Durante dos semanas vivi con la esperan/za de que se arrepintiese y me buscase; no fue asi e indiferente al injusto disgusto que me causaba permaneció fime en su resolucion. ¿Que hacer? ¿rogarle? eso jamas! […] pues ya que en aquel corazon no hay amor, me dije a mi mis/ma, procuraremos olvidar.
Concepción Lombardo se refugió en casa de su abuela materna y desvía su relato para compartir con sus lectores, tan entrañable y arrojado personaje:
[Mi abuela] habia nacido en San Lucar de Barramedauno de los Puertos de mar mas bonitos de la Andalucia. En sus tiempos, fue bellisima, conserbo una miniatura suya de cuando era joven, que lo atesta. Sin embargo de sus sesenta y cinco años, con/serbaba el perfecto liniamiento de sus facciones, y la vivacidad de sus hermosos ojos negros al nacer, la prometió su padre en matrimonio á un tio suyo, don José Gil de Partearroyo (mi abuelo) […] asi se puede decir que mi abuela nació casada. Mi abuela tubo una numerosa prole sien/do mi madre la mayor de los catorce. Despues de varios años de viudedad, teniendo mi abuela hijos grandes, y á mi madre casada conserbaba una gran parte de su belleza que habia sido notable y que habia llamado la atención en la sociedad de los virreyes. La gracia andaluza que la adornaba, su talento y su espiritu picarezco y alegre, atraian á ella la simpatia de cuantos la trataban. Asi fue que un joven don Francisco Ocampo, de bella figura, y de notables y buenas cualidades, se prendó locamente de ella y la pretendió en ma/trimonio. Cuando mi madre y mis tias, supieron aquello, formaron una liga para oponerse á que se efectuara esa unión; pero mi abuela, cuyo corazon latia fuertemente por su pretendiente se propu/so, de manera que sus hijos no lo pudieran evitar. En México se solian hacer visitas de etiqueta á las once de la mañana, y las señoras se ponian un lujoso vestido de seda negra, cubriendo su cuerpo una rica mantilla de blonda, colocada gra/ciosamente desde la cabeza. 1 Una mañana dijo mi abuela á mi tia Mariqui[ta] una de sus hijas mayores. “Vistete bien, Maria porque vamos á hacer una visita de cumplido” Mariquita se vistió lo mas elegante que pudo […] mi abuela habia hecho otro tanto se habia puesto una rica saya de raso2 negro,
su mantilla española recojida graciosamente en la cabeza con dos alfileres de brillantes, dejando ver de un lado una gran peineta de carey, que completa/ba el peinado.Su bella tez que aun conserbaba la frescura de la juventud, estaba ligeramente rosada, sus lindos y expresibos ojos brillaban como dos luceros, y la emanacion de su sem/blante hacia ver que su corazon ocultaba un gran sentimiento de alegria. Salieron de la casa mi tia, y mi abuela, á eso de las once de la mañana, y se dirigieron á la parro/quia de la Santa Veracruz 3
|
|

“¿A dónde vamos mamá”? pre/ guntó mi tia á mi abuela, “A oir una Misa”, le contestó ¿Pero cual seria la sorpresa; de la pobre Mariquita, cuando fue mirando alli al joven Ocampo con dos testigos, que esperaban á mi abuela para que se efectuase el deseado matrimonio…
En la margen del Guadalquivir se encuentra la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, que pertenece a la provincia de Cádiz. Fue enclave de la civilización de Tartessos y protagonista de la conquista de América. Acogió la herencia islámica de las bebidas de infusión y fue notable por su manzanilla. De niña, Concha aprendió a beberlas por las tardes en casa de su abuela. |
1El luto de color negro lo impuso la Gran Bretaña victoriana. Se esperaba que las viudas llevaran vestidos oscuros por largo tiempo. Durante el primer luto –también llamado riguroso, o en España y México guardar el decoro– las mujeres portaban falda y corpiño, por un año y un día. El segundo momento duraba seis meses o hasta la muerte de la persona; en ese momento se acortaba el velo. Después de otros tres o seis meses, el velo se podía retirar. Tras otros seis meses, se llegaba al medio luto, que en nuestro país se denominó alivio, y las mujeres podían combinar el negro con colores como el gris, el violeta, el lila, el malva o el blanco.
2 Tela de seda lustrosa, con mayor cuerpo que el tafetán y menor que el terciopelo.
3 Uno de los primeros templos de Nueva España ubicado a un costado de la Alameda, en el ahora Centro Histórico capitalino.
Confección anónima | Vestido de medio luto | c 1892 - 1894 | Satén y viscosa con encaje bordado | 158 x 36 cm (cintura)
Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón, “Capítulo III°: Mi juventud, quienes
fueron mis verdaderos maestros. Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, T.
1, 1859-1917. colección del Centro de Estudios de Historia de México CARSO.
La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento
primario. Las abreviaturas se han desatado y para indicarlas se han subrayado. Las diagonales indican cambio de renglón. |