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En
búsqueda de los otros, Soriano explora su propia intimidad.
Plasma sueños y sentimientos con maestría y emoción.
Su presencia llena por completo la casa: pintura, escultura,
sobre todo la inteligencia, y la generosidad que permite a Museo
Soumaya asomar a su mundo, a conocer más sobre él
y su Adán y Eva. |
Juan Soriano
Adan
y Eva
1953
Óleo sobre tela
65x65
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Autodidacta,
la fuente de su aprendizaje está en su interior y lo
que explora en los demás. Lo
que enseñaban en la escuela, sus reglas para aprender,
me parecían cosas muertas, desde que yo era chico leía
mucho. Había unos libros muy caros que no podía
comprar, y un día alguien me dijo que fuera a la biblioteca
y que ahí sólo con un papelito me los prestaban,
y así hice.
Habla con entusiasmo de su infancia, de la relación con
sus hermanas, con su padre,siempre con un excelente sentido
del humor que transforma las cosas. Como aquella de la hermana que me quería
mucho, pero también me celaba porque yo fui el único
hombre entre cuatro mujeres y un día me amarró
a un carrito y me empujo a una pendiente que acababa en una
fogata. La expresión
de su rostro produce un equilibrio en la historia: no se olvida
la dimensión de la travesura de su hermana ni la sonrisa
y carcajadas del maestro.
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Juan Soriano, amigo queridísimo
del museo, plantea:uno debe someterse
a su hechura física. Expresarse a través de
lo que uno posee, ya sean letras, formas o colores. La vida
es de tal, pero del tal vulgaridad, que se requiere del pensamiento
para volverla poesía, para volverla pintura.
Cuenta que siendo
él aún niño, en Guadalajara se desató
una especie de ola de discriminación social contra
los artistas: Anguiano, Barragán, él y otros.
Entonces se marchó a vivir a la ciudad de México,
donde encontró a sus tíos y pasó largas
horas en el cine.
En 1952 quedó marcado por las experiencias de su primera
estancia en Roma. Europa llenó sus ojos y sentidos,
en especial las pequeñas ciudades italianas, cada una
de ellas única y original. Su pintura alcanzó
el máximo brillo del color, se aventuró hacia
lo abstracto en la reinterpretación de la realidad.
El cuadro de Adán y Eva se ubica en la justa frontera
de dos etapas pictóricas. Pareciera que la escena es
una metáfora plástica de su vida en plena creación.
En la vida del cuadro Adán y Eva figuran las muestras: “Juan Soriano: Pinturas 1942-1962”, en 1970, en
el Museo Nacional de Arte; “Juan Soriano: Pinturas 1950-1976”,
en 1976, en el Museo de Arte Moderno; “Juan Soriano
Retrospectiva: Revelación del Esplendor” en 1987
en el Centro Cultural Ollin Yoliztli.
El origen, una de las inquietudes predilectas del maestro,
tiene en la escena un esquema dual: dos personas en medio
del abrazo de dos árboles, dos pájaros, dos
lunas. Soriano, artista de formas primitivas con un pensamiento
libre de todo prejuicio, ha destacado en la escultura monumental,
el dibujo y la pintura. En las últimas décadas
retomó el dibujo figurativo y los ambientes mágicos
de sus primeros años, como en la obra de 1984 La
Palmera. En la serie “Animalia” el tema de
Adán y Eva volvió a sus manos. En esta ocasión
los personajes se unen en el abrazo de la serpiente en un
dibujo firme y decidido.
Si el origen es raíz y causa, sirva esta obra sobre
el primer hombre y la primera mujer como venturosa promesa
del año.
El Génesis relata (1, 2, 21-22) “entonces Yahveh
Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el
cual se durmió. Y le quitó una de las costillas,
rellenando el vacío con carne”. Y de su costilla
formó a la mujer y la llevó ante el hombre.
“Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero
no se avergonzaban uno del otro”.
Desde que era
niño, una de mis tías me platicaba la historia
de Adán y Eva, de cómo ella salía de
la costilla de él y siempre me pareció una historia
bonita. El símbolo del fruto es el más importante,
es el momento en que estos padres tienen hijos y hay que educarlos
en el bien. La manzana, para
Soriano, es el fruto de la vida.
