ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

A los nueve dias despues de la muerte de nuestro amado Padre, se procedió á la lectura del testamento, á la cual asistimos todas las hermanas, los cuñados y  mi  abuela.  Muchas  lágrimas

derramamos al oir las ultimas disposiciones de aquel ser tan amado que habia perdido. El testamento hablaba de una fuerte suma que mi padre nos dejaba y que estaba colocada en el Banco de Londres [...] El com/probante de esa suma se encuentra [tachado] dentro de un libro de Cheques, en uno de los cajones de mi escritorio. "Si dejo deudas que se paguen con la benta de mis libros y la benta de una de mis casas que dejo en la Capital Conociendo el buen juicio de mis hijas, les órdeno que vivan solas, y les recomiendo que se mantengan en los principios de religion y de moralidad que les he enseñado". Concluida la lectura del testamento, mi abuela se puso furiosa porque mi Padre no le habia dejado nada, y se fue de casa dejando/nos doblemente tristes [...] Luego subimos con el Notario y los albaceas al es/tudio de mi Padre [...]

Se avrió el cajon del escritorio indi/cado en el testamento; pero no se encontró nada. Lue/go se abrió otro cajon, tampoco estaba, se abrieron otro y mas otro y finalmente se llamó á un carpin/tero para saber si habia un secreto y despues de de/sarmarmado el escritorio, no se encontró lo que buscaba/mos! El estudio de mi Padre, se componia de cinco cuartos que estaban en el piso superior de la casa junto á la Azotea [...] Despues de buscar infructuosamente el libro de cheques en el Escritorio, en los cajones de las mesas, y en los Estantes, se desidió el abrir libro por libro, y visitar los legajos y demas papeles. Mas de Tres meses empleamos sin fruto en ese trabajo y lo único que encontramos, fueron al/gunas cartas en ingles, las cuales daban a mi Padre noticias sobre el Banco de Londres. Escribimos á Inglaterra para saber sinos po/dian dar alguna luz sobre ese asunto, pero nos fue contestado que si no existia en nuestro poder el Libro de Cheques el Banco no tenia ninguna responsabilidad. Asi fuimos robadas, y desapareció de nuestra casa el capital, que durante largos años de tra/bajo, habia economizado nuestro Padre para nuestra subsistencia , á su muerte.

Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón, “Capítulo III. Mi juventud, quienes fueron mis verdaderos maestros. Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCOR-2 T.1, 1859-1917, Colección del Centro de Estudios de Historia de México CARSO antes CONDUMEX.
La paleografía es autoría de quien escribió este artículo, es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las diagonales indican cambio de renglón.

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