HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

En un trasfondo histórico y moral, su obra es una más de las heridas ideológicas que aún arden en nuestra sociedad y suhistoria. Él las cicatrizó con fantasía, sueño y ensueño, en lacálida cercanía del calendario sobre el muro.

ELIA ESPINOSA LÓPEZ,
JESÚS HELGUERA Y SU PINTURA, UNA REFLEXIÓN

LA ERA POSREVOLUCIONARIA


Para la década de 1920, México alcanzaba la última fase de la Revolución. Las causas sociales y económicas que abanderó el conflicto a lo largo de muchos años, veían su cristalización bajo la directriz de los gobiernos acaudillados por los sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Entre las principales transformaciones se contaban la creación de los sindicatos, los primeros repartos agrarios, las reformas laborales y salariales, y los postulados de la Constitución de 1917 que integraban al obrero y al campesino al proyecto modernizador que emprendía el país. Asimismo, la nueva herramienta cultural sería un arte para las masas que pudiera exaltar los logros y el ideario revolucionarios.

Durante el gobierno obregonista (1920-1924) fue promovida una política educativa sin precedente a cargo de don José Vasconcelos (1882-1959), quien ofreció los muros de los edificios públicos urbanos para ser revestidos con los mensajes históricos, políticos y sociales de la naciente Escuela Mexicana de Pintura.
 

Continuación de los grandes temas del muralismo –encabezado por Rivera, Siqueiros y Orozco– fueron los cromos y calendarios, que más tarde hicieron lo propio para generar una estética que también daría formas a la construcción de una identidad nacional.

Entre 1939 y 1952 tuvo lugar el llamado Milagro mexicano –referencia al desarrollo industrial, económico y modernizador– que llegó a su clímax durante los sexenios de Miguel Alemán Valdés (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y Adolfo López Mateos (1958-1964). Al término de los gobiernos militares heredados de la Revolución, y frente al impulso de los civilistas y su nueva visión del Estado, la sociedad fue también una generadora y receptora inmediata de estas transformaciones.

LA INDUSTRIA DE LOS CALENDARIOS MEXICANOS

Don Santiago Galas Arce, inmigrante de Cantabria avecindado en nuestro país, fundó en 1913 un pequeño taller de impresión que veinte años más tarde se convertiría en una de las casas litográficas más importantes de América Latina.

     

 

Galas de México –instituida con ese nombre hasta 1959– se sumó al binomio de la litografía y el offset para reproducir, en cromos y calendarios, un universo de imágenes relativas al nacionalismo, la vida cotidiana, los deportes, la fiesta brava, la religión, el folclor y el costumbrismo, los mitos y leyendas prehispánicos; así como a los modelos que presentaban el cine, la radio y la televisión. El especialista Alfonso Morales apunta:

En el siglo XX, época obsesionada con el progreso tecnológico y material, los calendarios se convirtieron en recurso de la publicidad moderna para promover marcas y productos; junto a la cuenta de los meses y días, resplandeció el adorno de los cromos, estampas impresas con técnicas derivadas de la cromolitografía que a lo largo de un año colgaban de las paredes de casas y oficinas.

En 1970, a la muerte de don Santiago Galas, su industria había masificado la cultura de los cromos allende las fronteras nacionales, sobre todo en América Latina y los Estados Unidos.

JESUS DE LA HELGUERA: CONSTRUCTOR DEL IMAGINARIO NACIONAL

Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

RAMÓN LÓPEZ VELARDE, LA SUAVE PATRIA

LA ELABORACIÓN DE LA CROMOLITOGRAFÍA EN LA IMPRENTA GALAS DE MÉXICO
- Los agentes de venta de Galas presentaban a los negocios catálogos de imágenes para que seleccionaran los calendarios. Entonces comenzaba el proceso de impresión en offset.
- Como etapa previa a la impresión, se obtenían negativos en láminas de cristal; cada uno era un filtro de color distinto.
- Se estampaban las láminas metálicas, una por cada tinta.
- Con hiposulfito de sodio se hacían los retoques.
- Estas láminas se colocaban en el rodillo, se bañaban en la pintura del color que les correspondía y, por superposición en el papel, reproducían el colorido del óleo original.
- Finalmente, los pequeños y grandes negocios regalaban los calendarios a su clientela, para colgarlos en las paredes de sus hogares u oficinas.

