

ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN
El tabaco fue llevado desde América a prácticamente todo el orbe a fines del siglo XVI.
De tradición milenaria, ha sido uno de los cultivos con mayor arraigo en nuestra historia cultural.
La familia de las solanáceas abarca a las más de cincuenta especies clasificadas en cuatro grupos principales: Nicotiana tabacum, Nicotianapetunoides, Nicotiana rustica y Nicotiana polidiclia. Todas contienen el alcaloide nicotina, son originarias del Caribe y fueron conocidas hace aproximadamente dieciocho mil años. Expertos en genética vegetal han determinado que los primeros cultivos de tabaco debieron tener lugar entre cinco y tres mil años a. C. Antes del
encuentro de dos mundos, su consumo ya estaba extendido por todo el continente y fumar –inhalar y exhalar el humo–era uno de sus muchos usos: además se aspiraba por la nariz, se masticaba, se ingería, se bebía, se untaba sobre el cuerpo o se administraba como narcótico.
Pinturas de códices, esculturas, piezas de alfarería, así como pipas en cerámica, carrizo, piedra, hueso, arcilla o madera, con decoraciones de hombres, animales, plantas o diseños geométricos, dan cuenta de la arraigada presencia de las hojas del tabaco en todas las culturas del área mesoamericana. Para Johannes Wilbert, en Metafísica del tabaco entre los indios de Sudamérica, es probable que primero fuera bebida ceremonial, luego se masticara y aspirara, y por último se fumara.
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Los puros dieron paso a los cigarros, en los cuales el polvo se enrollaba en hojas de maíz o paños de corteza, y más tarde aparecieron las pipas tubulares.
El investigador Pablo Escalante afirma: El consumo de miel y cacao, que son dos alimentos postín para los pueblos del Posclásico [(900-1521? d. c.)], debe haber ocurrido en Teotihuacan, pero no hay datos arqueológicos que lo confirmen positivamente. Sí contamos, en cambio, con restos botánicos que nos permiten asegurarla familiaridad de los teotihuacanos con el maguey y el tabaco, lo cual nos autorizará a imaginar que tenían la costumbrede ingerir pulque e inhalar el humo del tabaco.
Por su parte, Eric Velásquez refiere que así como del henequén, otra planta cultivada por los mayas era el tabaco —k’uuhtz—, que también podía emborrachar. A fin de aumentar los efectos del mismo y de otras sustancias psicoactivas, lo mezclaban con hojas de angélica o semillas de estramonio. El tabaco no sólo era fumado, sino también inhalado en polvo o masticado con cal para vencer el cansancio, mitigar el hambre, fortalecer los dientes, apagar la sed y calmar el dolor. |
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Eric Thompson rescató que se usaba en las ceremonias, en fiestas de comerciantes –pues representaba un artículo de intercambio por excelencia–, con fines curativos o mágicos, para tener alucinaciones, como talismán, auxiliar en la guerra o medio de adivinación. Los mayas de Chiapas y Guatemala (1/150-900 d. C) llevaban en sus bolsas de arreo para los largos trayectos, amén de palos especiales para encender fuego en el camino y pescado salado, las hojas del tabaco de las tierras bajas con las que fabricaban cigarros.
La tradición de fumar tabaco se constituyó muy importante entre los indios de Norteamérica. Según un mito del pueblo Tututni, en el suroeste de Oregón, dos seres ancestrales, el Dador y el Guardián, crearon el mundo. El Dador abrazó el tabaco y tras fumar la tierra cinco veces la solidificó. Después de varios intentos para dar origen a los primeros hombres, el Guardián sugirió: Déjame fumar esta noche y veamos si salen del humo que resulte. Los tres días siguientes estuvo fumando y al final apareció una tienda [tipi] de la que salía humo, y al cabo de unos instantes —como apunta el investigador Scott Littleton— salió de ella una hermosa mujer que desposó al Guardián, procreando así a la humanidad. |
La variedad maya conocida como cikar (fumar) propiciaba el acercamiento con Chaac, deidad gobernadora de las aguas; pensaban además que las estrellas fugaces eran las cenizas de los cigarros que fumaban los dioses. En cambio los mexicas ofrendaban el humo del tabaco a Cihuacóatl, madre y padre de los dioses, dadora de vida y muerte. Era tan importante el tabaco en las sociedades prehispánicas, que se incluía en la lista de tributos del imperio azteca.
