HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

   

El coronel Obregón había roto el tabú, había probado el fuego fatuo de la guerra que, a fin de cuentas, a sus ojos, se asemejaba al de la paz. La muerte había dejado de ser sombra o estela para volverse presencia cotidiana, casi compañera. 

Enrique Krauze

La fotografía que le fue tomada al general Álvaro Obregón el 4 de febrero de 1915 –en resguardo del Centro de Estudios de Historia de México CARSO –, es una carte de visite dedicada a un amigo, cuyo nombre hoy resulta ilegible. El que sería primer mandatario de México aparece todavía con su brazo derecho, antes de la célebre batalla de León en contra de los villistas donde lo perdió como efecto del estallido de una granada. En una entrevista concedida a Blasco Ibáñez en 1919, expresó: Encontraron mi brazo cuando sacaron una moneda de oro y éste se levantó para agarrarla.

Álvaro Obregón Salido nació en Navojoa, Sonora, el 19 de febrero de 1880. Era hijo de Francisco Obregón y de Cenobia Salido. La familia había experimentado grandes dificultades económicas luego de que sus tierras y bienes les fueran confiscados por los liberales en el triunfo juarista de 1867.
Álvaro fue el último de los dieciocho hijos del matrimonio, cuya única propiedad era la Hacienda de Siquisiva, que en la lengua de los mayos quiere decir paredón colorado. El historiador Enrique Krauze apunta que el futuro gobernante solía decir, en mi casa éramos tantos hermanos que cuando había queso gruyère, a mí sólo me tocaban los agujeros.

Carte-de-visite
El fotógrafo francés André Adolphe-Eugène Disdéri (1819-1889) patentó hacia la segunda mitad del siglo XIX una cámara con varios objetivos, la cual le permitió incorporar de ocho hasta doce imágenes en la misma placa fotográfica. El resultado tomó el nombre de carte-de-visite y debía medir 2.1 x 3.5 pulgadas. El retratado aparecía en varias escenas y contextos diferentes. Los recuadros se cortaban y ofrecían como tarjetas de presentación o <<de visita>> -de ahí su nombre-, luego de la firma y dedicatoria que la persona escribiera sobre ella. La moda de la carte-de-visite se extendió al Reino Unido y tuvo enorme éxito dentro de la etiqueta victoriana hasta la aparición del formato Cabinet (1863) de la firma inglesa Windsor & Bridge Co.

La permanente convivencia con los indios sonorenses le ganó el apoyo de sus líderes, situación que más tarde sería decisiva en su carrera política dentro del estado.


Obregón estudió en Huatabampo y a los trece años de edad instaló una pequeña fábrica de cigarrillos llamada La América. Su vínculo con oficios como la carpintería, la mecánica e incluso la fotografía, le dio la posibilidad de realizar trabajos diversos durante la adolescencia.

 

En 1903 contrajo nupcias con Refugio Urrea y, tres años más tarde, adquirió la hacienda La Quinta Chilla, en la cual cultivaría garbanzo hasta el inicio de su vida política, en abril de 1913, cuando se unió a Benjamín Hill y a otros revolucionarios para hacerle frente a Pascual Orozco.

Orozco había dado su reconocimiento al golpe militar que dio Victoriano Huerta –luego de la ejecución de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez en Lecumbérri– para llegar a la presidencia de la República.

Convocado luego por Ignacio Pesqueira, gobernador de Sonora, se apoderó de tres bastiones fundamentales para la revolución en el noroeste: Nogales, Cananea y Naco. Fue entonces cuando […] Obregón despliega sus inmensas dotes naturales en una empresa más exigente que la cosecha de garbanzo –suscribe Krauze– […] cuando la superioridad material y moral excluyera el peligro de la derrota.

Venustiano Carranza lo designaría comandante en jefe del cuerpo del Ejército del Noroeste, con jurisdicción sobre Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua y Baja California. Sin poseer el carisma y arrojo de Pancho Villa, a Obregón lo seguirían sus tropas por la congruencia y tenacidad en sus campañas militares.
En agosto de 1914 entró triunfante a la Ciudad de México, a unos meses de que Carranza convocara a la Soberana Convención Revolucionaria en Aguascalientes, la cual pondría orden y legalidad en el país luego de la dimisión de Victoriano Huerta en julio de aquel año.

