HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

El 10 de abril de 1864 se firmaron y ratificaron los Tratados de Miramar en el castillo que Fernando Maximiliano de Habsburgo (1832-1867) mandó erigir para su consorte –la princesa Carlota Amalia de Bélgica (1840-1927)– en la ciudad de Trieste, Italia. El documento selló el destino de la pareja luego de aceptar el ofrecimiento del emperador francés Napoleón III y del partido conservador mexicano, para gobernar nuestro país bajo los lineamientos de una monarquía imperial católica.

Hacia mediados del siglo XIX, las naciones europeas se encontraban inmersas en una competencia militar expansionista que les asegurase la hegemonía económica. Francia eligió al archiduque y a su esposa para tener injerencia directa en el continente americano –haciendo frente al expansionismo de los Estados Unidos– y sobre los recursos naturales de México.

Maximiliano y Carlota llegaron al puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864 acompañados por un séquito de alrededor de 85 personas. Entre ellas se encontraba la condesa Paula Kollonitz, quien registraría con precisión y ameno relato los pormenores de su estancia en México durante casi seis meses.

 

El emperador, muy sensible a las bellezas de la naturaleza, estaba entusias-mado con Chapultepec; no menos lo estaba la emperatriz que, como informa la condesa Paula Kollonitz, estaba “encantada con todo”.

EGON CAESAR CONTE CORTI

 


La obra fue publicada en alemán con el título Eine Reise nach Mexiko im Jahre 1864 [Un viaje a México en 1864] en la ciudad de Viena en 1867; la versión inglesa en Londres en 1868 y ese mismo año en italiano como Un viaggio al Messico della Contessa Paola Kolonitz. Dama di compagnia dell’Imperatrice del Messico [Un viaje a México de la condesa Paola Kollonitz. Dama de compañía de la emperatriz de México], traducido por la marquesa Dondi-Dall’Orologio, quien expresa en el prólogo: A usted dama gentil e ilustre, dedico esta traducción mía.

Es la traducción del libro, en el que usted con noble franqueza, con singular perspicacia de observación y con graciosa elegancia, nos contó con gran tino y con magnánimo ardor, cómo Maximiliano de Austria, emperador de México, buscase una nueva patria más allá del océano 1. El Centro de Estudios de Historia de México CARSO conserva un ejemplar de 1868 publicado por la casa impresora de Pietro Ducci en Florencia.

UN VIAJE A MÉXICO EN 1864

En todo el recorrido que finalmente los instala en la Ciudad de México el 12 de junio de 1864, se perciben las primeras modificaciones en la forma de vida y costumbres de los mexicanos, la instalación de arcos triunfales que daban la bienvenida o los mejores deseos para el gobierno de los emperadores.

MARÍA DE LOS ÁNGELES BARRETO

En el año de 1811, la publicación en francés del Ensayo político sobre el reino de la Nueva España del barón Alexander von Humboldt (1769-1859) suscitó en Europa un interés general en torno a las precisas descripciones del viajero alemán sobre aquella tierra ultramarina de abundancia y exotismo. La investigadora Gabriela Huerta apunta: En Nueva España hizo registros climatológicos, orográficos, barométricos… en particular, en la zona central; lo mismo que estadísticas sobre la población a la que clasificó en castas, en hombres y mujeres, y por edades, y [haciendo referencia] también a sus enfermedades.

Numerosos viajeros harían lo propio en la primera mitad del siglo XIX –tanto en México como en otros territorios americanos– para dar cuenta de una realidad distinta ante el lector europeo.


1 Nota: Las traducciones son del autor.
 

Condesa Paula Kollonitz
(Viena, Austria, 1830-¿1890?)

Hay pocas notas biográficas de la condesa Paula Kollonitz excepto las que ella misma refiere en sus impresiones del viaje a México. Originaria de Austria, fue muy próxima a la archiduquesa Carlota Amalia cuando ella recibió –junto con su marido– el gobierno del Lombardo-Véneto en el norte de Italia como regalo del emperador Francisco José (1830-1916). Comisionada para escoltar a la emperatriz a tierras mexicanas, salió del Castillo de Miramar en abril de 1864.
Su elocuente pluma se ocupó de referir las peripecias del viaje por el Atlántico en las fragatas Novara y Themis hasta el arribo en América.
Poseedora de un estilo literario suelto, rico en costumbrismo y metáforas, reseñó las más emblemáticas visitas realizadas en nuestro país: Chapultepec, Tacubaya, Canal de la Viga, San Ángel, la lava del Pedregal, el Santo Desierto de los Leones, Pachuca, Mineral del Chico y Real del Monte.
En su viaje de regreso al Viejo Continente, el 17 de noviembre de 1864, compartió la embarcación con el general Miguel Miramón, de quien decía parece que algún delito pesa sobre su reputación.
Jamás volvió a México y murió en Europa en la última década del siglo XIX.

