ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

[…] a mi juicio, el pintor esencialmente moderno que ha
abier­to un horizonte a muchos pintores no es Manet sino Millet.
VINCENT VAN GOGH

 

 

 

Hijo de un campesino normando, Jean-François Millet nació el 4 de octubre de 1814 en Gruchy, en el norte de Francia. Desde muy pequeño decoraba las paredes de su casa con dibujos al carbón mientras que su padre escuchaba música, y la abuela le enseñaba a observar los objetos y los distintos colores de la campiña. Ella le recomendaba guardar celosamente todos sus dibujos en un costal.

En una visita del curador del museo municipal de la villa de Cherbourgo a Gruchy, el señor Millet le insistió en que viera los dibujos de Jean-François. Era la primera vez que alguien fuera del seno familiar aplaudía el prodigio de los trazos del niño. Lo invitó a recibir sus estudios iniciales con Mouchel, el pintor más famoso de aquella zona. El pequeño artista combinó las lecciones con las actividades de la granja y llegó a ser el orgullo de la región. A instancias de su padre, Millet consiguió con vecinos y amigos la suma de 600 francos al año para estudiar en París.

Con veintitrés años y una educación más empírica que académica, François llegó al estudio de Hippolyte Delaroche, mejor conocido como Paul Delaroche. El Romanticismo que aclamaba la capital en retratos y escenas históricas de gran fuerza dramática, intimidaron al joven y por su mirada fresca y cercana a la naturaleza le fue dado el mote L’Homme des bois (El hombre del bosque).

A pesar de los primeros desencuentros y el rechazo de los demás compañeros, Millet continuó con Delaroche, al tiempo que pasaba largas horas en las galerías del Louvre con sus maestros indirectos Le Sueur, Rembrandt, Poussin y el español Goya.

No obstante que uno de sus retratos formó parte del Salón, espacio de exhibición y promoción de artistas consagrados y noveles en 1840, las dificultades económicas hicieron a Millet vender por 20 francos, reproducciones abarrocadas de François Boucher y Jean-Antoine Watteau, y por sólo 5 francos, retratos que no llegaba a firmar.

Desilusionado de la vida parisina volvió de nuevo al campo. En 1841 se casó con Pauline Ono y al año siguiente se mudaron a París, donde la joven murió el 21 de abril de 1844, en tanto que dos de sus obras La lechera y La lección de equitación se exhibían en el Salón, junto con los lienzos del ya célebre Narcisse Díaz de la Peña.

Millet volvió al campo, donde se casó en segundas nupcias con Catherine Lemaire. Durante un viaje a Le Havre realizó una exposición individual y logró la ansiada venta de sus cuadros. François decidió regresar a París, donde a pesar del entusiasmo del artista Thomas Couture, el jurado del Salón de 1846 rechazó su obra San Juan atormentado por las mujeres.

DE TIERRA Y ESENCIA

La Revolución de 1848 que impactó a toda Europa trajo, amén de la Segunda República Francesa, un clima violento y la estrepitosa caída de las ventas de obras de arte. Un año más tarde, Millet, junto con su amigo y promotor Charles Jacque, decidieron trasladarse a la Île-de-France –al sótano de la casa de su amigo y comerciante de arte Alfred Sensier– en Barbizon.

Desde 1840 Millet había conocido los paisajes y retratos de campesinos de Théodore Rousseau y Narcisse Díaz de la Peña, quienes lo invitaron a integrarse a su escuela.
A pesar de vivir en la pobreza, pintó ahí la mayor parte de su producción y quizá su más célebre obra, El Ángelus, que exhibe el Museo de Orsay en París. Numerosos investigadores y artistas se han acercado al lienzo: Sí, ese cuadro de Millet, El Ángelus de la noche, ¡es algo! Es poderoso, es poesía, expresaba admirado Van Gogh; ya en el siglo XX, la pareja de campesinos rezando inspiró más de treinta obras de Salvador Dalí.

