HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

Receptáculo y matriz de la vida, la figura de la madre se asocia
simbólicamente al agua y a la tierra, los principios de
germinación universal.

MATILDE BATTISTINI

Por el universo escultórico de Auguste Rodin transitaron personajes del imaginario grecolatino así como héroes de la épica medieval, lo mismo que una galería de figuras masculinas y femeninas cuyas anatomías y complejas posiciones representaron un desafío a la concepción tradicional de la Academia. Rodin inauguraba el espíritu moderno en Europa.

En opinión del investigador John L. Tancock: La altamente personal naturaleza de la posición teórica de Rodin, formulada sólo en los últimos años y basada en la acumulación paciente de la vida y la experiencia, explica toda discusión de sus relaciones con el problema en extremo de sus contemporáneos. Él se vio a sí mismo en relación con los egipcios, los griegos, los romanos, los escultores góticos y Miguel Ángel; no con los […] académicos de su tiempo.

En el contexto de una Francia imperial y colonial bajo la directriz de Napoleón III (1808-1873), la escultura experimentó el tránsito de los patrones neoclásicos académicos –alter ego de proporción, elegancia, cánones de la estética grecolatina– hacia la libertad en el movimiento y en la forma, siempre cómplices de una nueva agudeza del volumen y su inserción en el espacio.

Fue en esa misma tónica que los personajes de Auguste Rodin, merced a posturas anatómicas  que  en  ocasiones  se   antojan

imposibles, fueron vislumbrados por una nueva sensibilidad y gusto, preámbulo del espíritu de la vanguardia.

LA PUERTA DEL INFIERNO


El 16 de agosto de 1880 Julles Ferry, ministro francés de Instrucción Pública y Bellas Artes, le transmitió al maestro la petición del Estado para encargarse de un proyecto que se convertiría en un hito dentro de su trayectoria, La puerta del Infierno: Mr Rodin, artista-escultor, ha sido encargado de la ejecución, por la suma de 8,000 francos, de la puerta decorativa destinada al Museo de Artes Decorativas: “Bajo-relieves que representarán a la Divina Comedia de Dante”.

Inspirado en las Metamorfosis del poeta latino Ovidio; en la obra escultórica de Miguel Ángel; en Las flores del mal de Charles Baudelaire y, por supuesto, en Dante Alighieri, Rodin trabajó la primera maqueta a través de una serie de grupos que acabaron por convertirse en esculturas individuales y símbolos de la cultura occidental. A este respecto, Alfonso Miranda suscribe: 1880 fue un año decisivo en la carrera de Auguste Rodin: el gobierno francés le compró La Edad de Bronce y recibió la comisión para crear La puerta del Infierno […] Una década de creación y centenares de formas contenidas en la maqueta original, comenzaron a rebasar los límites iniciales.

En 1900 la maqueta de La puerta se exhibió en una muestra individual que alojó el Pabellón del Alma de París. La última versión sería fundida en bronce luego de la muerte del artista en noviembre de 1917.

Entre las figuras que poblaron ese espacio pletórico de expresión y contenido dramático destacan las que, en pareja, transmiten la emoción primera del hombre: Amor fugitivo, Juventud triunfante, La eterna primavera, El beso. Obras en cuyo carácter y estilo participó la propia Camille Claudel (1864-1943) de forma muy cercana.

De las muchas transformaciones hechas al proyecto inicial, señala el investigador Albert E. Elsen, sobresalen los conjuntos de madres e hijos (1888-1889) en el panel derecho, que venía trabajando desde al menos cinco años antes y que sustituyeron a las figuras de centauros rampantes de la primera versión.

   

AUGUSTE RODIN
(PARÍS, FRANCIA, 1840 – MEUDON, FRANCIA, 1917)

     

François-Auguste Rodin nació en París el 12 de noviembre de 1840. A los catorce años entró a la Petite École para tomar clases de dibujo con Horace Lecoq. Luego de ser rechazado en tres ocasiones para ingresar a la Escuela de Bellas Artes, trabajó como decorador y modelador de edificios.
Hacia 1860 realizó un busto de su padre, la obra más temprana que ha llegado a nosotros. Tres años más tarde y luego de la muerte de su hermana, se retiró al monasterio del Santísimo Sacramento, donde su fundador, el padre Pedro Julián Eymard (1811-1868), lo insta a ser escultor.
Entre 1864 y 1865 realizó El hombre de la nariz rota, pieza que no fue aceptada en el Salón de París. En esta época conoció a Rose Beuret, quien será su compañera toda la vida. 1871 fue el año del fallecimiento de su madre, Marie Cheffer, y del Imperio francés de Napoleón III.
El maestro visitó Italia en 1875 y quedó seducido por la escultura de Miguel Ángel. Un año más tarde presentaría La Edad de bronce en Bruselas y París, pieza que le ganó la acusación de la crítica de haber sido ejecutada sobre un modelo vivo por surealismo y complejidad anatómica.

