
JENNIFER ROSADO
Como prácticamente todas las actividades humanas, el tabaco constituyó un excelente pretexto para diseñar y elaborar objetos en torno a su consumo. Los artesanos, inmersos en un contexto histórico, social y cultural específico, elaboraron piezas únicas y exquisitas que sedujeron a los nobles y comerciantes de tabaco, ya fuera para masticarlo, fumarlo o aspirarlo. Los materiales variaron según se tratara de picadura de tabaco o rapé, de tabaco para pipa, enrollado en hoja como un puro o, finalmente, liado como los cigarrillos modernos, que comenzaron a distribuirse a partir de 1840 aproximadamente.
Nadie sabe con certeza la fecha ni el lugar en el que se comenzó a consumir tabaco, los códices y leyendas prehispánicas y las crónicas de colonizadores y misioneros nos dan una idea poco más o menos certera de la manera en la que los indígenas lo usaban. El Popol Vuh, por ejemplo, nos permite enterarnos de cómo Hunahpú e Ixbalanqué engañan a los Señores del Inframundo colocando luciérnagas en la punta de sus tabacos enrollados para simular que los consumían.
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Por otro lado, en el Códice Florentino el religioso franciscano fray Bernardino de Sahagún (c. 1499-1590), llama cañas de humo a los objetos que los indígenas fumaban, y en las ilustraciones vemos la manera en que los personajes sostienen un palo en cuya punta se encuentra la caña humeante, seguramente rellena de tabaco. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557), en su obra Sumario de la Natural Historia de las Indias (1526), dedicada a Carlos I, describe una especie de boquilla en forma de «Y», que se aspira con ambos orificios nasales por un extremo y por el otro se rellena de tabaco y se enciende.
En el Diario de Cristóbal Colón se refiere que dos de los hombres españoles que acompañaban al Almirante, el uno se llamaba Rodrigo de Jerez, que vivía en Ayamonte, y el otro era un Luis de Torres, que había vivido con el Adelantado de Murcia y había sido judío, y sabía diz que hebraico y caldeo y aun algo arábigo, y con éstos envió dos indios, uno de los que consigo traía de Guanahani y el otro de aquellas casas que en el río estaban poblados, a explorar parte de la actual Cuba el viernes 2 de noviembre de 1492.
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El mismo documento nos informa que Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, hierbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban. Al regresar a Europa, Jerez y Torres dieron a conocer lo que vieron, pero en ese momento, la costumbre de fumar tales hierbas no sedujo a nadie, incluso uno de ellos fue juzgado y encarcelado por la Inquisición.
A partir de entonces fueron muchos los que llevaron tabaco a Europa, junto con otras cosas, como maíz, frijol, calabaza, jitomate, chile, papa, etcétera. Los reinos que contaban con colonias en América fueron los primeros en adoptar estos productos en su vida diaria. Fue hasta el siglo XVI que el embajador francés en Portugal, Jean Nicot (1530-1600), comisionado para negociar el matrimonio de Margarita de Valois con Sebastián de Portugal, envió algunas semillas de tabaco a la entonces reina de Francia, Catalina de Médicis, recomendándole su cultivo con la idea de que las hojas del tabaco pulverizadas, debido a sus propiedades medicamentosas, podían ser útiles a la reina para curar sus jaquecas. Catalina de Médicis, siguiendo la recomendación afirmativa de su médico, Ambrosio Paré, adoptó de inmediato la aspiración del exótico polvillo. Nicot, por su lado, pasó a la posteridad gracias a Jean Liébault (1535-1596), quien dio como nombre científico a la planta –Nicotiana tabacum– en 1570.
El uso del tabaco comenzó a masificarse en la Europa del siglo XVII, pronto se extendió por Occidente hacia Asia y África a través de las colonias de los imperios europeos, y con este fenómeno empezaron a idearse objetos para guardarlo, consumirlo, encenderlo y desecharlo. |
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A principios de siglo XVII pequeños fabricantes artesanales confeccionaban tabaco; hasta alrededor de 1620, en que se fundó la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, dedicada a la producción de cigarros, puros y tabaco para pipas, y que se convertiría en una de las grandes industrias de la época. A esta gran fábrica se sumaron otras, los precios comenzaron a bajar por la relativa facilidad con la que se conseguía el producto, y fue entonces cuando surgieron los monopolios, las legislaciones y las rentas destinadas al tabaco en los reinos más importantes de Europa.
