HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN



Y a ti, artista, confiando sus ensueños,
Te dijo, dales vida,
La juventud querida,
Que los palpe, oh pintor. Tú te inspiraste.
Y el recuerdo de tu éxtasis divino
En tu cuadro elocuente nos dejaste.

GUILLERMO PRIETO
Poema para Juan Cordero
Noviembre de 1874

EL ARTISTA

Juan Cordero Hoyos nació en Teziutlán del Carmen, Puebla el 10 de junio de 1822. Hijo de Tomás Cordero y María Dolores Hoyos, demostró desde muy temprano afición al dibujo y una fina sensibilidad para las artes.

Inscrito en la Academia de San Carlos de México –en la que preparaban a los alumnos en la copia de la estampa, como señala la investigadora Elisa García Barragán–, gozó del talento de prestigiados maestros como Estanislao Rincón y Miguel Mata. Este último fue quien lo inició en el género de retrato, el cual marcaría en adelante su producción artística.


En junio de 1844 se embarcó rumbo a Europa para estudiar dibujo en la Academia de San Lucas de Roma. Allá conoció al ex presidente de México, Anastasio Bustamante, de quien recibiría gran apoyo emocional y económico durante su estancia en el Viejo Continente.




Cordero se identificó con las enseñanzas de los Nazarenos, artistas de origen alemán reunidos en Viena que buscaban volver los ojos a los primitivos italianos y a su concepción plástica. El líder del grupo, Friedrich Overbeck sostenía: la belleza en las obras de Rafael Sanzio fueron resultado de la sinceridad y la verdad en el arte.

Para la emérita Beatriz de la Fuente: Juan Cordero destaca por su originalidad creativa entre los pintores del siglo XIX. En su vasta producción pictórica plasmó, por una parte, las enseñanzas académico-clasicistas que recibió durante su estancia en la Academia de San Lucas en Roma; por otra, se perciben en sus lienzos los afanes románticos que revelan su espíritu apasionado.

En 1845 ganó el premio en la Academia por una figura pintada al natural. En sus trazos se percibía una clara influencia de su maestro Natal de Carta, así como del Guercino (1591-1666).

Al año siguiente el Ministerio de la República de México le otorgó una pensión para su estancia en Italia hasta 1853. El artista debía enviar a su país anualmente una obra autógrafa que demostrara sus avances plásticos. En 1847 ejecutó El retrato de los escultores Tomás Pérez y Felipe Valero y Colón ante los Reyes Católicos. Esta última obra, resultado de la perfección técnica adquirida en la Ciudad Eterna, le valió un generalizado reconocimiento dentro de la Academia.

La formación de Cordero a partir del periplo realizado en Venecia, Florencia, París y Madrid se expresó en un trazo maduro y en una buena combinación cromática de las obras realizadas en Europa.

El artista regresó a México en 1853.
El entonces director de la Academia de San Carlos, José Bernardo Couto, lo nombró subdirector  de pintura pues la primera  curul

 

en esta especialidad la ocupaba quien sería el más grande rival de Cordero, el maestro catalán Pelegrín Clavé (1811-1880).

Hacia 1854 pintó un retrato ecuestre del general Antonio López de Santa Anna, con miras a ganar el apoyo del supremo mandatario de la nación. A partir de ese momento, su trayectoria en el retrato y los temas religiosos lo consagrarían como uno de los más importantes artistas mexicanos.

Jesús antes los Doctores (1855), mural pintado para la Iglesia de Jesús María en la Ciudad de México, y las decoraciones para la capilla y pechinas de Santa Teresa la Antigua –reedificada por el arquitecto Lorenzo de la Hidalga–, aumentaron su prestigio entre los compatriotas. Al respecto, la doctora García Barragán explica: Esta decoración es un primer paso en nuestra pintura mural, un impulso hacia las enormes posibilidades que más adelante, y ya en pleno siglo XX, encontrarían los pintores del muralismo mexicano.

Juan Cordero falleció el 28 de mayo de 1884. Su funeral tuvo lugar en el templo de La Profesa y sus restos fueron enterrados en el panteón del Tepeyac.

LA OBRA


Luego de la restauración de la República liberal de Benito Juárez en 1867, México se vio influido por la ideología positivista que abanderaba el progreso y la educación bajo la directriz del célebre Gabino Barreda, secretario de Justicia y de Instrucción Pública.

El país seguiría el camino marcado por la filosofía heredada de Auguste Comte (1798-1857), quien sentó las bases para la comprensión del mundo a través de la experiencia y de las leyes de la naturaleza para el bienestar general de la humanidad.

