EVA MARÍA AYALA CANSECO| CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

La carroza del Círculo Mercantil ha sido construida por los señores Amorós y Blancas. Representa una galera en las que peleara Cervantes. El busto de éste aparece en la proa, y cerca de él los de Don Quijote y Sancho. Un molino de viento recuerda los sueños del poeta; unos grillos de hierro su cautiverio. Nueve jóvenes, que representan a las musas, tripulan la nave.

 TERCER CENTENARIO DE LA CELEBRACIÓN DEL QUIJOTE, 1905, ACTAS DE LA REAL ACADEMIA



La escenografía tuvo su origen en el teatro griego. El universo de decorados para representaciones escénicas. A lo largo del tiempo ha ido ampliando su campo de acción hasta llegar a la utilería, la iluminación y la caracterización de los personajes. En la Inglaterra medieval un cartel o un actor describía el lugar de los eventos. Durante el Renacimiento, la perspectiva lineal trascendió a la pintura de telones de fondo –aquellos que cierran la escena–. La familia Galli Bibiena (1659-1743), llevaron esta técnica a la perfección durante el Barroco, –sobre todo en la arquitectura–, y su escuela atravesó las fronteras de Florencia. La disciplina del escenógrafo pintor se había afianzado.

Los decoradores del Hôtel de Bourgogne, Laurent Malehot y Michel Laurent, que trabajaron con el dramaturgo Moliére en París, dejaron atrás los inmensos decorados simultáneos de la tradición medieval, por los sucesivos, que se iban cambiando según la acción se llevaba a cabo; y de esta forma la escenografía se dirigía a la era moderna. El Teatro del Siglo de Oro español transcurrió entre sitios públicos, Corrales de Comedia o funciones en la corte –salvo excepción del Teatro del Buen Retiro– hasta que a fines de siglo XVIII llegó una fuerte influencia italiana en la escenografía que permanecería por varias centurias.
 
En la España de los siglos XIX y XX, con una infraestructura del espectáculo extensa y bien cimentada, la Escuela de Artes y Oficios de Madrid otorgaba la matrícula de pintor escenógrafo. Amén de la academia, la formación, también se vivía en los talleres, como el de Giorgio Busato y Bernardo Bonardi, a cargo del Teatro Real; ellos pintaron los techos –hoy desaparecidos– del Teatro Principal. Entre los jóvenes aprendices del afamado atelier se encontraban Félix Lafuente, Amalio Fernández, Julio Blancas y Manuel Amorós Planells.

ESCENOGRAFÍA EN ESPAÑA

A la izquierda, una mesita con una botella de agua y dos vasos. En primer término izquierda, mesa y encima algunos libros, […] En segundo término izquierda, un bargueño, y en uno de sus cajones un revólver. Junto a las paredes, divanes, […] Sillas y sillón de cuero. Es de día.

DESCRIPCIÓN DE LA ESCENOGRAFÍA, ACTO TERCERO,  LA SEÑORITA DE TRÉVELEZ DE CARLOS ARNICHES

Bajó la dirección del reconocido escenógrafo Amalio Fernández, los jóvenes Blancas y Amorós, se integraron a la corriente realista naturalista, cuidando en detalle la veracidad, y de acuerdo con el estilo histórico en que sucedían los hechos representados. En 1902 se independizaron bajo la firma Amorós y Blancas, con un taller en Batalla del Salado 14, desde donde colaboraron en las principales salas de la capital española, los teatros: de la Comedia, Real, Español, de la Zarzuela, Apolo, de la Princesa, Lara, del Centro –antiguo Odeón–, Price, Cervantes, de la Latina, de Abelardo López de Ayala.

Gracias a la estrecha relación que tuvieron con la compañía Guerrero-Mendoza sus creaciones viajaron a América, sobre todo a México y Argentina.

Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim conserva cincuenta y siete estudios para telones de foro, de boca el que cierra la embocadura del escenario– y decoraciones, realizados en gouache sobre papel y montados en cartón. Proceden de la Casa Caylus en Madrid. Seis son posteriores a 1922 –un año después de la muerte de Manuel Amorós– cuando Julio Blancas, tenía un nuevo socio, Antonio Ripoll. Todos están firmados por Blancas aunque siempre los realizó con sus colaboradores. En la parte posterior están numerados, lo que indica un registro más allá de la obra o la escena.

LETRAS Y MUSAS

El pueblo de Madrid, protagonista reiterado de la obra teatral […] está siempre “ahí”, dispuesto una y otra vez a ser llamado a escena como sustancia máxima de cualquier obra teatral.

ENRIQUE LLOVET, PRÓLOGO DE LA SEÑORITA DE TRÉVELEZ DE CARLOS ARNICHES

La labor de Amorós y Blancas puede dividirse en espacios históricos, contemporáneos, y decoraciones fantásticas. En este último tipo de escenografías se nota el gusto por lo moderno que caracterizó al arte finisecular. La decoración dejó de ser un síntoma para convertirse en un símbolo del todo, apunta el investigador Klaus-Jürgen Sembach.


DECORADOS HISTÓRICOS


El de Madame Butterfly, de Giacomo Puccini (1858-1924), representada en el Teatro Real de Madrid en 1907, muestra el rigor que Blancas y Ripoll tenían para la escenografía histórica: el interior de una casa japonesa de un piso, vigas de madera y paredes forradas con papel; al fondo, el pasillo techado que da al jardín. El único mobiliario que se esboza son los enormes tibores de porcelana azul y blanco; ningún mueble aparece, en congruencia con la sencillez de la cultura japonesa tradicional.

 


En la colección de Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim hay decorados de Amorós y Blancas para obras de los siguientes autores españoles: los hermanos Álvarez Quintero, Antonio Paso y Cano (1870 1958), Manuel Fernández y González (1821 – 1888) Fernando de Rojas (c 1470 – 1541), Alfonso Dánvila (1879 –1945), Pedro Muñoz Seca (1879 – 1936), Francisco Villaespesa (1877 –1936), Ceferino Palencia (1859 –1928), Eduardo Marquina (1879 – 1946), Sinesio Delgado (1859 – 1928), Luis Fernández Ardavín (1892-1962), Manuel Linares Rivas y Astray-Caneda (1867 – 1938), Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, Duque de Rivas (1791- 1865), Carlos Arniches (1866 –1943), Joaquín Dicenta (1862- 1917), Rafael María Liern (1832-1897) y Benito Pérez Galdós (1843- 1920). De autores otra nacionalidad distinta a la española: Victorien Sardou (1831-1908), La Corte de los Venenos, Macbeth y Hernani de Giusseppe Verdi, El Profeta de Giacomo Meyerbeer, Enrique VIII de Camille Saint-Saëns (1835-1921) y Madame Butterfly, de Giacomo Puccini (1858-1924).

Otros estudios realizados para obras de teatro histórico son: Calisto y Melibea de Tirso de Molina, Las Hijas del Cid de Eduardo Marquina y El Alcázar de las Perlas de Francisco Villaespesa.

ESPACIOS FINISECULARES

La escena que Amorós y Blancas diseñaron para el primer acto de La señorita de Trevélez es austera, elegante y sencilla, cercana a la realidad de la sociedad burguesa en Madrid. El telón indica al espectador un segundo piso de un moderno apartamento, por las ventanas se observa el edificio de enfrente. En una habitación como ésta Florita podría haber recitado con melancolía ¡La felicidad es un pájaro azul, que se posa en un minuto de nuestra vida y que cuando levanta el vuelo, Dios sabe en qué otro minuto se volverá a posar!

El investigador Enrique Llovet describió así la obra de Carlos Arniches: La temática arnichesca es española hasta los huesos. El panorama contemplado, la geografía física y humana de su obra, es la de España. Una España salida del desastre militar del 98 e inmersa en la testarudez restauradora o inmovilista.

