HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

 

¡Glorioso San Juan de Dios, caritativo protector de los enfermos y desvalidos! Mientras vivisteis en la
tierra no hubo quien se apartase de vos desconsolado: el pobre halló amparo y refugio; los afligidos
consuelo y alegría; confianza los desesperados y alivio en sus penas y dolores todos los enfermos.


Oración popular a san Juan de Dios


LOS HOSPITALES DE CARIDAD EN NUEVA ESPAÑA

El padre Bernardino de Álvarez, originario de Sevilla, fundó el primer hospital para desamparados en América –nombrado entonces de san Hipólito–, el cual daría atención médica a los menos favorecidos de la sociedad colonial.

El castellano Pedro López llegó al virreinato en 1527 y fue el primer doctor en medicina graduado de la Real y Pontificia Universidad de México. Amigo del padre Álvarez y cristiano virtuoso, apoyó la construcción de la gran cadena hospitalaria –para locos, retrasados mentales “inocentes” y viajeros enfermos– que cruzaría el territorio nacional de Veracruz a Acapulco y cuya obra perduraría más de tres siglos mediante esa organización de hermanos de la caridad que entre todos formaron, señala la investigadora Josefina Muriel.

López abocó su filantropía hacia los leprosos, y en 1571 obtuvo licencia del Ayuntamiento de México y la aprobación del arzobispo Pedro Moya de Contreras, y del propio virrey Martín Enríquez de Almanza, para la construcción de un hospital donde atendería personalmente a los enfermos.

Dentro del marco estamental de la sociedad novohispana, los mestizos y las castas no tenían acceso en los comienzos del siglo XVII a los servicios de asistencia médica.

Fue por la gestión de Pedro López que las autoridades dispusieron un sitio en el barrio de la Santa Veracruz–donde había estado la casa del “peso de la harina”– para el establecimiento de la Cofradía de Nuestra Señora de los Desamparados. Muriel apunta:

Y si el doctor López atendía en su hospital a los mestizos mayores, no podía permanecer insensible ante los recién nacidos que eran tirados en los basureros, ahogados en las acequias o comidos por los perros
.


Las madres solteras, adúlteras o indigentes –que buscaban conservar su anonimato– entregaban a sus hijos al cuidado de la cofradía a través de un torno que López hizo colocar junto a la puerta principal del hospital. Además, poco antes de su muerte, el filántropo dejó 2700 pesos para el mantenimiento y cuidado del patronato en manos de su hijo José.

LA PROVINCIA DEL ESPÍRITU SANTO DE LA ORDEN DE SAN JUAN DE DIOS

La orden hospitalaria de san Juan de Dios llegó al virreinato el 18 de octubre de 1603. Convocados por el entonces virrey marqués de Montesclaros para atender el Hospital del Espíritu Santo, su activa presencia dio un nuevo sentido de caridad, cuidados y protección a los habitantes de Nueva España.


Con escritura notarial, el 25 de febrero de 1604 el oidor Pedro de Otarola hizo entrega formal a los juaninos de un hospital general para toda clase de enfermos a través del superior de la orden, fray Juan de Zequeira. Con varios mecenas para la naciente  institución, se consiguieron los recursos que el arquitecto Francisco Sáenz levantara el templo de san Juan de Dios que sustituyó la antigua capilla erigida el siglo anterior.

El nuevo hospital contó con cincuenta camas en dos grandes enfermerías; donde la planta alta sería ocupada por mujeres y la baja por hombres.

El suelo inestable del terreno –al igual que el del templo de la Santa Veracruz– requería de grandes modificaciones para evitar los deterioros que más adelante pudieran presentarse.

Para el siglo XVIII fray Francisco de Barradas dio un nuevo rostro a la iglesia a partir de las limosnas que permitieron la contratación del arquitecto Agustín Custodio Durán, quien en 1734 diseñó el pórtico conchiforme, las pilastras onduladas y las tallas escultóricas que hasta nuestros días sobreviven en este emblemático espacio del Centro Histórico de nuestra ciudad.

En 1766 un devastador incendio acabó con los retablos y objetos litúrgicos que adornaban el interior del templo. Luis González Obregón, en Las calles de México,  lo describe así:[…] En la plazoleta formada por el templo y el hospital se desarrolla toda la escena del tremendo incendio. Por la puerta principal salen las llamas y entran los frailes y gentes con cántaros llenos de agua en cada mano […] sobre nubes, está hincado de rodillas, abrazando a un San Crucifijo, San Juan de Dios, como implorando para que el Altísimo ponga fin al siniestro.

Los juaninos atendían a los enfermos del hospital, suministrando asimismo personal para los otros 27 hospitales distribuidos en Michoacán, Nueva Galicia, Guatemala, Nicaragua, Yucatán, Filipinas e islas de Barlovento. La orden decidió, para 1775, aceptar a personas adineradas en el hospital para obtener recursos que pudieran cubrir las muchas necesidades que la institución requería, sobre todo durante las graves epidemias que azotaron a la población: matlazáhuatl o fiebre hemorrágica (1736-1738) y las de tifo y viruela (1761-1762).

