EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

Antes de la llegada de los españoles la zona que hoy conocemos como San Ángel era parte de un humilde barrio mexica llamado Tenanitla. Su cercanía al pedregal –formado a raíz de la erupción del volcán Xitle– explica su etimología náhuatl: lugar cercano a la barrera de piedra.

En los últimos años del siglo XVI, Andrés de Mondragón y su esposa cedieron a los carmelitas una extensión que se integraría al convento de San Ángel en el barrio de Chimalistac. El sitio que fundaron los monjes y donde se encuentra el Museo del Carmen sigue siendo hoy un referente de visita obligado.

Los primeros pobladores españoles de Tenanitla fueron los dominicos, que en 1529 fundaron una casa de ayuda para el servicio de la parroquia de Coyoacán. El barrio debe su nombre a la fundación del Colegio dominico dedicado a San Ángelo Mártir, en las posesiones de Hernán Cortés .

PARA LLEGAR …

La relativa cercanía con la Ciudad de México, la tranquilidad y belleza natural de San Ángel lo convirtieron con el paso del tiempo en lugar preferido para un paseo dominical o descanso veraniego.


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Para llegar a este sitio el viajero debía enfrentarse a un trayecto nunca económico, casi imposible en la época de lluvias debido a los lodazales y hasta peligroso. En el siglo XIX, Ignacio Manuel Altamirano relató: En uno de los días de la semana pasada estábamos tristes, y para distraernos un poco nos propusimos viajar a San Ángel en busca de emociones, que creíamos seguras. Nos metimos en el carro, y la burra salió a andar. Íbamos impacientes en espera de lo desconocido… de repente sentimos que la burra respingaba, dimos un salto en nuestros asientos y se nos volteó el mundo… teníamos el techo del carro a nuestros pies, los bancos sobre nuestras cabezas…un grito horrible, un ruido espantoso. Apenas tuvimos tiempo de abrir los ojos… […] por fin, con la ayuda de las yerbas de la orilla de la acequia y con esfuerzos desesperados logramos salir por las ventanas, y escapamos todos chorreando agua […].

El caballo era mejor medio de transporte que las diligencias de dieciséis plazas, que partían de la Plaza Mayor y del Coliseo viejo dos veces al día rumbo al sur. A partir de 1855 se edificaron los trayectos para el que fue transporte principal: los carros de mulitas. En 1896 se abrirían varias rutas de tranvías eléctricos de la compañía Ferrocarril del Valle. Para moverse con mayor confort y velocidad fue necesario esperar las primeras décadas del siglo pasado, cuando de Tizapán salían tranvías eléctricos cada hora, de la plaza de San Jacinto, cada media; y también frente al convento. Las distintas rutas llegaban, durante la primera mitad del siglo xx, a la Estación Indianilla y al Zócalo, comenta la señora Carmen Flores de Canseco.

[…] salí de México […] atravesé rápidamente las calles, y muy en breve me hallé en la calzada de álamos que conduce a San Ángel…el panorama que presenta por todos lados ese delicioso camino de tres leguas es un álbum pintoresco que excede a toda ponderación…alfombras de verde esmeralda que circundan a México…calzadas de álamos y sauces que atraviesan por en medio de los campos de trigo y de maíz…no hay cosa más grata que vagar en una de estas calzadas, respirando la brisa suave y aromática de las flores…uno admira hasta las más insignificantes creaciones de Dios […]

MANUEL PAYNO (1810 - 1894), escritor e ilustre habitante de San Ángel

 

LUGAR DE PASEO DOMINICAL

El Río Magdalena y sus cascadas, el barrio de Loreto, el Olivar de los Padres, el Pedregal y el Cabrío, las huertas del Carmen –hoy el Centro de Historia de México CARSO – fueron lugares de la aristocracia novohispana y del México independiente para celebraciones pastoriles, danzas de cuadrillas, fiestas, cohetes y el repique de las campanas en las iglesias. En sus calles se establecieron las casonas veraniegas de las familias de abolengo virreinales como la de los marqueses de la Sierra Nevada.

