
EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
El señor Courbet pinta tal como siente. [En él] es fácil reconocer al verdadero nativo del Franco Condado, al auténtico hijo de la áspera región donde nacieron los tres atrevidos rebeldes del mundo de las ideas y de la literatura: Fourier, Proudhon y Victor Hugo. |
MAX BOUCHON, DIARIO LE PEUPLE, 1850 |
| ENTRE LA NATURALEZA PROFUNDA
En la región más boscosa de Francia nació hace 190 años Jean-Désiré-Gustave Courbet. El pueblo de Ornans, ubicado en el corazón del Franco Condado, con sus ríos navegables que alimentan una vegetación profusa y espesa marcó los lienzos del artista.
De una familia con ingresos medios que provenían de la renta de sus tierras y bajo la influencia de un abuelo abogado que le inculcó ideas republicanas, el joven Gustave se dirigió a París a los veinte años decidido a estudiar leyes. En cuanto llegó a la Ciudad Luz escribió a sus padres para informarles que sería pintor.
Desde sus inicios, Courbet se manifestó por la independencia y la libertad creativa. Del estudio del pintor Steuben, pasó al de Heese. Al final se proclamó autodidacta y recreó, como otros artistas, la pintura del Louvre.
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En una conversación con su amigo y paisano, el filósofo Pierre-Joseph Proudhon (1809-1867) afirma: Creen que pinto por el placer de la pintura, y sin jamás meditar en el sujeto… ¡error! mis amigos. Existe en toda mi pintura una idea filosófica humanitaria más o menos oculta… A ustedes les toca encontrarla.
Amigo de intelectuales y poetas, el joven de ideas anárquicas compartía visiones del arte con Baudelaire (1821-1867) y Champfleury (1821-1889), quienes encontraban la fotografía como una técnica mecánica de representación del mundo que no suponía una expresión artística. Para ellos, la reproducción de la naturaleza no podía ser nunca ni reproducción ni imitación, sino siempre una interpretación de la realidad, en donde se encontraban la verdad y la belleza. Para Courbet la consigna era: traducir las maneras, las ideas de mi época, tal como yo las comprendo, y no solamente como un pintor, sino como hombre; en una palabra, hacer arte vivo: éste es mi propósito.
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COURBET Y LO FEMENINO
Único hombre entre cuatro hermanas: Clarisse, Zoé, Zélie y Juliette, creció en un entorno virtuoso. Ellas fueron objeto de su adoración, y Juliette, la más pequeña, su heredera universal. Sin embargo, sus relaciones amorosas no duraron mucho e incluso se negó a reconocer al único hijo que tuvo. Fue capaz de representar como ningún otro artista la turbación que un cuerpo femenino es capaz de comunicar –apunta el curador francés Jean-Jacques Fernier–; la sensualidad inmediata e inconsciente que se libera […]. Se refiere al lienzo El origen del mundo (1866). Obra erótica y fascinante que muestra el sexo femenino, de frente como una flor. Fue un encargo del diplomático egipcio Khalil-Bey (1831-1879), dueño también de El baño turco de Ingres, y es una de las piezas más intensas y provocativas de Courbet y de la Francia de la segunda mitad del siglo XIX. |
Delacroix, el Gran romántico, describió el trabajo de Courbet como lleno de realismo: gente pobre, asuntos cotidianos, e intensos paisajes. El joven pintor de Ornans sería llamado por Delacroix el gran realista. El primer cuadro que llegó al Salón fue Autorretrato con perro (1844). La mayor parte de sus obras causaron el revuelo de la crítica en la sociedad burguesa. Fue apodado el apóstol de lo feo y el anticristo de la belleza. Rechazado por el Salón de París en 1855, hizo su propia exposición, que llamó el Pabellón del Realismo. Un rótulo anunciaba: G. Courbet. Exposición de 40 cuadros de su obra. Precio de entrada, 1 franco.
El concepto de la vida para el maestro fue cercano a la Filosofía del progreso de su amigo Proudhon:
Lo que ni la gimnasia, ni la política, ni la música, ni la filosofía, reúnen en sus esfuerzos, ni en su quehacer, el Trabajo lo cumplirá. Así como en las eras antiguas, la imitación de la belleza llegaba por los dioses, así, en una posteridad remota, la belleza se revelará nueva por el trabajador, el verdadero asceta […]
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Yo quisiera para nuestra más pronta regeneración, que los museos, catedrales, palacios, salones y todo nuestro mobiliario viejo y moderno, fueran arrojados a las llamas, con la defensa de los artistas […].
