MÓNICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA

Yo creo firmemente en la fusión futura de esos dos estados,
 aparentemente tan contradictorios: el sueño y la realidad,
 en una especie de realidad absoluta, de superrealidad.


ANDRÉ BRETON. PRIMER MANIFIESTO DEL SURREALISMO, 1924

En 1885 el mundo del arte cambiaba drásticamente, y aún no lo veía de manera contundente. El joven Sigmund Freud presencia la sesión clínica del profesor Martín Charcot en la Salpietriere en París. Lo que siguió, en Viena, será producto del hallazgo sorprendente para la historia de las mentalidades: otro que hablaba desde un lugar distinto de la «realidad objetiva». Lo de afuera era adentro y lo de adentro afuera. Los psicoanalistas lo llamaran después extimidad.

En 1896 el padre del psicoanálisis abandona la hipnosis. En 1900 publica La interpretación de los sueños y para 1905 tiene concebida, en sus líneas fundamentales, una sexualidad infantil infame en Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad. Un vuelco completo a la moral europea de finales del siglo XIX.

La interpretación de los sueños es el símbolo detrás del cual se proyecta una nueva visión de la realidad. Posdatado para que apareciese como si perteneciera al nuevo siglo –XX–, en realidad Die Traumdeutung nacía en Viena en 1899. James Strachey da cuenta que en la Carta 123 a Wilhelm Fliess del 5 de noviembre de ese año, Freud anuncia que finalmente apareció el libro. Escrito paradigmático, tendrá la segunda edición hasta 1909. Hacia 1930 llegaba a la octava.

Con todo, La interpretación de los sueños y 1900 es un tiempo y momento cúspide de un tema harto trabajado por Freud.

 

La primera evidencia impresa del interés del doctor aparece en una larga nota al pie, en el primero de sus historiales clínicos: el de la señora Emmy Von N., registro correspondiente al 15 de mayo de 1882, que fuera incluido en los Estudios sobre la histeria de Bruer y Freud de 1895.

Más allá de los asuntos teóricos-técnicos desarrollados en esta obra, –escenario primigenio de una nueva visión–, están ahí, en cierne: el carácter del cumplimiento del deseo; su gesto alucinatorio; el funcionamiento regrediente de la psique en las alucinaciones y los sueños, y la similitud entre los mecanismos de los sueños y los síntomas neuróticos. Así La interpretación de los sueños es el paradigma detrás del cual se mira un horizonte de comprensión nuevo. Un modelo que permeará con fuerza la creación artística.
 
Harold Bloom en El canon occidental dirá que Freud es esencialmente Shakespeare en prosa. Y continúa: A menos que uno sea un freudiano fanático se trata de la antigua  historia de la influencia literaria y sus angustias. Shakespeare es el inventor del psicoanálisis, Freud su codificador. En todo caso, en términos llanos este codificador fue ampliamente reconocido por los protagonistas del movimiento de las vanguardias que acapararon de manera sobresaliente el panorama cultural y artístico. Al profesor Freud le dieron la paternidad sin discusión, sobre todo en un punto esencial: el desvelo de otra verdad que no tiene que ver necesariamente con la que es observada.


SURREALISTAS DEL MUNDO: UNÍOS...

La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz,
 y esta luz no puede tomar sino tres caminos:
 la poesía, la libertad o el amor.

ANDRÉ BRETON

La perspectiva de un conocimiento profundo del alma y sus hallazgos no siempre felices nutrieron de manera fundamental los contenidos del arte que inauguró el siglo XX. Roland Chemama dirá en este sentido: Resulta ahora que los fenómenos psíquicos concientes constituyen la menor parte de la vida psíquica: un gran iceberg asomaba su punta. Consternó entonces la riqueza de ese otro mundo: reprimido, desmentido o forcluido: carnita fresca para alimentar el flamante arte hambriento de insatisfacción, desencanto y protesta.

El Surrealismo es un movimiento artístico literario que se originó en Francia en 1920. Caracterizado por la fascinación hacia lo extraño, incongruente e irracional, desde sus inicios se concibió como una vía revolucionaria más una forma de vida que un propuesta estilística.

André Breton señaló como propósito fundamental resolver las contradicciones  anteriormente contradictorias del sueño y la realidad en una realidad absoluta. Principal teórico del movimiento, el poeta, ensayista y crítico, publicó el Primer Manifiesto del Surrealismo en 1924 e intervino en el lanzamiento del número inicial de la revista La revolución surrealista

 

El Segundo Manifiesto apareció en la última edición de ésta en diciembre de 1929. Bretón tuvo como teórico de cabecera a Freud, y sus ideas del inconsciente y su relación con los sueños.

Escribe Elisabeth Roudiniesco: Se miró al sueño como la gran aventura del siglo, se intentó cambiar al hombre gracias a la omnipotencia del deseo, se inventó la utopía de un inconsciente por fin abierto a las libertades, y se admiró, por encima de todo, la valentía con  que un austero científico había osado ponerse a la escucha de las pulsiones más íntimas del ser, desafiando el conformismo burgués a riesgo del escándalo y de la soledad.