En 1820 la Constitución de Cádiz –por la influencia del pensamiento napoleónico en Europa– suprimió las órdenes hospitalarias cuyas propiedades pasaron a manos del Ayuntamiento. Hacia 1845 el inmueble fue convertido en Hospital General de las Hermanas de la Caridad y, casi veinte años más tarde, el emperador Maximiliano de Habsburgo lo destinó a la curación de las suripantas o mujeres de la vida pública.

Los gobiernos republicanos del siglo XIX lo volvieron hospital femenino. Sobre sus funciones en la siguiente centuria, la investigadora Ana Ortiz suscribe:

En la Revolución, fue banco de sangre (1913), hospital para niños, asilo de mendigos y dormitorio (1914), y oficinas del Diario Oficial de la Federación (1916). Un año después, el presidente Venustiano Carranza lo convirtió en depósito de la Administración General de Correos. El inmueble cerró entre 1918 y 1919 y volvió a abrir sus puertas en 1920. Seis años después se retiró de la plaza la estatua del cura Morelos para instalar en ella un mercado de flores.

El 17 de junio de 1986, el antiguo hospital se convirtió en el repositorio de los extraordinarios acervos europeo, oriental y virreinal del coleccionista alemán Franz Mayer.


LAS RENTAS CONVENTUALES DEL HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS

Como reseña don Rómulo Velasco Ceballos en su Visita y Reforma de los Hospitales de San Juan de Dios, en 1774 fray Pedro Rendón Caballero, quien supervisaba el buen funcionamiento de los hospitales novohispanos, aconsejó a los juaninos llevar un libro de Hacienda para controlar las propiedades, limosnas, obras pías, partidas de gastos y entradas.


San Juan de Dios
(Montemor-o-Novo, Portugal, 8 de marzo de 1495 – Granada, España, 8 de marzo de 1550)
João Cidade Duarte, que era su nombre de pila, fue soldado temporal en África durante su juventud. Por influencia del padre Juan de Ávila, empezó a cuidar a enfermos, pobres y desequilibrados mentales. Fundó un hospital propio para atender a los desamparados a quienes dedicaría el resto de su vida. En 1586 fue aprobada la regla de la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios. En iconografía, al santo suele representársele con el hábito café de la orden, corona de espinas, crucifijo y llevando a un mendigo.

En el fondo CCXXIX de la colección Adquisiciones Diversas del Centro de Estudios de Historia de México CARSO, un espléndido libro manuscrito da cuenta de los pormenores de las rentas e ingresos que recibía, a mediados del año 1763, el Hospital de san Juan de Dios en la Ciudad de México.

Entre los inventarios inmuebles que administraba la orden podían contarse las Casas Asesorias de los vajos de el Convento, las Asesorias de la Puerta falza, Las de la Plazuela, las Casas de San Pablo, covachas, casas y quartos que davan un balance mensual y anual de 899 pesos y 7 reales.

El texto aborda los pormenores materiales y espirituales que ocuparon la atención de la orden Hospitalaria durante la última etapa del virreinato.

Libro pertenesiente a este Convento principal de Nuestro Padre San Juan de Dios de Mexico donde se hallan con individuali/dad las Casas que posee en esta Ciudad particulares, y de vezindad viviendas de que se componen y presios en que se ar/riendan mensualmente y asu margen General lo que anual/mente estando arren/dadas todas sus piezas produzen rezivo de ellas, y sus Gastos: tomado en Mayo de 1763 de orden de Nuestro Santísimo Padre como General Fray Guillermo Gamboa. […].

Dedicados a la caridad y protección del cuerpo y del alma de la sociedad novohispana, los juaninos siguieron el ejemplo de su fundador, el santo portugués Juan de Dios.

 

El padre José de Jesús Aguilar apunta: El mártir entrega su vida, el doctor su enseñanza, el misionero su semilla, el ermitaño su soledad, el pastor su vida diaria […] Por su amor al prójimo [San Juan de Dios] fue encerrado en un manicomio. Al darse cuenta del maltrato que daban a los locos –pues para calmarlos los azotaban brutalmente–, decidió fundar un hospital para enfermos mentales donde se les ofreciera bondad y comprensión.

Hoy, el inmueble del antiguo hospital en la plaza de la Santa Veracruz, es testimonio de cuatrocientos años dedicados al amparo de los necesitados; salud y bienestar que configuraron la memoria histórica de nuestro país.







[ 1 ] y [ 3 ] Libro de rentas del Convento de San Juan de Dios | Mayo de 1763 | Libro manuscrito | Fondo ccxxix | Col. Adquisiciones Diversas

[ 2 ] Anónimo | San Juan de Dios [1490-1550] | En el reverso san Salvador de Horta | Fines del siglo xviii | Gouache sobre lámina de marfil | Medallón de ormolú | 2.7 x 2.8

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