En algunos lugares fue muy mal visto consumir tabaco debido a que causaba aturdimiento; por ejemplo en Alemania, el Vaticano, Persia, Rusia, Turquía y China se castigaba con severidad a quienes se encontraran fumando, aspirando o masticando la planta; estos castigos se hacían extensivos a los comerciantes y traficantes de tabaco. A pesar de lo anterior, para el siglo XVII ya se cultivaba en todas partes y nada detuvo su rápida expansión.
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La mayor parte de los gobernantes terminaron por convencerse de que el crecimiento del consumo del tabaco era inevitable, y en cambio podía proporcionar importantes cantidades de divisas el resignarse a permitir abiertamente su consumo. Así, el tabaco llegó incluso a las cortes más pomposas del mundo entero.
En principio, se presumían sus cualidades curativas; para quitar los dolores de cabeza, adormecer las lesiones producidas por la peste, y como eficaz dentífrico, y se utilizaba en infusiones, enemas y como estornutatorio, además de los usos conocidos.
Durante una muy buena parte del siglo XVIII el consumo de rapé fue uno de los placeres más explotados, hombres y mujeres por igual esperaban con cierta ansiedad la celebración de audiencias, reuniones, bailes y galas para exhibirse entre sus amistades, deleitándose con la aspiración de la exótica picadura de tabaco –a veces perfumada con pequeñas y carísimas porciones de sándalo, jazmín, rosas– y, conservada en elegantes cajitas que contenían el estimulante polvillo. Los temas con que se decoraban las pequeñas cajitas eran muy diversos: desde motivos geométricos, florales y animales, representaciones de dioses clásicos, escenas pastoriles y de caza, vistas fantásticas de alguna ciudad, retratos del bienamado y hasta escenas eróticas en dobles fondos (Doppeldeckeldosen).

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En Sevilla la fabricación de rapé comenzó apenas hasta 1786, pero para entonces los franceses ya estaban tan acostumbrados a su consumo que los picadores de tabaco en la ciudad española tuvieron que ser traídos de Francia.
La variedad de materiales utilizados para las cajitas de rapé era vastísima, algunos traídos de otras tierras; todas debían cerrarse herméticamente para no perder su valioso contenido, también tenía cierta importancia que los materiales fueran o que estuvieran de moda. Estos contenedores, pequeños para llevarlos en los bolsillos, podían ser de madera tallada, pasta, cuerno, carey, marfil, piedras semipreciosas talladas o incrustadas, madreperla, oro y plata con piedras preciosas engarzadas, vidrio tallado y policromado, esmaltes, entre otros.
Como elemento relacionado con el consumo del tabaco, uno de los objetos más utilizados desde el siglo XVI hasta nuestros días en todo el mundo, ha sido la pipa.
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La elaboración y el diseño en el caso de las pipas quedaban muchas veces subordinados al material empleado, ya que era imperativo que resistiera el calor en la cazoleta, que la boquilla no quemara la boca del fumador y que fuera posible ser desarmado y limpiado muchas veces sin que perdiera su eficacia. Las pipas se han modelado de materiales como: raíz de brezo o cerezo, marfil, piedras semipreciosas talladas –como el jade–, mármol, porcelana, metacrilato, vidrio, arcilla, olote de maíz, espuma de mar, metal esmaltado o metal con boquilla de otro material como pasta, ámbar o carey.
La espuma de mar (Meerschaum) es un silicato hidratado de magnesio que se encuentra en depósitos en Turquía, su color es blanco pero con el uso adquiere las tonalidades ambarinas, doradas y marrones del tabaco. Se utilizaba incluso antes que la madera de brezo, y entre las razones por las que se convirtió en uno de los materiales más preferidos para la elaboración de pipas se encuentra su gran plasticidad, ya que permite crear cualquier forma. El trabajo de los artistas en Meerschaum llegó a ser tan preciso y delicado, que era posible representar escenas sin omisión de detalles, ya fueran de caza, pastoriles u orgías.
