ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

 

Enclavada en el mítico Chapultepec –lugar donde los Tlaloque hicieron brotar las tiernas mazorcas del maíz, – la antes conocida como Hacienda de La Hormiga fue parte, durante la era virreinal, de los terrenos de uno de los molinos más importantes del imaginario capitalino.

El gran Plano del Rancho de La Hormiga encierra los secretos de una finca familiar que, años después, sería la residencia oficial de los mandatarios de la República Mexicana. Firmado el 30 de noviembre de 1911 por el ingeniero civil Javier Vázquez y por el arquitecto G. Gorozpe, el plano muestra con detalle los 116,981.8744 m2 que confinan el terreno, en ese entonces propiedad del heredero doctor José Pablo Martínez Del Rio.

Este documento en tinta sobre papel montado pertenece al fondo DCXIII del Centro de Estudios de Historia de México CARSO, antes CONDUMEX, sección que conjunta documentos originales, libros, legajos, manuscritos, impresos, decretos, folletos, periódicos, fotografías, diapositivas y planos dan cuenta del Segundo Imperio Mexicano.

 



El 15 de diciembre de 1525 aparece la primera referencia a un molino junto al río de Tacubaya.  Las tierras sobre las que se edificó el Molino del Rey o del Salvador debieron estar reguladas por la Corona o tal vez fueron parte de la encomienda de Hernán Cortés antes de que en 1550 pasaran a manos del regidor Ruy González. Hacia el siglo XVIII fueron propiedad del VI Conde de Santiago de Calimaya y hacia fines de esa centuria pasaron como dote a manos de la familia Gómez de Cervantes. El sitio decayó y en el siglo XIX fue un solar poblado de magueyes que apenas tenía vestigios de construcciones. No obstante, el terreno fue adquirido por la familia Martínez Del Rio y durante el gobierno de Maximiliano de Habsburgo parte de él fue vendido al emperador, quien insistía en comprarlas para así ampliar el Bosque de Chapultepec. La suma se pactó en 25 mil pesos de los cuales Maximiliano sólo cubrió la mitad. Tras el colapso del imperio y después de grandes litigios, regresó a manos de José Pablo Martínez Del Rio.

En el siglo xx…

Ante el fallecimiento del ilustre doctor, la hacienda pasó en manos de Nicolás Martínez Del Rio y Pedemonte, quien hacia 1911 mandó hacer este plano donde se muestran las fronteras del predio: al norte el Camino del Molino del Rey; al sur el ferrocarril que llevaba de la capital a Cuernavaca, así como las calles de Gelatti [sic] y la Tercera de Clavijero; al este el Camino Real; y al oeste el Camino de Molineros además del Antiguo Potrero, Parque de Chapultepec.

 

Las múltiples anotaciones numéricas muy probablemente son de 1917, año en que la familia Martínez Del Rio encontró que sus terrenos se habían convertido en un bastión militar de las fuerzas carrancistas. 

El solar fue expropiado mediante un decreto del 23 de abril por el gobierno de don Venustiano Carranza, en el que se declaró que la ocupación de la Hacienda de La Hormiga era por causa de utilidad pública, quizá por su cercanía estratégica al Castillo de Chapultepec, entonces residencia presidencial. Así el primer inquilino del Rancho de La Hormiga fue el destacado militar y político chihuahuense, el general Ignacio Enríquez Siqueiros. Esta primera expropiación no duró mucho tiempo, pues el 11 de enero de 1918 Nicolás Martínez Del Rio solicitó con éxito una licencia para que se le devolviera el predio.

Fernando Muñoz Altea y Magdalena Escobosa Hass de Rangel, en su libro La Historia de la residencia oficial de Los Pinos, explican:

El 7 de mayo de 1924, el presidente Álvaro Obregón autorizó a la Secretaría de Hacienda la enajenación de los bienes nacionales que no estuvieran destinados a ningún fin público, con el objeto de apresurar la amortización de la “deuda flotante” para designar esos bienes y sacarlos a público remate. Así terminó un periodo de incertidumbres para la familia Martínez Del Rio, que por muchos años habitó esta espléndida residencia campestre de La Hormiga que tuvo por marco la tierra del milenario Bosque de Chapultepec.

Los Pinos

En el Estadio Nacional (hoy Auditorio Nacional), donde se llevó a cabo la toma de posesión del general don Lázaro Cárdenas del Río, se decretó que el Castillo de Chapultepec dejaría de ser la residencia para los mandatarios y se convertiría por disposición oficial, a partir del día 20 de noviembre de 1940 en el Museo Nacional de Historia. Cárdenas habitó el chalet de estilo inglés del Rancho de la Hormiga. Esta casa ahora lleva su nombre. El apelativo de Los Pinos guarda la historia personal de quien expropiara el petróleo mexicano y pusiera en marcha la reforma agraria. Cuando todavía era teniente del ejército revolucionario, el Tata Cárdenas conoció a Amalia Solórzano,      –quien sería su esposa tiempo después–, en una huerta llamada Los Pinos cercana a Tacámbaro, Michoacán. Como promesa de amor le dio su palabra que al ser mandatario, bautizaría con el mismo nombre a la residencia que ambos compartieran.
La Casa Miguel Alemán, edificada por aquel gobernante en 5,700 m2, fue la que acogió a nueve presidentes mexicanos hasta que Vicente Fox Quesada tomó la decisión de habitar las cabañas que Luis Echeverría había construido a un lado, y dejar la antigua residencia como parte de las oficinas presidenciales.
Con una escala 1 a 500 este plano muestra la metamorfosis de una fracción del cerro del Chapulín en el Valle de México en el que hoy habitan los dirigentes de nuestra nación.

[1] Ingeniero civil Javier Vázquez y Arquitecto G. Gorozpe | Plano del rancho de La Hormiga | 30 de noviembre de 1911 | Tinta sobre papel montado en lienzo | 108.4 x 120.5 cm

 
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