HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

Si la misericordia fuese un pecado, yo le cometería.
BERNANRDO DE CLARAVAL

LA ROSA DE NOTRE DAME

La devoción que Bernardo de Claraval abrazara con más fervor fue María; madre inmaculada del Salvador, se convirtió en madre de la humanidad, símbolo de pureza y bondad. Sería venerada en la Edad Media –a partir de esta visión mística– como Notre Dame o Nuestra Dama, advocación caballeresca del amor cortés en el ámbito religioso, y patrona de las catedrales europeas. Virgen y reina, colmada de los supremos títulos de gloria, excelsa portadora de la gracia, mediadora de la salvación, socorro del mundo, escribe Bernardo.

El culto al eterno femenino en la literatura y el arte medievales se remonta a la Cansó provenzal de Francia y al Dolce Stil Novo italiano que reverenciaron a la dama con coplas y poemas en el siglo XIII. El investigador Karl Amon señala:

En el sur de Francia, los trovadores dieron una importancia capital a las mujeres; en los cantores alemanes del amor, la alabanza de la mujer dominaba la lírica […] Como teólogo y escritor, Bernardo creó un nuevo estilo de la mística de Jesús, de la veneración de María, y de la literatura espiritual, un lenguaje y una cultura que fue continuada y desarrollada


[…] por los escritores devotos del medioevo tardío, y que continuó ejerciendo una influencia importante en los tiempos modernos. Desde el punto de vista de la historia de la espiritualidad, era el paso del Cristo Pantokrator al Jesús humano del pesebre, al hijo de una madre humana, al hombre de dolores.

La obra de Claraval –Epístolas, Tratado sobre el Amor de Dios, Sermones sobre el Cantar de los cantares, entre otras– fluye de loas a la Virgen, como señala el padre Philippe-Emmanuel de la Rosière. María, Tú Rosa Mística, de la que salió Cristo como milagroso perfume, reza uno de los himnos de la Iglesia Oriental.

 






Encuentro de dos rostros, lo femenino, María-Eva: una mujer podría redimir al hombre luego de que otra lo llevara a la perdición con el pecado original. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María, apuntó el santo alrededor del año 1126.

En la exposición temporal El Amor hasta la locura. Arrebatos eróticos y místicos en la colección de Museo Soumaya, así como en las páginas del catálogo homónimo recientemente publicado, se presenta una bellísima edición de 1687 de las obras completas: Opera Omnia de Bernardo de Claraval. Pletórico de simbolismo y meditaciones profundas, transcribimos de la versión original latina, el nombre del sermón VII: Del amor ardiente que Dios ama en el alma: también atento en el tiempo de la Oración y de los Salmos procurado.


 

Como sugiere Gregorio Díaz Ramos, la vocación bernardiana propone ascender desde lo más profundo […] hasta lo más elevado del amor, la unión mística con Dios. Dentro de este esquema ascensionista, representado en la iconografía medieval con el axis mundi o eje cósmico que enlaza la tierra con el cielo, María es la rosa mística que se eleva y florece para traer la gracia divina a los hombres. El doctor Ernesto de la Peña, en una reciente publicación sobre los muchos significados culturales de esta flor, explica que María, la virgen de Galilea, es la rosa de Sharón, la flor del valle, la desposada de Jesús, pues a su condición de madre añade, en otras vertientes interpretativas, la de protectora especial de la iglesia, compañera mística del Salvador. Por ende la rosa, como María, dechado de la pureza cabal, es símbolo, emblema de lo virginal […].

UN SANTO CON BOCA DE MIEL

Bernardo nació en el castillo de Fontaines-lès-Dijon, Borgoña, Francia en 1090. A los veintidós años ingresó a la abadía de Cîteaux –la antigua provincia romana de Cistercium–, donde la dogmática había sido inspirada en las reformas del Císter que promoviera san Roberto de Molesme en 1098. Los cistercienses vestían hábitos blancos y predicaban la regla primitiva de san Benito de Nursia [480-547], fundador de los benedictinos: el binomio de un trabajo manual dedicado y la contemplación ascética. Ora et labora, rezaba el lema de la orden.

En el año 1100 el papa Pascual II les otorgó el reconocimiento y el amparo de la Iglesia católica. La nueva orden viviría bajo las premisas de la Carta de caridad, la cual tuvo como votos la dedicación al culto divino, obediencia a los superiores eclesiásticos y una total pobreza.

Bernardo fue enviado a fundar el monasterio de Clairvaux (Claraval) hacia 1113, por disposición del abad Esteban Harding. Su estricta observancia de los cánones, así como la rigidez en la alimentación y en el castigo de la carne, hicieron surgir críticas en torno a la figura del santo. Tuvo que darse la intermediación del obispo Guillermo de Champeaux para que atendiera su ya mermada salud y relajara la norma en la vida monástica.

 

Gran promotor de la segunda Cruzada (1145), su voz se extendió por todos los confines de Europa para el rescate de los santos lugares, promoviendo incluso que la ciudad de Lisboa en Portugal fuera liberada del dominio islámico por el espíritu de reconquista que inflamaba a los europeos.

Fue entonces cuando el santo borgoñés apoyó el reconocimiento de la orden de los Caballeros Templarios, quienes defendían a los peregrinos en su marcha a Tierra Santa.

Inmerso en discusiones teológicas con grandes pensadores y filósofos de su tiempo –como Pedro Abelardo y Gilberto de Porre–, suscribió la necesidad de retornar a los principios de la ética cristiana. El santo escribió: La Iglesia relumbra por todas partes, pero los pobres tienen hambre. Los muros de la Iglesia están cubiertos de oro, pero los hijos de la Iglesia siguen desnudos […].

Bernardo recorrió Europa para predicar el amor al prójimo y fortalecer su visión del cristianismo reformado. Luego de su ardua tarea en suelo francés,  fundó más de 60 monasterios en Alemania, Inglaterra y España. El fortalecimiento del alma ante las distracciones de la vida mundana fue una de las prédicas con mayor significado. ¿No nos hallamos ante dos mesas contemplando ayunos a los que aquí abajo y allá arriba banquetean deliciosamente? Ambas me están prohibidas, la de aquí por mi profesión monástica, la de arriba por las ataduras del cuerpo, expresa en uno de sus sermones más conocidos.

Sus biógrafos señalan que se desplazaba generalmente a pie acompañado sólo de otro monje que fungía como secretario. Sus palabras –elocuentes y conmovedoras– acrecentaron el número de religiosos que se sumaban con entusiasmo a su prédica de amor. Fue por ello que recibió el sobrenombre de Doctor Mellifluus, el de boca de miel.

Bernardo de Claraval murió el 20 de agosto de 1153 en la abadía de Clairvaux, donde fue sepultado. En 1174 el papa Alejandro III lo canonizó y en 1830 fue reconocido como doctor de la Iglesia. Sus restos descansan en Francia, y su cabeza se conserva como reliquia en la ciudad de Troyes, en Champagne.

Hoy lo recordamos a través de sus entrañables palabras: Yo amo porque amo; amo por amar, y el amor es mi recompensa.


[1] Santo Padre Bernardo de Claraval | Opera Omnia | 1687| Impreso| 38 x 25.8 x7 cm
[2] Anónimo novohispano | San Bernardo de Clavaral Medallón: fines del siglo XVIII. Pintura: principios del XIX| Gouache sobre lámina de marfil. Medallón de plata vermell | 4.6 x 3.6 cm



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