En nuestra entrega anterior Miguel Miramón, disfrazado de guardia, estaba a punto de huir de la prisión de la Exacordada en la Ciudad de México:
Marchando con sus compañeros, bajó la escalera y al llegar á la puerta de la la Pricion, se acercó al oficial de guar/dia, puso su mano en la frente y le dijo, “mi Ca/pitan, ¿me permite usted que baya á tomar una tasa de café? “Vaya usted” le contestó fria/mente el oficial. Miramon más ligero que el viento, salió de alli y se dirigió á la Alameda que estaba á poca distancia de la Pricion, alli se desnudó de su tra/ge de soldado, se cubrió la cabeza con un sombre/ro [de] feltro que llevaba debajo del braso […] y en mangas de camisa se lansó por las Calles de la Capital sin saber adonde dirijir sus pasos, para no perder de nue/bo su libertad. Su buena estrella lo llevó á la calle adonde vi/via don Raimundo Mora, rico hacendado español amigo suyo, al llegar á la puerta de la casa vio un coche aparejado y como pronto á salir fuera de la Capital […]
Concepción Lombardo detiene su relato para escribir en una apostilla: Informar del nombre de la Calle adonde vivia en aquella época don Raimundo Mora y agregar á esta oja. La autora prosigue:
[…] luego reconosió al cochero y le preguntó á quien esperaba? Este le contestó “á mi amo porque nos bamos para la Hacienda” […] bajó don Raimundo y sorprendido de ver alli aquel individuo, le preguntó ¿qué se le ofrese á usted? […] y [en] vos baja le dijo, “Soy Miramon que me acabo de fugar de la Exacordada” Don Raimundo le dio un fuerte abraso, lo cubrió con un abrigo que llevaba en el braso y lo metió en su coche. Luego dirijiendose al cochero le dijo “Este po/bre español compatriota mio, mira como lo han de/jado los ladrones? Nos lo llevamos á la Hacienda para darle trabo [trabajo] […] Al salir de la garita sonaba el alba, despuntaba la luz en el Oriente, y aparecia en el dulce cielo de nues/tro México el Lucero de la mañana. Miramon dió un gran suspiro, estrechó cariñosamente entre las suyas las manos de don Raimundo y esclamó “Gracias Dios mio, que me has salvado por medio de este buen amigo”! Al día siguiente de la fuga de Miramon tubo el alcalde la Pricion que dar parte de la desaparición del preso. Mis lectores comprenderan la cólera del gobernador Baz al recibir la noticia. Enfurecido entró á la Exacordada lanzando rayos y centellas y queriendo fulminar con ellas al desgraciado alcalde de la Pri/cion, el cual no le llegaba la camisa al cuerpo.
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En bano se busco al preso por todos los rincones de aquel basto edificio ¡el pájaro habia volado!
Concha de nuevo interrumpe su narración para aclarar en una nota a pie de página: Los detalles de la fuga de Miramon los supe por él mismo cuando fue mi esposo. La fábula que cuenta Victor Daran en su libro titulado Miguel Miramon, es falsa. Ni Mucinos, ni Trejo tubieron parte en ella, como dice Daran, solo la Madre de Miramon lo sabia. El soldado Trejo no tuvo que ver con Miramon, sino algun tiempo despues por haber sido su asistente. Una vez precisada la información, el episodio reanuda:
Miramon permanecio oculto durante algunas semanas en la Hacienda de Pablo de Medio de pro/piedad de Raimundo Mora. Desde alli se puso de acuedo con algunos de sus ami/gos y correligionarios entre ellos Manuel Ramires Arellano, Pioquinto Claveria, Francisco Veles, su hermano Carlos Miramon y Juan Vicario con 80 hombres de caballeria. Puestos á las ordenes de Miramon, se propusieron sorprender la guarnicion de Toluca…
Víctor Daran es un escritor francés del siglo xix que vino a México en 1886. Fue empleado del Banco de los Señores Martín Daran y Compañía. Ese mismo año, tras haber recopilado información de Miguel Miramón, en especial de las entrevistas con Manuel Lombardo, hermano de Concepción, editó en Roma El general Miramón. Notas sobre la historia de México, traducida por El Tiempo un año después. |
Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón, “Capítulo III°: Mi juventud, quienes fueron mis verdaderos maestros. Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, t. 1, 1859-1917. Colección del Centro de Estudios de Historia de México CARSO.
La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para identificarlas se subrayaron. Las diagonales indican cambio de renglón.
Anónimo | General Miguel Miramón | c 1860 | Gouache sobre lámina de marfil. Medallón de bronce con restos de baño de plata y vidrio biselado | 5.1 x 3.6 cm
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