ángel o labrador, si ofrece el suelo
a celestial cultor humano fruto,
y celestial tributo
a humano agricultor ofrece el cielo?
Y aunque use el hombre angélico ejercicio,
¿quién vio al ángel usar rústico oficio?


Canción a san Isidro
Pedro Calderón de la Barca, 1622


En la obra de arte plumaria que Museo Soumaya exhibe en Plaza Cuicuilco durante el mes de junio, se observa a san Isidro Labrador ataviado a la usanza del campesino español sobre un campo arado por un buey café y uno blanco. La tradición católica cuenta que siendo Isidro un campesino piadoso de los alrededores de Madrid, todos los días llegaba tarde al campo porque antes pasaba unos minutos a la iglesia. Un día, su patrón lo esperó afuera del templo y al salir le recriminó su retraso. Después, el patrón se adelantó al campo y se encontró con sorpresa que en el terreno que le correspondía a Isidro, dos bueyes blancos estaban arando solos. Esta leyenda parece haber inspirado la composición de la obra.

Con maestría propia de un gran plumajero, tal vez mexica, la obra está revestida con pluma fina de pato, canario y en su mayoría de colibrí azul y verde. La habilidad del amanteca que realizó esta obra se nota en el orden disciplinado y profesional de la pluma. Para el fondo del cielo se colocó una capa de barbichuelas de colibrí azul adheridas al soporte de manera vertical que se encuentran con plumas de pato colocadas en diagonal y completamente horizontales que conforman las nubes. La plumaria utiliza la barbichuela completa sin el algodoncillo y sólo los grandes amantecas tenían el conocimiento y la habilidad para cortar con tijera y pegar pluma sobre pluma, como en el caso de los pájaros que coronan el cielo y que fueron realizados aparte, cortados y pegados, muestra de la gran destreza del artista. La misma técnica se observa en el delicado acabado de los bueyes y la yunta.

Hacen estrépito las aves preciosas
Que llegan a despertarte.
El dorado zaguán y el tzinizcan,
El rojo quechol y el pájaro azul
Que amanece gritando.


Cantares mexicanos
Traducción de Ángel María Garibay K.


El borde del manto de san Isidro tiene un filo blanco, que se conseguía limpiando algodoncillo y barbichuela y al trazar la silueta sólo con la nervadura. De la mano derecha del santo caen diminutas semillas. Este difícil detalle lo consiguió el artífice a base de pluma de pato compactada y salpicada de óleo blanco, adherida con pegamento de orquídea sobre una cama de colibrí verde. Al estilo del siglo XVII, cara, manos y pies del santo fueron pintados al óleo.

Dos leyendas ilustran la composición.Arriba de él, como viniendo del cielo, se cita el Levítico 19 versículo 19: Agrum tuum non / Eres diner o emine. Levite cap. 19 v. 19 (No siembres tu campo con semillas diferentes).

Debajo de él, la conclusión terrenal, otra inscripción que hace referencia a la parábola de la cizaña, del evangelio de Mateo 13 v. 27: Bonum Semen / Eminasti in agro tuo. Math. 13v. 27 (Buena simiente sembraste en tu campo).

El sincretismo de las devociones de dos mundos en una obra de arte: el santo patrono de los campesinos y las plumas iridiscentes, símbolo de los dioses.

EVA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

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1.Anónimo novohispano San Isidro Labrador Último tercio del siglo XVII Mosaico de arte plumaria y óleo sobre papel amate Marco de caoba taraceada en marfil pintado y carey, marco interior de palofierro y vidrio soplado 13.5 x 9.3 cm Fotografía: Michel Zabém