La teoría psicoanalítica coincidió en cierta forma con esa versión de los hechos que el arte de vanguardia enarboló con especial vigor: la parte contestataria: si hay un mundo velado es que hemos sido engañados o por lo menos no advertidos. Así, la sospecha de que lo que habíamos aprendido durante más de veinte siglos era máscara de algo. Hermana con la teoría marxista (de la enajenación) y con todo el aparato crítico de Nietzsche al revelar que la memoria –como la historia– es encubridora.
La historia no es verdad. El Je suis otre de los escritores europeos finiseculares promueve una visión difundida por el psicoanálisis. El doctor Freud comenzó nada menos que dejando hablar al otro: desde la clínica con las histéricas (la mujer que no había tenido voz y por cierto ni voto) y daba a conocer otra realidad discurrida desde los sótanos del ser humano, en sus famosas historias de caso.
Subversión de la realidad. Asunto primordial en el arte que vio nacer el siglo pasado. El concepto de locura ya no se encuentra en el diccionario del mundo artístico e intelectual, y habría que verlo como una «normalidad» y como motivo y asunto supremo del nuevo arte.
El psicoanálisis postulará que el inconsciente está estructurado como lenguaje y los sueños son la vía privilegiada para conocerlos. Tiempo después, el seguidor más importante de la escuela freudiana, Lacan, afirmará: El inconsciente es el discurso del otro. La escuela freudiana difundirá la idea de que la verdad no sólo se compone de lo real sino que existe además lo simbólico y lo imaginario.
Las producciones del inconsciente, las pruebas de su existencia en lapsus, chistes, actos fallidos, sueños e incluso otros síntomas, abren la cortina de un nuevo mundo. Para Chemama la idea de que ocultan un sentido diferente de su sentido manifiesto, un sentido latente, constituye uno de los principales aportes de Freud al conocimiento del ser humano. Revolución comparable al descubrimiento de un Nuevo Mundo, la revolución psicoanalítica abrió el telón de un escenario profundo lleno de motivos para la creación artística.
|
|
Sigmund Freud desde la clínica, dio cuenta de que en el hombre existe una realidad que aunque no es visible da sentido y forma a muchos de nuestros actos y consecuencias de esos actos. Junto con Marx y Nietzsche se le llamó teórico de la sospecha al poner en evidencia una forma de pensamiento que ocultaba parte de la realidad. Luego entonces existía una verdad vedada que habría que descubrir y poner de manifiesto. La pregunta como bisturí: ¿Qué hay más real que los sueños? La respuesta como cincel, como pincel: el inconsciente. Mejor dicho: la escritura del inconsciente. Éste lo concretó el Surrealismo en su catálogo formal. El inconsciente creativo, dirá Teresa del Conde. Con su acento en lo poético los surrealistas ofrecieron una alternativa al formalismo de los cubistas y de varios tipos de arte abstracto.
El Surrealismo se convirtió en el movimiento más ampliamente difundido y controvertido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Se extendió por toda Europa y los Estados Unidos donde muchos artistas emigraron durante los años de guerra. Varios creadores se unieron a las huestes bretonianas: Ernst, Masson, Miró, Magritte. Sin embargo el que acaparó la escena –en sus obras y personalidad– fue Salvador Dalí.
Con la percepción de Freud en el mundo de finales del siglo XIX supimos que la parte interior estaba afuera: y afuera –ya hablamos desde 1900– era adentro. El universo que supuso el descubrimiento del inconsciente volcó nuestra percepción –incluso la innovadora perspectiva renacentista– y dio a conocer la entrañable topografía del deseo.
Como ya nos enseño De Micheli en Vanguardias artísticas del siglo xx, la urgente insistencia de hacer diana en el centro de la realidad, a no quedarse en la periferia, venia de una justa reacción contra el arte oficial, epidérmico por constitución; venia del contraste con un impresionismo cada vez más exterior. Dirá del Conde: Los ejes que Freud prestó al movimiento surrealista constituyen sus cimientos y el Surrealismo en su mejor momento logró doblegar para la historia del arte del siglo xx los barrotes de esa jaula en la que está confinada la experiencia, una jaula en cuyo valor da vueltas sobre sí misma y de la que cada vez es más difícil hacerla salir al decir de Breton.
Dalí salió de la jaula ¡y de qué modo!
Salvador Dalí
[ 1 ] Gabinete antropomórfico | Concebida y fundida en 1982 | Bronce con pátina café y negra | 90 x 180 x 60 cm
[ 2 ] Mujer de tiempo | Concebida en 1973 | Fundida en 1984 | Bronce con pátina verde y negra, y áreas doradas | 51 x 32.5 x 19 cm
[ 3 ] Guerrero surrealista | Concebida en 1971 | Fundida en 1984 | Bronce con pátina café y áreas doradas | 66.5 x 17 x 21.5 cm
|