DE TIERRA Y ESENCIA
La Revolución de 1848 que impactó a toda Europa trajo, amén de la Segunda República Francesa, un clima violento y la estrepitosa caída de las ventas de obras de arte. Un año más tarde, Millet, junto con su amigo y promotor Charles Jacque, decidieron trasladarse a la Île-de-France –al sótano de la casa de su amigo y comerciante de arte Alfred Sensier– en Barbizon.
Desde 1840 Millet había conocido los paisajes y retratos de campesinos de Théodore Rousseau y Narcisse Díaz de la Peña, quienes lo invitaron a integrarse a su escuela.
A pesar de vivir en la pobreza, pintó ahí la mayor parte de su producción y quizá su más célebre obra, El Ángelus, que exhibe el Museo de Orsay en París. Numerosos investigadores y artistas se han acercado al lienzo: Sí, ese cuadro de Millet, El Ángelus de la noche, ¡es algo! Es poderoso, es poesía, expresaba admirado Van Gogh; ya en el siglo XX, la pareja de campesinos
rezando inspiró más de treinta obras de Salvador Dalí.
A diferencia de sus compañeros, Jean-François no acostumbraba tomar sus apuntes al aire libre para luego realizar las obras definitivas en su estudio. Sin embargo, el trabajo en plein air de Millet hacia 1860, se aprecia en este delicado dibujo, ágil de trazo y única obra del maestro en museos de América Latina, que se exhibe por primera vez en el Soumaya.
Fascinado por las imágenes de pastoras que como Vírgenes guiaban a su rebaño, Millet encontró el motivo más enternecedor de sus dibujos, apunta el investigador Ingo E. Walther.
En la esquina inferior izquierda, el boceto lleva el sello del taller.
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La obra, que fue registrada hasta 1980, formó parte de la prestigiada colección japonesa de la tienda Mitsukoshi, Ltd., fundada desde 1673 y ubicada en el barrio Nihonbashi de Tokio.
A diferencia de los primeros dibujos que realizó en los bosques de Fontainebleau donde los pastores se encuentran en un primer plano, después de la década de 1850, las figuras se integraban a la escena, dejando como protagonistas a las apacibles ovejas.
El hecho de dibujar dos veces a la pastorcita en diferentes ángulos, así como el cordero abierto de patas en una graciosa posición frente al abrevadero, confirman que el apunte se hizo al aire libre y desde distintas perspectivas. La joven inclina la cabeza y observa tiernamente al rebaño. Su mirada voltea a la naturaleza y encuentra en el hecho común, el motivo de creación. En palabras del artista: Empleo lo insignificante para expresar lo sublime. Así, el mundo de la joven se encuentra al margen de todo aquello que simboliza el progreso y la modernidad.
Sus dibujos de trazo sintético y que llegan a la esencia del objeto retratado, fueron aplaudidos por Van Gogh. El realismo con el que describió la labor de la pastora quedó capturado
en este boceto que pudo inspirar la obra homóloga sita en el Getty Museum de Los Ángeles, EE.UU., y con certeza otras dos que se encuentran en colecciones privadas en Europa.
Barbizon es un pueblo cercano al bosque
de Fontainebleau. Rousseau fue el primero en asentarse allí y le siguieron Díaz de la Peña y el joven Millet. Pronto se formó la llamada Escuela de Barbizon,
que impuso la pintura de paisaje al aire libre. Los artistas dieron la espalda a la vorágine urbana y al desarrollo industrial,
al tiempo que se acercaban con aguda observación a la naturaleza, con las atmósferas bucólicas de la Francia de la segunda mitad del siglo XIX. |
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