Suplico á mis amables lectores que dejan/do escondido a Miramón, vengan conmigo á Saber lo que pasaba en la modesta calle de Chiconautla. Mas de año y medio de la muerte de nuestro amado Padre, comensamos á recibir al/gunos amigos, había entre ellos barios filar/monicos; Lasarin un joven que tocaba admira/blemente el violin, antonio Galindo, hijo del General de ese nombre que manejaba la Vihue/la con gracia andalusa, Leonor Rivas, una de las jovenes mas hermosas que habia enton/ces en México, cantaba y únida á mi concerta/bamos algunas dudas que nos acompañaba la mamá de Leonor que era exelente pianista. Dos vezes por semana teniamos aquellos minúsculos conciertos, que se amenizaban con algunos ratos de conversacion, y que nos hacian pasar agradables esas noches. Mi novio Perry nos iba á ver diariamente, llegaba á la oración y después de pasar una hora en casa, se marchaba á tacubaya a/donde vivia. Los acontecimientos politicos, no nos intere/saban y viviamos ajenas de lo que ocurria en el pais. Sin embargo, el ruido que hacian los principales hechos de los Bandillos de la rebolucion, solian llegar á nuestros oidos. Un dia, estando Perry de visita en casa llegó aquel famoso Doctor atio [sic] que sin espe/ranza, no se cansaba de cortejarme. Luego em/prendió la conversación sobre la politica, y so/bre los hechos militares de los pronunciados, afectando su conducta y diciendo que el Gobier/no tenia que obrar enérgicamente y acabar con aquel puñado de rebeldes que agitaban el pais.
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Perry los defendia, alegando á favor de los pronunciados, los continuos insultos que contra el Ejercito cruzaba la prensa liberal, la conversacion poco á poco se fue avivan/do, y el nombre de Miramon fue pronuncia/do, entonces Perry lleno de entuciasmo, dijo, “con ese valiente tendran que triunfar tarde o temprano.” “yo apuesto á que no,” dijo el doctor “yo a que si,” dijo Perry. “Pues bien esclamó el doctor lleno [de] cólera, apuesto cien pesos contra uno, á que gana el Gobierno” “Acepto, contestó Perry, y ya verá usted lo que vale Miramón.” Quien hubiera pensado que aquellos dos hom/bres que me pretendian, tomarian tan a pechos la causa de aquel qué mas tarde debía de ser mi esposo? […].
Después de cuarenta días de la defensa conservadora, la ciudad de Puebla de los Ángeles fue tomada por las fuerzas liberales. Perry tuvo que pagar su apuesta y Miramón, desde su escondite, continuó la lucha…
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