ARACELI VILLAREAL VALLÍN| DIFUSIÓN

El Corazón de Nuestro Señor fue traspasado por una lanza
para que por la herida visible veamos la invisible herida
de amor. La herida exterior del Corazón muestra la herida
de amor de su alma.

SAN BUENAVENTURA (1218-1274)

 

[1]

 

 

En el arrebato místico se conoce el amor de Dios. Fruto del sentimiento puro y noble que todo entrega. El afecto espiritual del hombre surge de la renuncia y la reflexión profunda que toca el abrazo divino. La búsqueda de esta unión intensa generó en la cosmovisión de teólogos y piadosos el símbolo que materializa el fervor íntimo: el Sagrado Corazón.

La devoción fue propagada a partir del episodio que vivió santa Margarita María Alcoque, monja visitandina del monasterio de Paray-le-Monial, en el siglo XVII escuchó los deseos de Jesús para confiarle la tarea de renovar el culto al Sagrado Corazón que existía como práctica privada en los conjuntos monacales.

Margarita describió así su segunda revelación: El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior […].

 


Pronto, esta devoción se trasladó al terreno del arte. Las imágenes alegóricas del Sagrado Corazón fueron propagadas durante la Contrarreforma. En la cosmología mexica, yoltéotl es dios en el corazón: el ideal supremo del sabio y del artista. Ambas concepciones, fundamentaron el establecimiento de la devoción y tuvieron gran influencia en la plástica barroca. El dulce consuelo para el creyente fomentó su representación en capillas, conventos, altares privados y oratorios, así como en objetos de pequeño formato.

La exposición temporal Amor hasta la locura: Arrebatos eróticos y místicos, dedica un espacio para este culto, con obras elaboradas entre los siglos XVIII y XIX, dedicadas al Sagrado Corazón de Jesús y de María, que exaltan el amor divino.

 

En la entrada, El Santísimo Corazón de Jesús, un óleo del siglo XVIII de Sylverio, enuncia una inscripción en su base: El S.S. Corazón de JESVS conforme se manifesto en una visión Celestial, adornado con eftas insignias, ala V.M. María Margarita de Alacoque de el Orden de la Visitación de la Beatifsima Virgen, María Se ha hecho esculpir en sunatural forma y grandeza, como suele ser el de el cuerpo humano.

Este autor buscó en su expresión la sencillez de la imagen y sustentó así la elevación espiritual del hombre mediante la mirada sensible del amor.

La figura teñida de rojo representa el órgano vital del cuerpo humano y de esta forma el paso de Jesús en la tierra. La corona de espinas la ciñe y la llaga recuerda el amoroso dolor. La cruz dorada hace referencia a lo divino. La composición hierática refiere al icono bizantino, la forma se rodea por una mancha púrpura a modo de aureola y dos ángeles la sostienen, ambos, motivos de la ascensión de Jesús.

En la pintura realizada por fray Miguel de Herrera, Alegoría al Sagrado Corazón, se manifiesta el Buen Dios del gótico, comprensivo y benevolente. Exhibe el núcleo vital de su hijo,  símbolo de la entrega, junto con el Espíritu Santo en un rompimiento de gloria. Lo abrazan corazones con textos dedicados a la imagen divina y  filacterias con frases bíblicas.

La estrecha relación entre el mundo espiritual y el espacio íntimo se hace evidente en la obra del novohispano  Juan  de Villegas: Alegoría al Sagrado

 

Corazón. El artista representó la Natividad de Jesús, la transubstanciación en el corazón henchido y luminoso que resguarda la Eucaristía, y la apertura de gloria, en que Dios Padre ofrece a su Hijo a la humanidad. Los ángeles llevan en sus manos símbolos pasionarios, como la lanza, los dados y la columna.

Cargado de influencia francesa, José de Páez, muestra con realismo y ternura el símbolo de amor que levita con suavidad sobre un fondo azul. Su Sagrado Corazón de Jesús está coronado por espinas y ostenta una cruz. A un lado, el atributo ineludible, la herida de la que emanan sangre y agua: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba (Juan: 7-37). El artista rodeó a la sagrada forma por ángeles y querubines, que por su alineación sugieren la figura de un espíritu mayor: el de Dios Padre.

La experiencia estética y mística del amor divino está representada en diversos objetos, como relicarios, incensarios, detentes y obras de facturas anónimas o de notables pinceles novohispanos, elaboradas en óleo, plata, cerámica, madera o marfil, todas son poseedoras de un importante flujo de significados y significantes relativos al sacrificio de Cristo.

Una joya anónima del siglo XVIII, en que el cáliz aparece como centro de los corazones, es Alegoría al Sagrado Corazón… Están nombrados con filacterias los hombres cuya devoción contribuyó a consolidar el culto por el Sagrado Corazón: El de San Ignacio de Loyola con las siglas IHS de la Compañía de Jesús rodeadas de rayos, símbolo de la expansión de la orden. El de Santa Teresa de Ávila, se conoce por el dardo con fuego de un serafín. El de san Lorenzo muestra como atributo un cuerno de la abundancia lleno de oro. El corazón alado de san Cayetano, sostiene a su vez al Sagrado Corazón de Jesús y al de María, en el que está presente la profecía del sacerdote judío Simeón en la presentación al templo, una daga de dolor atravesará tu corazón.

Juan Plazaola, en La iglesia y el arte, anotó: […] por medio de la contemplación de las obras artísticas sensibles, ascendemos a la contemplación espiritual. El arte es como un lazarillo, que nos lleva de la mano hacia Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Juan de Villegas | Alegoría del Sagrado Corazón de Jesús con la escena de la Nativida rodeada por los ángeles pasionarios y bajo la protección del Padre Eterno y El Espíritu Santo | Segunda mitad del siglo XVIII | Óleo sobre lámina de cobre | 49 x 38 cm

[2] José de Páez | Alegoría del Sagrado Corazón de Jesús rodeado por ángeles pasionarios y querubines | c 1775 | Óleo sobre lienzo | 63 x 48 cm

[3] Sylverio | Alegoría del Sagrado Corazón de Jesús según la visión de Santa Margarita María de Alcoque (1647 - 1690) | siglo XVIII | Estampa coloreada al óleo montada sobre seda | 28.5 x 21.5 cm

[4] Anónimo | Alegoría del Sagrado Corazón de Jesús, María, José, Teresa de Ávila, Lorenzo, Ignacio de Loyola y Cayetano ante un fraile franciscano y un donante con hábito carmelita | Segunda mitad del siglo XVIII | Óleo sobre tela | 80 x 56.8 cm

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