 


La teoría psicoanalítica coincidió en cierta forma con esa versión de los hechos que el arte de vanguardia enarboló con especial vigor: la parte contestataria: si hay un mundo velado es que hemos sido engañados o por lo menos no advertidos. Así, la sospecha de que lo que habíamos aprendido durante más de veinte siglos era máscara de algo. Hermana con la teoría marxista (de la enajenación) y con todo el aparato crítico de Nietzsche al revelar que la memoria –como la historia– es encubridora.

La historia no es verdad. El Je suis otre de los escritores europeos finiseculares promueve una visión difundida por el psicoanálisis. El doctor Freud comenzó nada menos que dejando hablar al otro: desde la clínica con las histéricas (la mujer que no había tenido voz y por cierto ni voto) y daba a conocer otra realidad discurrida desde los sótanos del ser humano, en sus famosas historias de caso.




Subversión de la realidad. Asunto primordial en el arte que vio nacer el siglo pasado. El concepto de locura ya no se encuentra en el diccionario del mundo artístico e intelectual, y habría que verlo como una «normalidad» y como motivo y asunto supremo del nuevo arte.

El psicoanálisis postulará que el inconsciente está estructurado como lenguaje y los sueños son la vía privilegiada para conocerlos. Tiempo después, el seguidor más importante de la escuela freudiana, Lacan, afirmará: El inconsciente es el discurso del otro. La escuela freudiana difundirá la idea de que la verdad no sólo se compone de lo real sino que existe además lo simbólico y lo imaginario.

Las producciones del inconsciente, las pruebas de su existencia en lapsus, chistes, actos fallidos, sueños e incluso otros síntomas, abren la cortina de un nuevo mundo. Para Chemama la idea de que ocultan un sentido diferente de su sentido manifiesto, un sentido latente, constituye uno de los principales aportes de Freud al conocimiento del ser humano. Revolución comparable al descubrimiento de un Nuevo Mundo, la revolución psicoanalítica abrió el telón de un escenario profundo lleno de motivos para la creación artística.

Sigmund Freud desde la clínica, dio cuenta de que en el hombre existe una realidad que aunque no es visible da sentido y forma a muchos de nuestros actos y consecuencias de esos actos. Junto con Marx y Nietzsche se le llamó teórico de la sospecha al poner en evidencia una forma de pensamiento que ocultaba parte de la realidad. Luego entonces existía una verdad vedada que habría que descubrir y poner de manifiesto. La pregunta como bisturí: ¿Qué hay más real que los sueños? La respuesta como cincel, como pincel: el inconsciente. Mejor dicho: la escritura del inconsciente. Éste lo concretó el Surrealismo en su catálogo formal. El inconsciente creativo, dirá Teresa del Conde.  Con su acento en lo poético los surrealistas ofrecieron una alternativa al formalismo de los cubistas y de varios tipos de arte abstracto.

El Surrealismo se convirtió en el movimiento más ampliamente difundido y controvertido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Se extendió por toda Europa y los Estados Unidos donde muchos artistas emigraron durante los años de guerra. Varios creadores se unieron a las huestes bretonianas: Ernst, Masson, Miró, Magritte. Sin embargo el que acaparó la escena –en sus obras y personalidad– fue Salvador Dalí.

Con la percepción de Freud en el mundo de finales del siglo XIX supimos que la parte interior estaba afuera: y afuera –ya hablamos desde 1900– era adentro. El universo que supuso el descubrimiento del inconsciente volcó nuestra percepción –incluso la innovadora perspectiva renacentista– y dio a conocer la entrañable topografía del deseo.

Como ya nos enseño De Micheli en Vanguardias artísticas del siglo xxla urgente insistencia  de hacer diana en el centro de la realidad, a no quedarse en la periferia, venia de una justa reacción contra el arte oficial, epidérmico por constitución; venia del contraste con un impresionismo cada vez más exterior. Dirá del Conde: Los ejes que Freud prestó al movimiento surrealista constituyen sus cimientos y el Surrealismo en su mejor momento logró doblegar para la historia del arte del siglo xx los barrotes de esa jaula en la que está confinada la experiencia, una jaula en cuyo valor da vueltas sobre sí misma y de la que cada vez es más difícil hacerla salir al decir de Breton.

Dalí salió de la jaula ¡y de qué modo!


Salvador Dalí
[ 1 ] Gabinete antropomórfico | Concebida y fundida en 1982 | Bronce con pátina café y negra | 90 x 180 x 60 cm
[ 2 ] Mujer de tiempo | Concebida en 1973 | Fundida en 1984 | Bronce con pátina verde y negra, y áreas doradas | 51 x 32.5 x 19 cm
[ 3 ] Guerrero surrealista | Concebida en 1971 | Fundida en 1984 | Bronce con pátina café y áreas doradas | 66.5 x 17 x 21.5 cm



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