A diferencia de sus compañeros, Jean-François no acostumbraba tomar sus apuntes al aire libre para luego realizar las obras definitivas en su estudio. Sin embargo, el trabajo en plein air de Millet hacia 1860, se aprecia en este delicado dibujo, ágil de trazo y única obra del maestro en museos de América Latina, que se exhibe por primera vez en el Soumaya.

Fascinado por las imágenes de pastoras que como Vírgenes guiaban a su rebaño, Millet encontró el motivo más enternecedor de sus dibujos, apunta el investigador Ingo E. Walther.


En la esquina inferior izquierda, el boceto lleva el sello del taller.
 

La obra, que fue registrada hasta 1980, formó parte de la prestigiada colección japonesa de la tienda Mitsukoshi, Ltd., fundada desde 1673 y ubicada en el ba­rrio Nihonbashi de Tokio.
 
A diferencia de los primeros dibujos que realizó en los bosques de Fontainebleau donde los pastores se encuentran en un primer plano, después de la década de 1850, las figuras se integraban a la escena, dejando como protagonistas a las apacibles ovejas.

El hecho de dibujar dos veces a la pastorcita en diferentes ángulos, así como el cordero abierto de patas en una graciosa posición frente al abrevadero, confirman que el apunte se hizo al aire libre y desde distintas perspectivas. La joven inclina la cabeza y observa tiernamente al rebaño. Su mirada voltea a la naturaleza y encuentra en el hecho común, el motivo de creación. En palabras del artista: Empleo lo insignificante para expresar lo sublime. Así, el mundo de la joven se encuentra al margen de todo aquello que simboliza el progreso y la modernidad.

Sus dibujos de trazo sintético y que llegan a la esencia del objeto retratado, fueron aplaudidos por Van Gogh. El realismo con el que describió la labor de la pastora quedó capturado en este boceto que pudo inspirar la obra homóloga sita en el Getty Museum de Los Ángeles, EE.UU., y con certeza otras dos que se encuentran en colecciones privadas en Europa.

Barbizon es un pueblo cercano al bosque de Fontainebleau. Rousseau fue el primero en asentarse allí y le siguieron Díaz de la Peña y el joven Millet. Pronto se formó la llamada Escuela de Barbizon, que impuso la pintura de paisaje al aire libre. Los artistas dieron la espalda a la vorágine urbana y al desarrollo industrial, al tiempo que se acercaban con aguda observación a la naturaleza, con las atmósferas bucólicas de la Francia de la segunda mitad del siglo XIX.

 




En 1859 Millet sufrió un nuevo revés ante la crítica negativa por su obra El leñador y la muerte, y contempló el suicidio. Sensier lo ayudó y le otorgó una suma mensual de mil francos a cambio de todas las pinturas y dibujos que generara. Alexandra Murphy afirma que es muy probable que el dibujo del Soumaya perteneciera a este grupo. Algunas obras de este acervo formaron parte de la Exposición Universal de 1867, donde Millet finalmente fue galardonado con la medalla del jurado. Un año después la Legión de Honor lo hizo caballero y ante el estallido de la Guerra franco-prusiana (1870-1871) decidió abandonar para siempre París y regresar a Cherbourgo.

Millet renunció a la estampa pintoresca de la vida del campo y analizó de modo escrupuloso la naturaleza.

 

Los efectos sentimentales en el alma del pintor en sus paisajes, vistas y personajes abrazaron una calidad dramática.

La pastora y su rebaño en este dibujo eternizan los prados de Barbizon y evocan las palabras de Millet: El lado alegre de la vida nunca se me ha desvelado… Lo más alegre para mí es la calma, el silencio que es tan dulce, así como el bosque y la tierra cultivada…



Jean-François Millet
[1] Una pastora con su rebaño | 1860 | Carboncillo sobre papel | 30.1 x 19.2 cm
[2] El Ángelus | Entre 1857 y 1859 | Óleo sobre lienzo | 55.5 x 66 cm | París, Museo de Orsay | Legado de Alfred Chauchard, 1909 | © photo RMN, Hervé Lewa

 
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