Casi al igual que las pipas el puro ha tenido una larga historia. A las vitolas, habilitaciones, cintillos y demás papelería que acompañaba a los habanos en sus cajas, se sumó la elaboración de humidores, cajas, cortapuros y pureras en distintos materiales, así como ceniceros especiales.
Los cortapuros normalmente eran metálicos, de bronce o plata, y los han hecho en forma de ratoneras, animales, piernas femeninas, zapatillas, guillotinas y fichas de dominó; con el cortapuros engarzado en un cuerno o diente de animal; incluso los hay con figuras sentadas en bacinillas o similares, de referencia escatológica.
El puritanismo de la sociedad victoriana de mediados del siglo XIX, cuya influencia afectó a gran parte del mundo occidental, excluyó casi por completo a la mujer de el consumo del tabaco. Se acostumbró que los caballeros se alejaran de las damas después de la cena y se retiraran a fumar a áreas destinadas para tal fin: el Salón de Fumadores. Asimismo se desarrolló la costumbre de reunirse en clubes en donde las damas tenían prohibido asistir. Los caballeros vestían con trajes adecuados a cada ocasión; así surgió la indumentaria que todavía se conoce como smoking. |
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Fumar tabaco se relacionó entonces con actividades estrictamente masculinas; la conducta perdura hasta nuestros días por ejemplo en el llamado arte de Cúchares, la fiesta brava: durante mucho tiempo, fue ciertamente casi necesario que un buen torero, o un buen aficionado a los toros, fumara puro. De la misma manera sucedió con el boxeo, la cacería, las actividades políticas, las revoluciones liberales y las logias.
La reina Victoria (1819-1901) detestaba el tabaco y en el palacio de Buckingham estaba absolutamente prohibido consumirlo en cualquiera de sus modalidades. Para su mala fortuna el príncipe de Gales (1841-1910), quien esperó el trono del Reino Unido durante cincuenta y nueve años, era afecto a los habanos, y para fumar tenía que retirarse del palacio –llamado la Ciudadela Prohibida por el propio príncipe–. Incluso tuvo que esconder su afición hasta la muerte de la reina. Al ascender finalmente al tan esperado trono, como Eduardo VII, lo primero que hizo fue invitar a sus amistades a palacio y permitir por Real Decreto el consumo de tabaco.
[1] Anónimo | Brasero virreinal | Siglo XVIII | Bronce | Siglo XVIII | 15 x 19 Ø aprox. | Col. Rodrigo Rivero Lake Antigüedades
[2] Anónimo | Boquilla europea |Siglo XIX | Espuma de mar o Meerschaum | Col. Tabacco and salt Museum | Tokio, Japón
[3] Caja para tabaco | Siglo XVIII | Cuerno. Taracea en concha nácar, perla granada, carey. Plata | 11.6 x 6.7 x 4.4 cm
[4] Don martín de Mayorga Ferrer, 47º Virrey de la nueva España |Método instructivo que deberá observarse en esta Contaduría General de la Real Renta del tabaco, y respectivamente en las factorías de ella de este Reino de Nueva España | 1780 | Impreso | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO
[5] Anónimo Francés | Caja de rapé | Siglo XVIII | Carey tallado y aplicaciones de plata | 5 x 6.7 x 1.3 cm | Col. Museo Franz Mayer
[6] Anónimo | Pipa africana con piel de serpiente y cabezas de animales | c 1968 – 2008 | Madera, bronce y piel de serpiente | 43 x 5.5 x 3 cm | Colección particular
[7] Pipa con motivos prehispánicos | c 1968 - 2008 | Madera y espuma de mar o Meerschaum | 17 x 6 x 4.5 cm | Colección particular
[8] Dodusem ¿? | Pipa representando a un zorro entre las raíces de un árbol | c 1968 - 2008 | Brezo | 19.4 x 4 x 5 cm | Colección particular
[9] Jonathan Guevara | Pipa con tres glifos mayas (Palenque, Tikal y Copán) | c 1968 - 2008 | Espuma de mar o Meerschaum | 16.3 x 6 x 4 cm | Colección particular
[10] Jonathan Guevara | Pipa con un altar de copán | c 1968 - 2008 | Brezo | 15 x 5 x 5 cm | Colección particular |
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