La conformación geológica determinó el curso del agua y también la vida cotidiana; en sus afluentes prosperó la belleza y la bonanza de la región. El Río Magdalena, llamado así debido a una petición de Hernán Cortés, sustituyó el antiguo nombre de Atlitic <<piedra en el agua>>. En sus márgenes se establecieron molinos como el de Miraflores que después fue conocido como Loreto. Los saltos de agua, lugares de esparcimiento y convivencia, se plasmaron en populares imágenes en el siglo XIX que perviven hasta nuestros días, como La Cascada de Tizapán, retratada por Casimiro Castro en 1880, en donde los caballeros ayudan a las damas a transitar en la ribera del afluente.

La belleza de los ambientes campiranos atrajo no sólo la atención de los paisajistas, sino también la de cineastas como Antonio Moreno cuando filmó la versión sonora de Santa (1932) en Loreto. La televisión también ha acudido al barrio sureño para rodar documentales y múltiples telenovelas, y en sus calles museos, teatros y centros culturales se han asentado.



LOS PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XX

La Revolución Mexicana no pasó con tranquilidad. Hans Lenz relata que en lo que hoy se conoce como Bosque de Tlalpan encontró un ahorcado, pendía de un árbol un individuo bien vestido. En 1914, en la Fábrica de Papel Loreto, donde hoy se encuentra Museo Soumaya, se estableció el cuartel de la avanzada carrancista; a espaldas de ellos en las huertas de La Otra Banda se encontraban sus enemigos: los zapatistas.

Las mujeres tenían que refugiarse, dice Hans Lenz, de los yaquis que venían con los carrancistas. La lucha armada dejó secuelas en la comunidad, incluso en la etapa de estabilización de los primeros gobiernos posrevolucionarios. El 17 de julio de 1928 los guanajuatenses ofrecieron a su paisano Álvaro Obregón –entonces presidente de la República– un banquete en La Bombilla, restaurante ubicado en lo que fuera parte de las antiguas huertas del convento de el Carmen. El motivo de la reunión era celebrar el triunfo presidencial.



Un joven dibujante se le acercó con el pretexto de mostrarle unas caricaturas y cuando Obregón lo volteó a ver, José León Toral lo asesinó. La fotografía del Centro de Estudios de Historia de México CARSO fue tomada minutos antes del trágico suceso.

San Ángel fue parte de la provincia mexicana hasta la segunda década del siglo XX y en los años siguientes se integró completo a la urbe. El Paisaje de Loreto (1917), pintado por Auguste Löhr (1843-1919) ofrece una vista de la antigua fábrica rodeada de huertas y cultivos. Con el crecimiento de la Ciudad de México, se dejaron de escuchar a los marchantes, e incluso la procesión de la Virgen del Carmen a la Fábrica de Papel Loreto tuvo que cancelarse hacia fines de la centuria pasada debido a los intrincados problemas viales que ocasionaba sobre las avenidas Insurgentes y Revolución. Hoy, en lo que fue la Fábrica se estableció Plaza Loreto, donde se buscó ofrecer a las familias que la visitan una plaza semi-abierta, un centro comercial y a la vez cultural. Museo Soumaya, nació sanangelino y sigue honrando la memoria del barrio que permanece como importante enclave para la historia, el arte y la vida de la Ciudad de México.


[ 1 ] José María Velasco | Puente de Panzacola | c 1861 | óleo sobre lienzo | 63.3 x 81 cm
[ 2 ] August Löhr | Paisaje de Loreto | 1917 | óleo sobre lienzo
[ 3 ] Anónimo | Cascada de Loreto en el Río Magdalena | Siglo xx | Reprografía | Fondo ccxxxv | Colección del Centro de Estudios de Historia de CARSO | 16 x 12 cm
[ 4 ] Banquete ofrecido al general Álvaro Obregón en la Bombilla | c 1928 | Reprografía | Fondo ccxxxv | Colección del Centro de Estudios de Historia de CARSO | 13.5 x 16.5 cm
[ 5 ] | La cascada de Tizapán | Siglo xx | Reprografía | Fondo ccxxxv | Colección del Centro de Estudios de Historia de CARSO


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