ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

Luego de la Guerra de los treinta años (1618-1648) los reinos del Norte de Europa controlaron las rutas de intercambio. El interés por los viajes de ultramar despertó la curiosidad por conocer qué sucedía en las lejanas tierras que llamaban América.


   
La vida intelectual y cotidiana del Viejo Continente de los siglos XVI y XVII , agitada por la inauguración de nuevas rutas marítimo-comerciales, trastocada por la revolución tecnológica de la imprenta, e inspirada en Grecia y en Roma, quedan de manifiesto en una cultura portátil que se alberga, por primera ocasión, sobre el papel impreso: tránsito a la modernidad.

 

 

 

Al independizarse de España, los Países Bajos se convirtieron en la primera república burguesa que vivió un desarrollo económico, político y cultural. Durante el  siglo XVII, abrazaron también la hegemonía de la industria del libro, la cual –en opinión de la investigadora Irma Ortiz– sufrió un descalabro con res- pecto a la brillantez del siglo precedente y de los incunables, debido a la crisis económica acarreada por las guerras de religión: decayeron las ediciones de los clásicos, de los Padres de la Iglesia, de las Summas y hasta de las Biblias, por estar prohibida en los países católicos su lectura en las lenguas vernáculas.

 

En los Países Bajos, las ediciones se convirtieron amén de depositarias y difusoras del conocimiento, en un gran negocio que incluso llegó a la piratería editorial. Al mismo tiempo surgieron en Leiden las subastas al mejor postor, iniciándose así una nueva forma de comercio.

Ante la censura eclesiástica, el monopolio estatal del papel -que alcanzó sumas desorbitadas- y la importación de libros, las imprentas holandesas ya no estaban a cargo de intelectuales sino de burgueses que conseguían abaratar los costos, poniendo de moda ediciones de mala calidad por el uso de tintas con fijadores débiles, papeles corrientes, tipos defectuosos, y poco cuidado en la impresión.

Irma Ortiz afirma que los libros barrocos de lujosas encuadernaciones –en largos formatos de folio y en caracteres de grandes dimensiones y abigarrados frontispicios– provenían de mecenas reales y nobles, a cambio de dedicatorias que los adularan. No se compensó este fenómeno -de la crisis editorial del siglo XVII-  con el esplendor de las literaturas de algunos países que dieron nombres como Cervantes, Lope, Calderón y Quevedo en España, Shakespeare en Gran Bretaña y Corneille, Racine y Molière en Francia, por ejemplo.


EL GRABADO, IMAGO MUNDI


El primer libro ilustrado con grabados en cobre se publicó en Florencia en 1477. Sin embargo, durante el siglo XVI continuó la tradición del grabado en madera, y fue un siglo después cuando, a pesar de los problemas técnicos, el metal se impuso en las imprentas. El dibujo, después de haber sido calcado sobre la plancha de cobre queda grabado en hueco, y son estas incisiones las que se barnizan con tinta. Los libros estampados se imprimían en dos etapas: primero los grabados y después el texto, o al revés.

La calidad de las estampas holandesas evocaba los matices y el juego de luces y sombras derivadas de la pintura.

 
Reproducciones de óleos, edificios y esculturas o hallazgos arqueológicos, vieron la luz a fines del siglo XVII y a lo largo de todo el XVII.

Durante el siglo XVII aparecieron en el mercado los folletos informativos y las primeras publicaciones periódicas. Ante la revolución científica europea se editaron también las primeras revistas científicas, con figuras como Kepler, Galileo, Bacon o Harvey.

Mención aparte merecen las ediciones de viajes y obras topográficas, como: el Theatrum urbium de Georg Braun o la obra geográfica de Martín Séller, con más de dos mil mapas y vistas.

Una de las más bellas publicaciones con la cual se conoció el Nuevo Mundo fue sin lugar a dudas Voyagien der Spanjaarden na West-Indien (Viajes españoles a las Indias Orientales) de Antonio de Herrea y Tordesillas (1559 – 1625). Esplén- didamente ilustrado con mapas y estampas de Johanes Théodor de Bry,  la obra recrea a una América fruto de las noticias y crónicas de viajes de arrojados aventureros. El célebre grabador también participó en las obras de Jean de Léry, Hans Staden, Sebald de Weert, Jerónimo Benzoni y fray Bartolomé de las Casas.