 

El escultor Albert-Ernest Carrier Belleuse lo invitó en 1879 a trabajar en la manufactura de Sèvres. Al año siguiente, el Estado le comisiona el que sería uno de los más grandes proyectos de su carrera: La puerta del Infierno para el Museo de Artes Decorativas de París.
Para 1883 conoció, al sustituir a su amigo Alfred Boucher en una clase de escultura, a su gran discípula y amante: Camille Claudel.
En 1895 presenta su conjunto Los burgueses de Calais en la Plaza Richelieu de la misma ciudad. Tres años más tarde terminará la relación con Claudel, quien pasa los últimos treinta años de su vida confinada en un hospital psiquiátrico.
Rodin hizo una retrospectiva de su obra en la Exposición Universal de 1900. Hacia 1906 una de sus piezas icónicas, El pensador, se coloca frente al Panteón en París.
1910 fue un año pletórico de dibujos y bocetos, entre los que destacan los de bailarinas. Para 1916 su salud se agravó y entonces realiza la donación de su obra al gobierno de Francia.
El 29 de enero de 1917 se casó con Rose Beuret. Ella fallece el 16 de febrero del mismo año y Rodin el 17 de noviembre.


Luego de una visita hecha al maestro en su estudio por Edmond de Goncourt, éste diría sobre La puerta: […] al final de muchos segundos, el ojo percibe lo que en el primer momento parece ser coral, tiene proyecciones y cavidades, formas extrovertidase introvertidas, un mundo de deliciosas figuras pequeñas de estudios para desnudo, turbulentas, que casi hablan, dando a la escultura de Rodin la apariencia de un préstamo de la caída épica del Juicio Final de Miguel Ángel.

LA JOVEN MADRE

La historiadora de arte Catherine Lampert afirma que Auguste Rodin abordó el tema de la maternidad en distintos momentos de su trayectoria. Alrededor de 1873 realizó la terracota Ternura maternal, hoy sita en el Museo Rodin de París, y Venusy Cupido, obra temprana también alusiva al tema.

Hacia 1885, mientras volvía a la concepción de las figuras que formarán parte de La puerta del Infierno, trabajó en La joven madre en la gruta. Respecto de otros grupos, diría Tancock, el amor materno [jugó] un rol menos importante en la obra de Rodin que el del amor entre hombre y mujer.

De ese mismo año data La joven madre en la colección de Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim que rinde homenaje a las madres en el mes emblemático de su festejo. La escultura, también llamada Mujer y el Amor, da lugar al mismo sentido de espacio y volumen que poseen otras piezas realizadas en la década de los ochenta. Algunas de ellas habían sido ofrecidas por Rodin para la tómbola organizada por el Comité del Monumento para el pintor clasicista Claude Lorrain (1600-1682).

En el conjunto el niño, sentado en la rodilla izquierda de su madre, forma una elipse al aproximarse a ella. La mujer se sujeta con vehemencia a la propia base de la escultura. Alegoría de amor maternal que abreva acaso en la propia imagen de Rose Beuret y del único hijo que tuvo con Rodin.

 

Con este tema existen otras versiones en distintos repositorios europeos y norteamericanos. Una de mármol muy cercana en contenido hoy se encuentra en la Galería nacional de Edimburgo en Escocia y otra de yeso en la Academia de la Legión de Honor de San Francisco, en los Estados Unidos. Los ecos del non finito o de superficies aparentemente inacabadas en la
obra de Rodin se manifiestan en la pertenencia de ambas figuras al bloque que les da la vida. Asimismo, la que resguarda una colección privada de Montreal, Canadá, y la versión del Museo Rodin de París sintetizan en buena medida el simbolismo que la maternidad ocupó en la vida personal y artística del maestro francés.


Auguste Rodin
[1] La joven madre | 1885 | Bronce con pátina café y verde | 38.7 x 36.4 x 26 cm
[2] La eterna primavera | 1884 | Bronce con pátina café y verde | 51.9 x 48.5 x 36.8 cm
[3] Juventud triunfante | 1894 | Bronce con pátina café y verde | 51.7 x 45.7 x 34.5 cm

 
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