Sus ideas anarquistas llevaron al Courbet a vivir los acontecimientos de la Comuna, seguido por el encarcelamiento, la ruina económica y luego el exilio. En 1871, siendo ya presidente de la Federación de Artistas y estando a cargo de salvaguardar los museos nacionales, envió una petición al gobierno provisional de París para derrumbar la Columna Vendôme: símbolo de la agresión imperial. A la caída de la Comuna, la represión del gobierno de Versalles fue terrible y el gran realista, castigado.
El maestro había sido un provocador, prueba de ello, Un entierro en Ornans, Buenos días, señor Courbet (o El encuentro), Los picapedreros. En uno de sus lienzos más incendiarios: El taller del pintor, Alegoría real que determina una fase de siete años de mi vida artística y moral, en medio de la escena –que también es toda una descripción de vida, y el recuento de sus amigos e ideología– él retrata un paisaje.
EL PESO DE LAS TORMENTAS
Siento el imperativo de vivir como un salvaje en esta sociedad nuestra, tan civilizada; tengo que liberarme de los gobiernos. Mis simpatías están con el pueblo, debo hablar directamente con él, aprender de él, y él ha de concederme un modo de ganarme la vida.
GUSTAVE COURBET
El océano tuvo un efecto extraordinario en Courbet. El pintó una de sus primeras obras con este tema en su estudio de Etretat, localidad de la Alta Normandía, famosa por sus acantilados: El mar tormentoso de 1869. En una visita a su estudio, el escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893) describió: |

En una gran habitación vacía, un hombre gordo, grasiento y sucio aplicaba con un cuchillo de cocina placas de color blanco en un gran lienzo desnudo. De cuando en cuando apoyaba su rostro en el cristal y miraba la tempestad. El mar llegaba tan cerca que parecía sacudir la casa envuelta por la espuma y el ruido. El agua salada golpeaba las ventanas como una granizada y chorreaba por las paredes. En la chimenea, una botella de sidra junto a un vaso medio vacío. De cuando en cuando, Courbet se acercaba a beber unos sorbos y luego volvía a su obra. Ahora bien, esta obra era La Ola y dio mucho que hablar en el mundo.
Uno de los principales intereses de Courbet fue el paisaje. En sus últimos años prevaleció el océano, y su mirada antecedió al Impresionismo poniendo de relieve que la naturaleza en sí misma tenía la misma importancia que la historia y el hombre.
En 1873 tras la caída de la Comuna de París Gustave Courbet huyó a Suiza. Por la gran demanda de encargos que recibió en ese país, sus dos discípulos, Marcel Ordinaire (1848-1896) y Cherubini Pata (1827-1899), colaboraron en sus lienzos. El oleaje intenso de Marina, el álamo, en la colección de Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim, muestra la pincelada gruesa y matérica que caracteriza al artista y que es preámbulo de las vanguardias históricas del siglo XX.
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Mar en calma proviene de la Colección Pearson y antes había permanecido en destacadas colecciones alemanas y holandesas, como la de G. Caspary, la de A.L. Fietz, y la Galería E.J. van Wisselingh & Co., hasta que llegó al Soumaya hacia el 2004. El horizonte bajo y oleaje sereno contrastan con un cielo nublado que presagia la tormenta en el lienzo, publicado en La vie et l’ouvre de Gustave Courbet, catalogue raisonné de Robert Fernier (1895-1977) vol. II. Fernier era nieto de un primo del artista y como presidente de la Sociedad de Amigos de Courbet, tuvo una actuación decisiva en la creación del museo en la ciudad de Ornans; hacia 1969 se dedicó a la catalogación más importante de la obra. Los dos óleos, hoy en la colección mexicana encarnan la fuerza del espíritu y las pasiones del artista. La dualidad paradójica y dolorosa del hombre, en palabras de James Henry Rubin: ser natural y trabajador, objeto y sujeto del mundo. Esta condición dual, creían Courbet y Proudhon retomando a Hegel, era superada por la creación: el arte permite la síntesis.
Gustave Courbet
[1] Marina, el álamo | c 1873 | Óleo sobre lienzo | 50.5 x 61.3 cm
[2] Mar en calma | c 1873 | Óleo sobre lienzo | 50.5 x 61.3 cm
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