Hacia 1860 los corsés blancos eran los más adecuados para una dama; sin embargo, a fines del siglo se llenaron de tonos intensos y líneas sinuosas. La aspiración de las mujeres victorianas era poseer una cintura de 48 centímetros, aunque una de 55 ya era satisfactoria. Los caballeros también los utilizaron. Un anuncio de 1899 despliega los modelos con sus originales nombres: Marlboro, Kitchener, Carlton.
Los corsés de distintos fondos de indumentaria como los del Museo Metropolitano de Nueva York o el Victoria & Albert del Reino Unido, son testimonio de que las medidas iban de 19 a 26 pulgadas (48 a 66 cm). La investigadora Valerie Steele afirma que muchas damas no lo ataban por completo, sino que el ceñido incluía el diámetro de la prenda más unas dos pulgadas extra del lazo cruzado.
El método para conseguir un talle esbelto fue utilizar corsé desde la infancia, y se apretaba con rigor sólo a partir de la adolescencia. El testimonio de una jovencita llamada Nora en un periódico inglés de 1867 ilustra el método y los resultados: Fui enviada a la edad de quince años a una elegante escuela en Londres, y ahí existía la costumbre de reducir la cintura de las alumnas una pulgada al mes, hasta que la directora la considerara lo suficientemente pequeña. Cuando dejé la escuela a los diecisiete, mi cintura medía tan sólo 13 pulgadas [33 cm], y originalmente tenía 23 pulgadas [casi 59 cm] de circunferencia. Las mexicanas que utilizaron algunos trajes hoy en la colección de moda en el Soumaya contaban con estas diminutas proporciones, como la dueña del vestido de calle estilo Belle Époque: 19 pulgadas [48 cm]. (ver detalle 3)
Aprender a enlazar el corsé era un asunto serio, para la salud y la estética. Así lo describe la señora Walter en Female Beauty (1837):
Cuando la jovencita pasa un cuarto de hora ciñéndose las ballenas tan apretadas como sea posible, y es vista algunas veces por sus amigas jalando por algunos minutos, después parando para respirar, luego retomando la tarea a más no poder, hasta que tal vez del tercer esfuerzo lo consigue y se sienta cubierta en su transpiración, después de esto el efecto del corsé no sólo es dañino para la forma sino que puede producir muy serias consecuencias. |
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El cubrecorsé en la exposición Moda y Modernidad, llega un poco más arriba de la cintura y a partir de ahí cubre el busto. Es probable que esta pieza de lencería fuera utilizada para trajes de 1860 a 1882 debido su largo. Su tono claro indica un concepto decimonónico sobre la ropa interior femenina, expresado por un escritor anónimo en 1861: […] es el símbolo blanco de su pudor, aquel que uno no debe tocar o mirar de cerca.
Ana Paola Ruiz describe que está confeccionado en lino color crudo y exhibe deshilado y aplicación de encaje de bolillo maltese en puntas. Se abrocha por el centro con tres botones de nácar. Del lado derecho se encuentran las iniciales HM bordadas, del nombre de su dueña.
Entre sus materiales delicados, la lencería manifiesta belleza, fantasía y deseo. Es muestra de una de las aspiraciones de la modernidad: la reafirmación de lo femenino y lo masculino. Octave Uzanne escribió sobre su amada: Ella es como una orquídea excepcional […] a quien sus innumerables capas hacen más bella y delicada conforme te acercas a las dulces profundidades de los pétalos más recónditos.
[1] Confección anónima | Cofia | c 1900 | Tejido de croché sobre tul de
algodón. Encaje de bolillos | 17 x 29 x 49 cm
[2] Confección anónima | Camisón | Primera mitad de siglo xx | Lino
con bordado industrial y encaje de tul de algodón | 137 x 51 (cintura) cm.
Ruedo: 308 cm
[3] Confección anónima | Vestido de calle (detalle) | c 1900 | Malla
bordada con aplicación de tafetán y soutache de algodón | 160.5 cm x 24
cm (cintura)
[4] Confección anónima | Cubrecorsé | c 1900 | Lino. canesú deshilado de
algodón y encaje de bolillo maltés. Botones de nácar | 42 x 41 (cintura) cm
Fotografía: Luis Enriquez Figueroa |