Esta magnífica edición de 1706 de <<Pieter Vander Aa, Boekverkooper. Con privilegios>> aparece en veintidós partes y dos volúmenes encuadernada en un tomo. Recientemente incorporada al acervo del Centro de Estudios de Historia de México carso, antes perteneció al Museo de las Indias de Delft en los Países Bajos, a la Biblioteca de la Ciudad de Wichita, Kansas, en los Estados Unidos, y más tarde a la colección de don Lorenzo Porrúa.


EXTRANJERA BELLEZA

América fue una vez un continente vacío. Todos los pueblos que han pisado nuestras playas o cruzado nuestras fronteras, físicas o imaginarias, han venido de otra parte.

El espejo enterrado,Carlos Fuentes



El holandés Pieter van der Aa fue uno de los editores y geógrafos más sobresalientes del ocaso del siglo XVII y los albores del siglo ilustrado. Nacido en Leiden en 1659, murió en 1733. Publicó la extensa colección de los viajes más memorables en las Indias Orientales y Occidentales, que consta de 28 volúmenes ilustrados con estampas y más de doscientos mapas. El editor de Les delices de l'Espagne et Portugal (1707) publicó este ejemplar único en México, con una encuadernación holandesa realizada en pergamino blanco, rígido y pulimentado, que a diferencia de las lujosas ediciones italianas o francesas está sobriamente decorado y con el título escrito con tinta china en la parte superior del lomo.

Antonio de Herrera, nombrado en 1596 Cronista Mayor de Indias, de Castilla y de León, publicó entre 1601 y 1615 la Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales desde 1492. Traducida al holandés antiguo por el Escritor de Crónicas Históricas Johan Lodewyk Gottfried, su obra compila con detalle las expediciones más importantes en América:

            Christoffel Kolumbus en las Indias Occidentales; Los viajes de Americo Vespuscio; Diego Colon, gobernador de la Española (actual Haití); Juan Ponce de Leonrecorrido de La Española a San Juan y su encuentro con los boriquen en la isla taína de cangrejos, (hoy Puerto Rico); Juan Ponce de León en su viaje a la Florida; Panfilo de Narvaes, Diego Velazques, Pedrarias Davila en el Darién (Panamá), Francisco Hernandez de Cordoba, Gil Gonzales Davila en Santo Domingo y Honduras, Sebastian Gaboto en el Río de la Plata.

Las crónicas de Cristóbal Colón compiten en extensión con las de Ferdinandes Cortes Niew-Spanje en Mexico. 1518. En esta edición de las cartas de Hernán Cortés al emperador Carlos V  aparece  entre  muchos  mapas, un plano detallado de la ruta del conquistador a Las Ybueras (las Hibueras, actual Honduras), así como una zona de registro donde el cronista escribió un glosario de aquellas palabras que el europeo desconocía, así como el número de páginas donde se hallaba la referencia. Entre la centena de vocablos resaltan:
 
Cacao, una bebida, también en las Indias usada como dinero. 49
Popocatepec, una montaña de fuego. 3
Tiangues, mercado que tiene México. 46
Chapultepec, una fuente donde beben los mexicanos. 44

Este libro holandés, restaurado en el siglo XX, se suma a las crónicas de Oviedo, Gómara, Bernal Díaz del Castillo y a las del propio Antonio de Herrera en la biblioteca.


Página a página y estampa tras estampa el lector de estas historias conocía un Nuevo Mundo de extranjera belleza, diría sor Juan Inés de la Cruz. Identidad que el historiador don Edmundo O’Gorman refirió:

Se reconoce la independencia de las nuevas tierras respecto al orbis terrarum y, por lo tanto, se le concibe como una entidad distinta y separada […] se le atribuye a dicha entidad un ser específico y un nombre propio que la individualiza. Mal o bien, pero más bien que mal, ese nombre fue el de América que, de ese modo, por  fin se hizo visible.



Estampas de Jojanes Theodore de Bry (1561-1623) que ilustran el libro de Antonio de Herrera y Tordesillas. Viajes españoles a las Indias Orientales, edición de Pieter Van der Aa de 1706 de la biblioteca del Centro de Estudios de Historia de México CARSO:
[1] Portada
[2] Sobre los viajes de Américo Vespucio
[3] Viaje de Hernán Cortés a las Hibueras

* La traducción del holandés al español fue del autor de este texto.

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