Científicos, dibujantes, artistas y grabadores recorrieron las latitudes continentales para dejar sus registros –con una mirada romántica– sobre el paisaje y los usos y costumbres de quienes habitaban los distintos virreinatos. Acuciosos relatos sobre México también ocuparon la pluma de personalidades como la escocesa Frances Erskine Inglis (1804-1882), marquesa Calderón de la Barca, quien visitó el país acompañando a su esposo Ángel Calderón de la Barca, ministro plenipotenciario de España durante el bienio de 1838-1840. De sus ricas experiencias en territorio nacional, provino el lúcido ensayo La Vida en México durante una residencia de dos años en ese país, publicado en Boston en 1843.


Un libro emblemático para la reconstrucción del paisaje cotidiano mexicano, escrito años después, sería Un viaje a México en 1864 de la condesa Paula Kollonitz. La dama de la emperatriz Carlota reseña los acontecimientos que tuvieron lugar desde la salida de los emperadores de Miramar hasta la llegada a costas mexicanas: El 28 de mayo de 1864 dos horas después del mediodía pasamos frente al fuerte de San Juan de Ulúa, que se erige sobre el acantilado de una pequeña isla; y allá frente a la ciudad de Veracruz, bajamos el ancla. Su mirada inquisitiva abordó la vida cotidiana de los habitantes de la gran Ciudad de México:

El paseo más bello de la ciudad es el de la Alameda, que es un jardín a la sombra, no muy grande y poco cuidado, con fuentes salientes y asientos. Aquí vienen a pie las damas mexicanas a la hora de la mañana en que salen de la iglesia […] Toda la vida el mexicano luce un carácter de un dolce far niente [dulce no hacer nada], jamás se le ve correr de prisa por las calles o aprovechar demasiado su tiempo.

Asimismo, aparecen referencias al mundo circundante que observó en los paseos realizados durante su estancia en nuestro país:

La llanura [en Hidalgo] tiene unas ligeras ondulaciones. No se cultiva en ella otra cosa que el maguey cuyos campos extensos están rodeados de plantas y setos de cactus. El maguey (agave americano), que erróneamente se denomina en nuestras sierras áloe, se levanta aquí a 7 y 8 pies de altura.

 

De él se obtiene el pulque, la bebida predilecta de los mexicanos.

La permanencia de la condesa en el Anáhuac se había proyectado extremadamente corta, a la sazón de volver a Europa apenas Maximiliano y Carlota ocuparan su residencia de Chapultepec. Sin embargo fueron casi seis meses de periplos los que aparecen descritos en Un viaje a México en 1864. Cautivada por los escenarios naturales, apunta durante una breve estancia en el valle de Puebla:

Allí se domina la ciudad, la vastísima llanura y los magníficos montes que la circundan. Al poniente se encuentra la gigantesca cadena de la cual sobresalen las nevadas cimas del Popocatépetl y del Iztaccíhuatl […] El espectáculo es soberbio y muy impresionante, su belleza resalta por la admirable pureza del aire que acerca las cosas más lejanas.

En noviembre de 1864 la condesa se embarcó rumbo a Europa. Las últimas líneas de su libro quedarían grabadas en nuestra memoria para comprender al efímero Segundo Imperio Mexicano: Este viaje fue y permanecerá como el más bello recuerdo de mi vida. En él hubo las mayores cosas felices, y lo fue porque nada grave o triste pudo turbar esta alegría. El mundo es todavía bello, quien lo dude, que vaya y lo admire.




[1] Agustín Peraire Prevot | Maximiliano y Carlota | c 1864 | Carte de visite | Albúmina entonada al oro | 8.8 x 5.4 cm | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO
[2] Paula Kollonitz| Un viaje a México en 1864 | Traducción al italiano por la marquesa Dondi-Dall’Orologio | 1868 | Impreso | 20 x 14.2 x 1.6 cm | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO
[3] Casimiro Castro | Glorieta central de la Alameda (detalle) | c 1865 | Lápiz sobre papel | 18.4 x 28.4 cm
[4] Casimiro Castro | Glorieta central de la Alameda (detalle) | c 1865 |Lápiz sobre papel | 18.4 x 28.4 cm



 
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