 


A partir de estas premisas, Gabino Barreda propuso el tema de la pintura mural que realizaría Juan Cordero en 1874 en la pared de fondo de la gran escalera de la entonces Escuela Nacional Preparatoria: Triunfos de la Ciencia y el Trabajo sobre la envidia y la ignorancia.

Los discursos y poemas leídos con motivo de la inauguración de la obra el día 29 de noviembre de aquel año, reunidos en un impreso que conserva el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, le da el título de La Ciencia y el Trabajo contra la Ignorancia y la Pereza. El esteta Justino Fernández la describió de la siguiente manera:

Minerva (la Sabiduría), en su trono (la Arquitectura), tiene a sus pies la Ciencia (saber para prever) simbolizada por una joven diosa que representa la Electricidad, la Industria (prever para obrar) está representada por otra diosa con los atributos del vapor. El Comercio Marítimo de un lado, al fondo, y del otro Clío, la musa de la historia, completan los elementos principales, si bien a lo lejos puede verse otro símbolo del progreso: un ferrocarril. En cuanto a la Envidia y la Ignorancia, están simbolizadas por una figura que huye con gesto airado no pudiendo resistir la vista del triunfo del progreso. A los lados, geniecillos llevan en sus manos coronas de laurel (genio) y de roble (fuerza). Toda la alegoría, pues, simbólicamente expresaba más que una efectiva realidad mexicana, el ideal universalista de Comte.

Al celebrar tan importante evento, distintas personalidades mexicanas se reunieron para exaltar la grandeza de Juan Cordero como cantor de la patria liberal. Entre ellos se encontraban Guillermo Prieto, Felipe López López, el propio Barreda, el estudiante Salvador Castellot y el profesor Rafael Ángel de la Peña, quien expresó en aquella ocasión: Hace muy poco tiempo se encomendó al privilegiado pincel del Señor Cordero, el cuadro alegórico que adorna el muro de la escalera principal de este edificio, y apenas transcurridos breves días, lo ha llevado a feliz término con una rapidez de ejecución […] Pero lo que eleva a nuestro pintor a la altura de los grandes maestros es sin duda el colorido […].

En el año de 1900 el entonces director de la escuela, Vidal de Castañeda y Nájera (1836-1903), mandó borrar la pintura y en su lugar se colocó un vitral con el lema Amor, Orden y Progreso. El hecho parecía haber sido vaticinado por Felipe López López en la nota publicada en El Federalista el 3 de diciembre de 1874:

 


[…] no será extraño […] que los búhos en materia de educación, cuya delicada pupila se lastima con el brillo de las ciencias modernas, viesen en este homenaje rendido a ellas por tan eminente pincel, un motivo más para pedir con más ahínco la clausura de la Escuela […].

Poesía y discursos leídos en la festividad en que la Escuela Nacional Preparatoria laureando al eminente artista D. Juan Cordero le dió un testimonio público de gratitud y admiración, por el cuadro mural con que ha embellecido su edificio
, hoy se convierte en testimonio de primera mano para recordar a Juan Cordero a través de la historia de un mural desaparecido.

Retratista, romántico, pintor de temas religiosos, viajero y maestro de sólidas convicciones. Diego Rivera apuntó sobre él: Cordero fue en el siglo XIX la primera afirmación del muralismo laico, cívico, con sentido social. Su obra fue destruida por los científicos, pero él queda como el precursor de la actual pintura mexicana. Cordero afirmó dentro del clásico greco-romano del México sometido y semi-colonial, el sentido profundo del clásico mexicano del México independiente que ahora empieza a renacer.


[1] Juan Cordero Hoyos | La Ciencia y el Trabajo contra la Ignorancia y la Pereza | Tomado del libro Poesía y discursos leídos en la festividad […] | Imprenta del Comercio | Calle de Cordobanes Núm. 8, Ciudad de México, 1874 | Impreso | 22.9 x 16 cm
[2] Anónimo | Retrato de Juan Cordero | Tomado del libro Poesía y discursos leídos en la festividad […] | Imprenta del Comercio | Calle de Cordobanes Núm. 8, Ciudad de México, 1874 | Impreso | 22.9 x 16 cm
[3] Rafael Ángel de la Peña, et.al. | Poesía y discursos leídos en la festividad en que la Escuela Nacional Preparatoria laureando al eminente artista D. Juan Cordero […] | Imprenta del Comercio | Calle de Cordobanes Núm. 8, Ciudad de México, 1874 | Impreso | 22.9 x 16 cm

 
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