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Anónimo novohispano
Eva sale del costado de Adán
Finales del siglo XVII
Estofado policromado
19 x 40 x 15 cm |
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Las
imágenes se me presentan de la manera más rara,
lo que voy a dibujar o a esculpir no llega de golpe. Primero
tengo que identificarme con la idea y después irla materializando.
A veces si alguien me encarga algo y no encuentro la idea, prefiero
decirlo y no hacerlo. A veces, las ideas vienen de los otros,
por ejemplo, si después de platicar contigo a mí
me surge algo, yo te lo platicaría.
El origen bíblico para él también
está íntimamente relacionado con el concepto de
la herencia: la herencia que pesa. En
mi casa me decían que yo era un Soriano y que debía
portarme como tal, yo qué iba a saber qué significaba
ser un Soriano si yo era un chamaco de 8 años. Con su espíritu libre, él siguió siempre
su propio signo.
Sí sé
que hay representaciones de la colonia de este tema pero yo
no las conocí antes de hacer la pintura, fue hasta después
que vi algunas. La escultura virreinal abordó esta forma de representación
textual de Eva que surge a partir de la costilla de Adán.
Museo Soumaya conserva una figura de madera policromada en la
que Adán duerme sobre un cojín de terciopelo azul.
De esta fuente mística de creación prolífica
en Soriano vino primero una escultura. Toda de barro rosa, en
un formato mediano que no excedió el metro cuadrado.
Los padres primigenios unidos en la misma postura que en la
pintura, sobre una peana que remató en un color más
encendido para diferenciarla de la escena. Una vez terminada,
le pareció un poco torpe; él quería hacer
algo más espontáneo que académico.
Pensé que sería
más bonito hacer el cuadro que un segundo intento para
una escultura.
La figura rosa gustó
mucho, la gente quería comprarla pero yo no la vendí.
Años después la cambié por algo que me
ofrecieron y que me había gustado mucho.Haciendo
memoria le parece que el objeto anhelado era un tocadiscos.
No recuerda cómo el cuadro de Adán y Eva partió,
ni con quién se fue. Una vez que terminaba una pieza, el interés se iba, realmente
ya no me interesaba.
En la placidez del
origen inmaculado, la escena de Soriano se antecede a la figura
literaria de Jaime Sabines, “Estábamos en el paraíso.
En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos.
Eva, levántate”. Así, de Adán recostado,
surge una Eva vigorosa y firme que se eleva. “Es de día,
pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos, hacia
nosotros, y empiezan a galopar los árboles. Escucha”.
Dos lunas coronan el suceso, una sobre un
árbol y otra entre la maleza, observan desde los confines
de la selva del edén. La escena nos remite a una reflexión
fenomenológica de Soriano, entenderse y concebirse a
partir del otro.
Envuelta en su propia luz, como un aura,
Eva –hebreo de vida– aparece a la usanza del renacimiento
italiano, blanca y rubia como los ángeles. Adán,
como narra el Génesis, sumido en sueño plácido
y profundo no siente el desplegar de su costilla. Eva surge
como del agua.
La madre primordial tiene un vientre
amplísimo, caderas de máxima feminidad. Su abdomen,
como el de una diosa de la fertilidad, está rematado
por un ombligo que desde el siglo XVII la iglesia católica
prohibió en la representación artística
de Eva dado su carácter primigenio. Soriano libertario,
lo dibujo indefinido, híbrido entre ave en vuelo y corazón.
Las manos de Eva cruzan su pecho,
sin cubrirlo como para abrazarlo en un acto inocente de descubrimiento.
La gama cromática deriva de los azules y ocres ungidos
por remates blancos. Piel encendida vestida de un rojo aún
sin pecado. La luz de Soriano que vuelve divino lo prosaico,
como agua clara fluye de Eva y en ondas suaves va cercando a
Adán
. ¿Es que somos distintos? ¿No
te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?... Me haces
falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie...”
En el costado izquierdo de Adán
se funde el clímax de la escena. El primer hombre tendido
sobre una tierra yerma, en contrapunto de lo que emerge de sí,
su otra costilla, no imagina el suceso sublime en el que participa.
De él una mujer y a partir de ahora, de ella un hombre
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EVA AYALA CANSECO
CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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