 

En 1915, tras perder el brazo derecho y con un intento fallido de suicidio, se retiró a la Quinta Chilla para unirse a María Tapia en segundas nupcias, pues su primera mujer había muerto pocos años atrás. Volvería a las filas carrancistas cuando don Venustiano convocó el Congreso Constituyente en Querétaro a principios de 1917.

Tengo tan buena vista, que desde Huatabampo alcancé a ver la silla presidencial
, dijo Obregón cuando Adolfo de la Huerta desconoció al gobierno carrancista mediante el Plan de Agua Prieta en 1920. Luego del breve interinato de este otro caudillo sonorense, Álvaro Obregón ascendió al tan anhelado puesto que le permitiría configurar la imagen de México acorde a su muy personal visión política. El triunfo de Obregón sería la última vez que un levantamiento militar tendría buen éxito, explica el historiador Lorenzo Meyer.

Entre las grandes líneas que siguió el régimen obregonista estuvieron el repartimiento agrario y la conciliación con la Casa del Obrero Mundial; la aplicación de derechos sociales y civiles; el reconocimiento del gobierno de los Estados Unidos –por el apoyo brindado a los capitales norteamericanos– mediante los Tratados de Bucareli; una eliminación sistemática de sus opositores, como Diéguez y Maycotte; así como las tensas relaciones con la Iglesia católica que derivarían en la Guerra Cristera (1926-1929).

Uno de los grandes logros del régimen radica en la promoción del proyecto cultural del entonces Secretario de Ecuación Pública, José Vasconcelos, dentro del cual se insertó el movimiento muralista mexicano. El investigador Jorge Alberto Manrique apunta: Obregón y Calles cambian las reglas del juego. Adviene la estrategia del caudillismo: concentración y retención unipersonales del poder. Los partidarios del nacionalismo cultural se van enfrentando al aprovechamiento inmediato de su mística, que se traduce en apoyos o consagraciones del aparato político en turno.

Al término de su mandato, Obregón se retiró a Náinari para cultivar hortalizas con su esposa e hijos.

En su mente se fraguaba la idea de volver a la presidencia, lo que fue aprobado por las cámaras en octubre de 1926. Martín Luis Guzmán, autor de La sombra del caudillo (1929) –novela inspirada en los juegos de poder de la época– había definido así a Obregón años atrás: La personalidad guerrera del jefe sonorense se destacaba como en perfil.Se le veía provisto, primeramente, de una actividad inagotable, de un temperamento sereno, de una memoria prodigiosa […].

La política religiosa de Obregón –que incluía la suspensión de la libertad de culto, la expulsión de Ernesto Philipi, nuncio apostólico de Roma, y la clausura de numerosas escuelas y conventos, entre otras cosas– generó una reacción nacional que dio como resultado el nacimiento de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR).

En noviembre de 1927 el ingeniero católico Luis Segura Vilchis arrojó una bomba al cadillac en el que viajaba Obregón rumbo a la plaza de toros. Segura Vilchis y los hermanos Miguel Agustín (SJ) y Humberto Pro fueron acusados de complicidad y pasados por las armas.

El 17 de julio de 1928, pocos meses antes de su reelección, Obregón murió en el restaurante La Bombilla, en el barrio de San Ángel, mientras un dibujante devoto, José de León Toral (1900-1929), originario de Matehuala, luego de hacerle una caricatura, le disparó seis tiros dejándolo sin vida en el suelo del lugar.


El joven potosino pertenecía a la LNDLR. Fue fusilado al año siguiente, con las notas de El Limoncito en la memoria, canción que tocaba la banda del maestro Esparza Oteo cuando Toral asesinó al último gran caudillo de la Revolución Mexicana.


[1] Anónimo | Álvaro Obregón (1880-1928) | 4 de febrero de 1915 | Colodión mate |12.6 x 17.8 cm | | Fondo LXVI CCXXIV CMLXI | Colección Centro de Estudios de Historia de México CARSO

[2] Anónimo | Levantando el cadáver de José de León Toral | 1929| Reprografía | 12.9 x 17.8 cm | Fondo DLVI | Colección Centro de Estudios de Historia de México CARSO


 
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