La consolidación de las redes comerciales del tabaco se dio en el Posclásico. El investigador Alfredo López Austin sostiene que para evitar los malos olores producidos por la práctica constante de los sacrificios humanos [los mexicas] desarrollaron la costumbre de llevar consigo un ramillete de flores […]. La atmósfera de tales fiestas se completaba con el aroma del tabaco, que los comensales fumaban en largas cañas. Asimismo, llegó a mezclarse con el ámbar líquido, con el fin de propiciar una atmósfera para su devoción. Los nobles ostentaban su poder fumando y las cenizas eran destinadas a las prácticas adivinatorias.
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En otras culturas amerindias, el polvo de tabaco se soplaba sobre el rostro del guerrero antes de la lucha, se esparcía en los campos antes de sembrar para obtener una buena cosecha, se ofrecía a los dioses como tributo de alianza, y se derramaba sobre las mujeres antes de una relación sexual para favorecer la concepción. En Santiago de Atitlán, Guatemala, se sigue ofrendado el max (tabaco) a Maximón, divinidad sincrética surgida de la figura de Pedro de Alvarado y el dios maya del tabaco, quien a cambio de las hojas secas concede la enfermedad al enemigo. Los taínos llevaron a los incas la costumbre de usar gotas de tabaco contra las enfermedades de los ojos e infusiones concentradas que se introducían por el recto con el propósito de descargar y limpiar el vientre; incluso, Santiago Güiraldes señala que en comunidades indígenas de Brasil y Argentina, las lavativas de tabaco se utilizaban para abortar a los nonatos.
El investigador Rchard Hansenberg afirma que también se usaba en toda América para tratar catarro común, halitosis, dolor de muelas, reumatismo, indigestión, envenenamiento en la sangre, hidrofobia y hasta como insecticida.
Desde el primer contacto, cronistas y misioneros advirtieron los poderes curativos del tabaco. Apologética historia de las Indias (1527) de Bartolomé de las Casas, se ha convertido en la primera obra que describe el acto de fumar: aspirar el humo proveniente de rollos de hojas encendidas. Posteriormente, Girolamo Benzoni en Historia del Nuevo Mundo (1565) enumeró sus bondades curativas: para dolores de cabeza, el tétano, el dolor de muela, la tos, el asma, el dolor de estómago, las obstrucciones, los problemas del riñón, las enfermedades del corazón y el reumatismo, entre otras.
También advierte: En la Nueva España y en otras islas, cuando querían curar á un hombre enfermo, se dirigian al lugar en donde iban á administrar el humo, y cuando el pasiente se encontraba completamente intoxicado por el mismo, la cura se habia efectuado en su mayor parte. |
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Gonzalo Fernández de Oviedo y Velázquez, en Historia general y natural de las Indias (1535) detalló: El tabaco […] hecha un tallo de cinco ù seis pies de altura, del gruesso de un dedo, redondo, y, felpudo, y lleno de carne blanca. Las hojas son de un verde baxo, grandes, nervosas, puntiagudas, y pegajosas al tacto, tanto como los vicios se pegan à los hombres.
Hoy en día despedimos al hábito, vicio o placer de fumar en lugares públicos. Aún así, el simbolismo ancestral de esta planta milenaria al quemarse, dibuja y desdibuja en sus volutas la memoria de nuestros pueblos, cuya herencia sigue impregnada en las hojas de aroma picante que enraizadas muestran una tradición americana que se comparte, junto con el maíz, papa, frijol, chile, cacao, tomate, algodón, zapote, nopal,… entre muchos otros, con el mundo.
La tradición de fumar tabaco se constituyó muy importante entre los indios de Norteamérica. Según un mito del pueblo Tututni, en el suroeste de Oregón, dos seres ancestrales, el Dador y el Guardián, crearon el mundo. El Dador abrazó el tabaco y tras fumar la tierra cinco veces la solidificó. Después de varios intentos para dar origen a los primeros hombres, el Guardián sugirió: Déjame fumar esta noche y veamos si salen del humo que resulte. Los tres días siguientes estuvo fumando y al final apareció una tienda [tipi] de la que salía humo, y al cabo de unos instantes —como apunta el investigador Scott Littleton— salió de ella una hermosa mujer que desposó al Guardián, procreando así a la humanidad.
[1] Diego Rivera | Tabaco y algodón | Primera mitad del siglo XX | Acuarela
y carbón sobre papel | 43.1 x 32.8 cm
[2] y [3] Fray Bernardino de Sahagún | Códice Florentino | Reproducciones, impresión cromógena | Colección Biblioteca Nacional de Antropología e Historia
[4], [5] y [6] Anónimo | Réplicas de pipas prehispánicas |Fines del siglo
XIX - principios del XX | Barro con pastillaje | 8 x 34.5 x 5 cm | Colección
Vito Alessio Robles
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