 

Uno de los decorados menos convencionales en la producción de Amorós y Blancas fue el que diseñaron para el ventrílocuo Francisco Sanz (1872 - 1939) dado que no requería de un sitio específico sino de un lugar dónde los personajes se desenvolvieran. Según el investigador J. Izquierdo Anrubia, el valenciano también fue un guitarrista brillante que lo demostraba en sus funciones. En la compañía El Circo de la Alegría vivió su mayor éxito con el espectáculo de autómatas. La vista del dibujo del Soumaya debe preceder de los primeros años del siglo XX. La estructura de pabellón circular con techo de acero y cristal para el telón de foro, recuerda la arquitectura nouveau de la Casa van Eetvelde diseñada por el pionero del modernismo Víctor Horta (1861-1947) en 1899.

TELONES FANTÁSTICOS

El estudio para La goya, estrenada en Madrid en 1922, muestra una réplica caricaturizada de la famosa Maja desnuda dentro de un invernadero de arquitectura modernista. En el primer plano coronan desde lo alto la escena, un retrato de un caballero, debajo de él una inscripción: «Goya», en referencia al pintor español.



Los escenógrafos trabajaron en varias producciones de Pedro Muñoz Seca (1879 – 1936), dramaturgo de Cádiz que inventó el astracán, un género con gran aceptación que buscaba la comicidad más allá de la verosimilitud hasta la desfiguración del lenguaje. Los diálogos de La Venganza de Don Mendo, representada en el Teatro de la Comedia en 1918, son muestra de ello: ¿Qué tienes en la mirada / niña de los ojos bellos? […] / Tiene rubios los cabellos […] / Y una mirada tan dulce, /Tan triste, tan apenada, / que hay que preguntalle al velle: / ¿Qué tienes en la mirada? El campamento del héroe en esta representación se encuentra ahora en el Museo Soumaya.

El boceto de La Almoneda del Diablo fue realizado en 1922, cuando la comedia de Rafael M. Liern se presentó en el Teatro Martín en la capital española. Sátira que a la vez es reflexión sobre el amor y la felicidad, Catalina discute con Juan porque no desea ver a su hija adolescente  con un vejancón de sesenta, por más títulos de nobleza que le adornen, ni más onzas que apalee. El marido le responde: Pues yo no creo que haya mayor felicidad que casar una hija y saber que no ha de carecer de nada. Ella le contesta: ¡De nada, de nada! […] La dicha no consiste en las riquezas. Con maestría y para crear la apariencia de profundidad los escenógrafos enviaron al fondo un trono, muy iluminado, al que se accede por una alfombra roja; el lugar rebosa de guirnaldas y flores. Es el Templo de la felicidad, que se presenta en la obra del Soumaya.

 

Teatros prósperos y numerosos, autores en la exploración de la sátira y así de la condición humana, espectadores ávidos y dispuestos a asistir al lugar teatral. De tono correctísimo para la época pero actualidad burlesca, un escritor anónimo dio fe de una representación de 1910: […] el señor Oliver confió su desempeño, así como el de los demás detalles –que al decorado escénico de las mismas correspondía– a los pintores escenográfos señores Amorós y Blancas, que gozan, entre los inteligentes, el concepto de que son artistas que dominan la Historia.





Julio Blancas y Manuel Amorós Planells
[1] Boceto para telón de fondo de la comedia de Pedro Muñoz Seca, La Goya (1922) | Primer tercio del siglo XX | Gouache y acuarela sobre papel montado en cartón | 15.3 x 24.4 cm
[2] Boceto para telón de fondo de las representaciones del ventrílocuo Francisco Sanz (1872 - 1939) | Primer tercio del siglo XX | Gouache y acuarela sobre papel montado en cartón | 14.7 x 24.1 cm
[3] Boceto para telón de fondo del tercer acto de la comedia de Rafael M. Liern, La Almoneda del Diablo (1922) | 1922 | Gouache y acuarela sobre papel montado en cartón | 15.8 x 22.7 cm
[4] Boceto para telón de fondo de la ópera de Giacomo Puccini, Madame Butterfly (1904) | 1907 | Gouache y acuarela sobre papel montado en cartón | 18.2 x 34.3 cm

 
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