Jesús Enrique Emilio de la Helguera Espinosa nació en Chihuahua el 28 de mayo de 1910. Hijo del economista español Álvaro de la Helguera y de la mexicana María Espinosa Escárzaga, viajó siendo muy niño con su familia a Castilla la Nueva, en España. A los catorce años ingresó a la escuela superior de Bellas artes de San Fernando de Madrid, quedando bajo la tutela del retratista Manuel Benedito y del célebre maestro cordobés Julio Romero de Torres. Su vocación de excelente y preciso dibujante le permitió ilustrar libros y revistas para la Editorial Araluce de Barcelona, entre otras.

Cuando ejercía como profesor de artes plásticas en Bilbao sobrevino el estallido de la Guerra Civil (1936-1939), que viró su destino de forma implacable. En Granada conoció a Julia González Llanos, su futura esposa, con quien volvería a México en plena época cardenista. Hacia 1940 realizó la primera versión de la que sería su obra más conocida: La leyendade los volcanes, por encargo de la casa editora La Enseñanza Objetiva, empresa pionera en la transmisión de valores patrios a través del cromo para calendario. Así se infiltraron las obras del pintor y su estética a las casas de la clase media y proletaria, señala la historiadora de arte Elia Espinosa.

Entre 1954 y 1970 el pintor trabajó para Galas de México en la industria de los calendarios. De esa etapa productiva emanaron algunos de los iconos más importantes de la tradición popular del cromo: atléticos guerreros aztecas que conviven con lánguidas doncellas cuyas líneas repiten la silueta de los volcanes; mientras tanto, un Hidalgo enarbola el estandarte de la Guadalupana al tiempo que la patria multiplica sus colores en la bandera y los muchos símbolos de la mexicanidad. Para el investigador Ricardo Torres Martínez: En efecto, no había ferretería, fonda, consultorio médico, taller, cantina, hogar o despacho que no tuviese alguna pared ornamentada con un calendario de Jesús Helguera.

¡Oh Patria mía! de la colección de Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim fue realizada para calendarios de línea. Una mujer con los ojos cerrados se yergue apoyándose con suavidad en la punta del pie, como si flotara. Se trata de una iconografía similar a las victorias de la era romántica. Sujeta en la mano derecha el lábaro patrio que ondea al igual que su blanquísima túnica.

 

Con la izquierda lleva a un niño de esperanzado semblante quien avanza, con libro en mano, hacia un futuro de progreso y bienestar. El escenario evoca en segundo plano a los volcanes del Valle de México: Popocatépetl e Iztaccíhuatl, como eternos guardianes y referentes de nuestra identidad.

Esta obra despertaría el ánimo nacionalista de otras latitudes centroamericanas como Honduras, donde se imprimió el calendario con la bandera de aquel país para ser regalado a la clientela por la Farmacia Handal de San Pedro Sula.

En vida de Jesús de la Helguera no hubo jamás una exposición retrospectiva de su obra por quedar enmarcado en el umbral del arte comercial. Sin embargo, fueron sus grandes arquetipos los que permanecerían de modo definitivo en nuestro imaginario.

El pintor murió de una hernia intestinal en 1971. Carlos Monsiváis lo recuerda con esta metáfora: el nacionalismo es el Espíritu apoderándose y transfigurando una colectividad.



[1] Jesús de la Helguera | ¡Oh Patria mía! | c 1963 | Óleo sobre lienzo | 100 x 79.7 cm | Reproducción autorizada por Calendarios Landin
[2] Jorge González Camarena | La vendimia nacional (detalle) | 1946 |Óleo sobre lienzo | 125 x 154 cm
[3] Jesús de la Helguera | La leyenda de los volcanes (detalle) | c 1940 | Técnica mixta sobre papel | 83.1 x 65.3 cm | Reproducción Autorizada por Calendarios Landin

 
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